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ÁNGELES Y DEMONIOS |
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June 26 El Rey ha muerto, ¡viva el Rey!Pero coño… ¡ha muerto Michael Jackson! Jodé, estaba zapeando y me parece escuchar en Tele 5 no sé qué de faltar al respeto a la memoria de Michael Jackson y tal y cual. Me quedo extrañado y dejo de zapear para ver de qué estaban hablando en realidad, porque como en “Sálvame” son la hostia no quería quedarme con la duda, y, dicho sea de paso, me apetecía cotillear un rato, qué coño. El caso es que sí, que el Rey del Pop la ha espichado. Me he quedado de piedra porque era noticia que estaba preparando una gira más o menos larga, aunque anuló los primeros conciertos porque estaba enfermo. Pensé que la reanudaría más adelante y que igual tendríamos la suerte de volver a verle en España, cosa que no me hubiera perdido, porque ya tuve la suerte, la inmensa suerte de verle en el 92, cuando hizo su Dangerous tour. Se ha dicho de él de todo, se le ha criticado todo, se le ha acusado de todo, pero, como yo no le conocí en persona, no puedo saber si algo de todo eso ha sido verdad, por lo que me quedo con el artista. A pesar de que hacía muchos años que no publicaba nada que mereciera la pena, creo que ha sido uno de los grandes artistas del siglo XX, es más, le coloco a la altura de otro Rey, Elvis, cada uno en su género, por supuesto. Uno de mis grandes ídolos es Fred Astaire, sí, sí, ya sé que ni os lo podíais imaginar, pero es así, puedo estar horas viéndole bailar. Era una maravilla, casi parecía que sus pies no tocaban el suelo, era casi etéreo; qué ritmo, qué agilidad, qué elegancia bailando. La putada es que todo lo que tenía de buen bailarín lo tenía de mal cantante, ¡qué voz de gato tenía el cabrón! Pero bueno, a lo que voy. El único bailarín que para mí hizo sombra al bueno de Fred, fue Michael Jackson, con la diferencia de que este, además, sabía cantar, que aunque no era Pavarotti, lo hacía bastante bien. La putada es que mucha gente se queda más con las noticias sensacionalistas que con la obra que deja, que es mucha, y gran parte de ella, buena de verdad. Pero yo paso, para mí ha sido uno de los grandes y me ha hecho pasar muchísimos buenos ratos con sus canciones y, por supuesto, con sus vídeo clips, ¿o quién no ha disfrutado viendo el vídeo de Thriller? Sin lugar a duda, hubo un antes y un después de ese vídeo, ¡pues no he hecho yo el gilipollas bailando en plan zombie! En fin, que lo siento, que es una putada que muera alguien así a pesar de haber sido un excéntrico de tres pares de cojones, le echaré de menos… musicalmente hablando, claro. En paz, no sé si descansará, pero lo que sí que supongo es que habrá alguna guerra por el tema de su herencia, que por muchas deudas que tuviera, seguro que pobre no se ha ido el tío. Lo mejor es que el de la funeraria ha trabajado menos, como ya estaba maquillado….Fin.
Fdo. Luis Gómez.
June 21 ¡Música, maestro! Continuación...Bien, me había quedado en que me jodieron el regalo de Reyes con la guitarrita los cojones… sigamos. Lo cierto es que tampoco llegó la sangre al río, sólo quedé como un desagradecido para los restos. Senté un peligroso e incómodo precedente porque cada vez que insinuaba que quería algo un poco especial, me soltaban lo mismo: “claro, como la guitarra, que está en el armario muerta de risa”, que digo yo que lo que estaría la pobre es muerta de asco, pero bueno, como no se quejaba… El caso es que pasan los años, empiezas a currar y le echas más horas que un gilipollas, etc., etc.…y acabas dejando tu ilusión guitarrera en el fondo de tu corazoncillo. De todas formas, nunca lo he tenido olvidado del todo, es una espina que ha convivido siempre conmigo. Desde aquello, cada vez que paso delante de una tienda de instrumentos musicales, me quedo mirando las guitarras desde el escaparate, como Carpanta mira el interior de un restaurante, babeando, cabizbajo… suspirando y viéndome a mí mismo con una de esas guitarras en mis manos punteando a lo Angus Young… una pena, oiga. Sabéis quién es Koldo ¿no?, pues bien, resulta que el amigo toca la guitarra y, además, tiene una eléctrica. Me lo dijo hace tiempo, creo que la primera vez que nos vimos en directo. Jodé, que envidia me dio, fue decírmelo y resurgieron los fantasmas del pasado. Y claro, el tío venga a contarme lo bien que se lo ha pasado tocando con unos colegas y bla, bla, bla… cagonlaputa… cada vez que me comenta algo es que me dan ganas de coger la guitarra española y quemarla en el salón de mis padres, joder. No, esperad, si ahora que me acuerdo se la regalé a una niña. La cosa fue curiosa. De esto hace unos años; me puse a mirar los clasificados del periódico a ver a cuanto las vendían para ver si sacaba algo por ella y recuerdo que me llamó la atención un anuncio de una chica que, echándole morro, decía en el anuncio que si alguien le quería regalar una guitarra, la aceptaba ¡nos ha jodido! Nunca ha sido más cierto el dicho ese de “quien no llora no mama”. Llamé al teléfono del anuncio, porque me hizo gracia la cosa, y se puso una niña, no sé, una adolescente, y le pregunté si era verdad lo del anuncio, me dijo que sí y quedamos. La cría no se lo podía creer, de repente tenía una guitarra nueva con una funda de puta madre. Espero que haya aprendido a tocarla… Bueno, que me disperso. El caso es que tanto darme la barrila el pesao de Koldo y, por supuesto, mi moza, me empecé a plantear el comprarme una acústica y aprender a tocarla, a ver si me quitaba la espinita de una puta vez. Como a veces soy bastante pesao, me he tirado una buena temporada dándole el coñazo a mi moza con el rollo de la guitarra, -¿ya estás con la guitarra?- jodé –respondo con carita de pena- la culpa es de Koldo, que ma picao- Y así día tras día, Dios mío, día tras día, como el amigo Rambo, vamos. Hace unos días, como tres semanas, íbamos a no sé donde y se le ocurrió a Rocío que nos pasáramos por una tienda de instrumentos que hay aquí para preguntar lo que costaba una acústica e ir haciéndonos una idea y eso, por si acaso me daba por comprármela ¡y callarme de una puta vez! El caso es que estaba como un niño al que le van a presentar a los Reyes Magos, tenía un no sé qué que no sé yo por las tripas que no veas (no, tampoco me estaba cagando esta vez). La tienda la lleva una familia. Nos atendió la mujer, muy amablemente, “hola, ¿os puedo ayudar?”, -sí- contesté como temeroso- es que le estoy dando vueltas a si comprarme o no una acústica y quería ver cuanto cuestan, pero en plan barato, para empezar a tocar- Claro, me dijo que había muchísimos tipos de guitarras y lo mismo de precios, que como no concretara más… Entonces nos comentó que quien de verdad entendía de instrumentos era su marido, que esperáramos a que nos atendiera él porque en ese momento estaba hablando por teléfono y no podía. Pasados unos minutos colgó y se dirigió a nosotros. Me miró como quien mira a un niño después de hacer una travesura y me dijo en un tono paternal: -a ver ¿qué problema tienes con la guitarra?- “pues verá, es que llevaba dándole vueltas a si comprármela o no y quería que me informaran de cual me convenía más para empezar a tocar”. Rocío, que estaba más quemada que el tubo de escape de la moto un hippy con el rollo de la guitarra, intervino en la conversación (por lo que deduzco que tendría que estar muy harta, porque suele ser muy callada y prudente, no como yo): “si es que lleva desde que era un niño con la ilusión de una guitarra eléctrica”. Jodé, me quedé estupefacto mirándola, él me miró a mí y me dice en plan fiscal dando el alegato final, “lo que te pasa es que tienes una espina clavada porque llevas toda la vida arrepintiéndote de no haberte comprado la guitarra justificándote con falsas excusas, porque si no te la has comprado es porque tú no has querido”, coño, sólo le faltó ponerme en sus rodillas y darme unos azotes. Tras unos segundos y después de digerir lo que me había soltao el amigo, afloraron mis fantasmas y me desahogué como quien desembucha tras un interrogatorio: “Es que de chaval quería la eléctrica y mis padres me regalaron una española, así que, por despecho la guardé en el armario y nunca aprendí a tocarla”, vamos, que casi me faltó ponerme a patalear en mitad de la tienda, porque según se lo iba contando notaba como la rabia se adueñaba de mí ¡estaba poseído por el espíritu de Bon Scott! Total, que va el tío y me dice tan tranquilo que para qué me voy a comprar una acústica si lo que quiero es una eléctrica, lógico ¿no?, y claro, yo intentaba justificarme con lo de que son muy caras, que hace falta un amplificador, que cómo me iba a poner a aprender a tocar a mi edad, que bla, bla, bla… aunque estaba deseando comprarla. Entonces, miré a Rocío, que es la hormiga que controla a la cigarra, y ella me miraba a mí, callada, con los labios apretados, sin parpadear y con cara de “si te compras la eléctrica es para aprender a tocarla, no para dejarla en el armario, tú verás”. El hombre se coscó de quien era cigarra y quien hormiga y se dirigió a mi moza diciéndola que no era necesario gastarse mucho dinero. Salió del mostrador y apoyando su mano en mi hombro me hizo girar situándome frente a las guitarras eléctricas preguntándome: ¿cuál te gusta? (¡jodé, y yo qué sé! -pensé para mí) , puessss… no sé, ya digo que no tengo ni idea, si por mí fuera me compraba una Fender o una Gibson, pero cuestan un riñón y no estoy por la labor. Como me veía todavía algo atocinado, el tío anduvo listo y rápidamente me dijo que no hacía falta gastarse un dineral, que por un buen precio me podía llevar hasta el amplificador. He de señalar que, según dijo eso, miró a mi moza, por algo será. Entonces, fijé mi mirada en una de color rojo y la bajó del colgador, -esta te va a gustar porque estoy seguro que te va el rock y tiene un sonido más duro que otras- me dijo mientras la enchufaba. Sin mediar palabra se puso a tocar algunos temas, no es que fuera Brian May, pero el sonido de la guitarra me encantó, pa que voy a decir lo contrario. Acabada su exhibición, cogió la guitarra y la puso sobre el mostrador, me dio precio de todo y ahí me dejó pensando. Me tiré varios minutos que si sí, que si no, que si es mucho dinero, que y si resulta que no soy capaz de aprender a tocar… total, que me dice el tío: -si no lo intentas no lo sabrá nunca y seguirás toda tu vida con esa espina clavada-. Jodé, el tío, además de hurgar en la herida, le echaba sal. Entonces, hubo un cruce de miradas entre mi moza, el sabio dependiente y yo a lo escena final de “El bueno, el feo y el malo” y… “vale, me la llevo”. Total, que salimos de allí con la guitarra, el ampli, la funda, un afinador electrónico y las clases de junio pagadas. Cuando llegué a casa estaba como un niño con zapatos nuevos, saqué la funda de la guitarra, la dejé en el sillón y me quedé mirándola ensimismado, “por fin…” A la semana siguiente empecé con las clases. No es que sea la cosa más divertida del mundo, pero voy más contento que unas castañuelas, lo que siento es que me tiene que aguantar Rocío todos los días durante el tiempo que la cojo para practicar, aunque dentro de lo malo, aún no la enchufo, como no hay nada que escuchar… Ya sabía que al principio me iban a doler los dedos de la mano derecha hasta que se me formaran los famosos callos, pero coño, lo que nadie me dijo es que me saldrían hasta ampollas, joder. Al menos, el sufrimiento ha sido variado, porque con las tres primeras cuerdas te cortas las yemas de los dedos y con las tres últimas te los desuellas. Bueno, pues, me ha costado décadas tener mi guitarra eléctrica, pero por fin lo he conseguido. Ahora es sólo cuestión de practicar, ser constante y superar la monotonía de los comienzos, que os aseguro que es un coñazo que te pex , pero bueno, merece la pena. Como premio a vuestra paciencia, os dejo esta bonita foto que ilustra perfectamente toda la entrada. Fin.
Fdo. Luis Gómez. June 12 ¡Música, maestro!“Badre del abor herboso”, los años que hace de mi primer vinilo… Y no se me olvida, era uno de esos tan apañaos de Greatest hits, de Tavares, para más señas, y me lo regalaron mis padres para mi cumpleaños, aún no sé que venada les dio. Era un grupo de los setenta que hacía música disco (no saben lo que se pierden los adolescentes de ahora), tienen muchas canciones famosísimas, buscad en You Tube, que a mí no me apetece liarme ahora a enlazar vídeos, poned un poquito de vuestra parte, majetes. El caso es que sería a mediados de los setenta, por lo que tendría unos once o doce años más o menos. En aquellos años, lo que estaba acostumbrado a escuchar era gente como Los Diablos, Roberto Carlos, Camilo Sesto, Raffaella Carrá, Albert Hammond, Georgie Dann… bueno, este último sigue aún dando la brasa todos los veranos. Estuve una temporada escuchando bastante a Elvis, tenía varias casetes del Rey, y poco a poco fui conociendo otros tipos de música. Recuerdo que un día, un amigo del barrio me puso en su casa un single de Sweet, “Fox on the run”, y aluciné en colores, tanto como cuando escuché por primera vez a Deep Purple. Aquello era la hostia. Aunque estaba comenzando a conocer varios estilos de música, cada vez que escuchaba rock sentía algo especial. Hoy día sigo igual, me gusta mucha gente diferente, pero el rock, es el rock. Unos pocos años después, en el 78 concretamente, escuché algo en la radio que me llamó poderosamente la atención, la canción se llamaba “Mustapha”, y los horteras que la cantaban eran Queen. No sé como explicaros lo que sentí la primera vez que escuché esa canción, por una parte me hacía gracia algo tan extraño y casi de broma, pero por otro lado no podía quitármela de la cabeza, el daño estaba hecho, Queen había invadido mi cerebro. También sonaba Bicycle race, del mismo disco, otra semi horterada del grupo, pero coño, cada vez que las ponían en la radio me quedaba embobado escuchando. El caso es que convencí a mi madre, después de darle el coñazo durante no sé cuanto tiempo con el rollo de la paga y tal, y me dio dinero para que me comprara el puñetero disco del grupo ese que le decía. Llegué a la tienda, en la Avda. de la Albufera, y, como no sabía como era el título de dicho disco, pues les pedí el último de Queen. La cosa era, que, como había tardado tanto en ir a comprarlo por fin, habían pasado los meses y habían sacado otro nuevo, y claro, yo, ni puta idea. Por lo que, el buen hombre, me dio lo que le pedí, solo que no era el “Jazz”, en donde venían las canciones que yo quería, sino el “Live Killers”, que era el disco del concierto correspondiente a la gira mundial que habían hecho para promocionar precisamente Jazz. El caso es que me acojonó un poco el hecho de que fuera un doble LP (qué recuerdos), pero como ponía que era de Queen, pues me quedé tan ancho. Recuerdo que llegué a mi casa, arranqué ansioso el plastificado que lo protegía (igual que hago ahora), saqué el disco nº1 y… ¡BRRROOOUUMMM… BROOOUMMMM…! empezaron a salir de los bafles del tocata de mis padres unos truenos extrañísimos y un griterío acojonante -¿pero qué coño es estoooo?- me preguntaba mirando alucinado como giraba el disco aquel. Pero mi desagradable primera sensación de haberla cagao desapareció en cuanto comenzaron a sonar los primeros acordes de “We will rock you” (en aquella época solían comenzar sus conciertos con una versión instrumentada de esa canción), me dio un subidón de adrenalina que me chorreaba por las orejas, era la primera vez que escuchaba algo en directo, estaba como hipnotizado escuchando todas aquellas canciones. En cuanto acabó el primero puse rápidamente el segundo, pero esta vez más alto… ¡¡¡mucho más alto!!! Tema tras tema se me ponía la carne de gallina y sentía una extraña tensión en todo mi cuerpo (no, no me estaba cagando); cuando terminó el segundo disco, sentí un extraño vacío, estaba agotado de tanta tensión y, sin pensarlo, corrí de nuevo a poner el primer disco. La suerte estaba echada, ese día juré amor eterno a Queen. El resto es historia… Fin. ¿Fin?... no, no, todavía no he acabado, no os vais a librar hoy tampoco del colirio, chatos. Aunque hubiera sido un buen final ¿no?. Bien, según fui creciendo mi interés por la música fue aumentando y llegó el inevitable día en que, aún temiendo una respuesta negativa, les dije a mis padres que para Reyes quería una guitarra eléctrica. -¡¡¡Tu estás tonto!!! ¿para qué quieres tú una guitarra eléctrica de esas?- (para utilizarla de remo en caso de naufragio, no te jode- les podría haber contestado, pero no me apetecía encabronarles en esa ocasión) -joé, mamá, pues para tocarla- les contesté con cara de ¿puedo, puedo, puedo, sí, sí, sí?. Y me dijeron lo que me temía que dirían: “si quieres aprender a tocar la guitarra, te compramos una española, que es como se tiene que aprender”, ¿…? -pues española no quiero, si no es la eléctrica no la quiero- les contesté enfurruñado, y no volví a tocar el tema… bueno, al menos no lo volvía a tocar claramente, porque subliminalmente hubo un huevo de comentarios. El caso es que la noche de Reyes de aquel año, entre los regalos ¡¡¡cayó la puta guitarrita española!!! Claro, la guitarra era full equipe y estaba dentro de una funda mu mona ella, por lo que de primeras, me dejé llevar por la ilusión y la abrí eufórico con la esperanza de encontrarme mi soñado objeto del deseo. La cogí como si fuera a bailar con ella agarrao, abrí la cremallera como si dentro estuviera esperando Beyoncé y… pero… pero… ¡¡¡es española!!! (la guitarra, no Beyoncé). A pesar de vernos todos los días por los espacios, lógicamente, no me conocéis. No sé si es virtud o defecto, pero el caso es que como se me ponga en los cojones algo, no hay dios que me baje de la burra. Aquella noche, y a pesar de ser muy especial para mí por que me encanta la Noche de Reyes, guardé la guitarra en la funda, la dejé sobre el sillón y les dije muy serio a mis padres: -si no es una guitarra eléctrica, nunca tocaré una guitarra- Y, claro, la cosa se lió. Sintiéndolo mucho y aun sabiendo que les iba a joder la fiesta, no pude remediar soltar aquello… (continuará). Fin.
Fdo. Luis Gómez. June 01 Tecnologías audiovisualesAyer bajé al vídeo club otra vez para coger una peli y, para variar, de las que tenía en mente no había ninguna libre, otra vez el mamón del Murphy ese… No sé si recordáis que cuando estaba Koldo en casa vimos Ultimátum a la Tierra ¿no?, que, por cierto, me costó alquilarla porque no estaba nunca libre, la puñetera; y luego pa na. Pues bien, desde el día que la vimos, no falla, cuando miro en el vídeo para ver si está, ahí me la encuentro a la muy japuta. Que no es esto lo que os iba a contar, pero es que me ha venido a la mente porque también me jode un huevo, pero desde siempre, da igual que sean dvd´s o cintas de vídeo, peli que quieres, peli que no está, coño. Jodé… qué tiempos aquellos en los que bajaba al vídeo a ver las novedades. Yo fui de los incautos que tenían Beta en lugar de VHS, aunque peor les fue a los que compraron el Vídeo 2000 aquel ¿os acordáis de ese? Si no es así, no os extrañe, porque el pobrecito duró dos suspiros. El caso es que el tema se remonta a los años 1975 y 1976, en los que se lanzaron al mercado los vídeos Beta, de Sony, y VHS, de JVC, respectivamente. El V2000 apareció en el 78, y la gran diferencia entre este y los otros dos formatos era que el 2000 funcionaba como una casete de audio, se le podía dar la vuelta, por lo que la duración de las cintas era larguísima, de hasta ocho horas. El caso es que, a pesar de poder jartarte a grabar con ellas, desapareció en 1985, el pobre. Y todos sabemos que de la guerra de formatos librada entre Beta y VHS, ganó este último. Las causas no están muy claras, pero entre otras, destaca el hecho de que JVC permitió a otras marcas fabricar vídeos VHS, por lo que bajaron de precio y, lógicamente, el consumo tiró hacia ese lado, además de ofrecer más tiempo de grabación que las cintas Beta. Jodé, qué rollo estoy soltando hoy ¿no?. Lo que yo quería contaros es lo que me jodía alquilar una peli y que no estuviera rebobinada, jodé, es que me sacaba de mis casillas. Y mira que solía haber cartelitos en los vídeo clubs pidiendo por favor que se entregaran las cintas rebobinadas; pero nada, como quien oye llover. El caso es que parece ser que era mejor rebobinarlas en tu vídeo para que así se ajustara perfectamente a sus cabezales, a saber… Hoy día da igual, porque desde finales de los 90 el dvd le fue comiendo terreno al vídeo, y no me extraña, porque la calidad de imagen y sonido que ofrece es acojonante. Lo que no quita que la gente sea igual de huevona, coño. No sé por qué, circula por ahí la leyenda urbana de que tanto los cd´s como los dvd´s son como Superman, indestructibles, lo que es ¡totalmente falso, jodé! Rara es la vez que no tengo que limpiar el dvd de turno antes de meterlo en mi aparato... quiero decir, en mi reproductor… osea ¡en mi reproductor de dvd´s, coño! El caso es que con el bulo ese de que son eternos la gente los debe usar hasta de posavasos, porque si no, no me explico cómo pueden estar algunos tan rallados y pegajosos, jodé, que es que hasta da asco tocarlos. Pero lo malo no es eso, lo malo es que la mierda va pasando al láser y termina por joderlo. De todas formas, quien es descuidado, supongo que lo será para todo. Me gustaría que vierais mis viejos vinilos, bueno, y a mí, porque desde que me abdujo el cd no he vuelto a tocar uno, de hecho se los di todos a mi cuñao, y eran unos cuantos, no creáis. El caso es que los tenía de lujo. No sé de que año será el más antiguo, pero deber ser del 75 más o menos y os aseguro que se podía uno peinar mirándose en él. Recuerdo que me llevaba horas el mantenimiento, me sentaba en la cama, cogía mi carísimo cepillo de no sé que fibras de carbono que además de limpiar eliminaba la electricidad estática, y dale que te pego, uno tras otro, sin prisas… ¡hasta los cojones, vamos! Pero merecía la pena, apenas recuerdo alguno rallado, e incluso, si no era muy grave, lo arreglaba de la forma típica, ya sabéis, poniendo una moneda sobre la aguja del tocata. Jodé, me estoy acordando de cuando salió el sonido cuadrafónico aquel, que en realidad vio la luz en los albores de la década de los 70 (qué potita frase, ains), lo que pasa es que aquí llegó algo más tarde, como todo. Parece ser que la cosa no cuajó porque los humanos tendemos a tener dos oídos, y claro, como resulta que el invento este ofrecía cuatro canales de audio y no dos, como el estéreo, pues la gente decía que no aprovechaban todas las prestaciones que ofrecía. Me gustaría ver ahora a todos aquellos que rechazaron el invento con los nuevos sistemas de sonido actuales; a fin de cuentas, fue el precursor del sonido envolvente que tan acojonante nos parece ahora ¿no? porque hay que reconocer que es la hostia en verso, se tira un pedo Tom Cruise y se te mueven los visillos. Y como la ciencia avanza que es una barbaridad, que dijo aquel, pues a los pobres vinilos les dieron por el agujerito y el cd se hizo con el mercado. He de reconocer que, al principio, no le hice mucho caso y tardé un poco en claudicar y reconocer que la calidad de sonido y la facilidad de conservación que ofrecen es impresionante, aunque hay muchos viejos vinilos que se escuchan mejor, ojo. Lo que me hace volver al tema de lo zafia que es la gente en general. Sí, ya sé que en una entrada anterior dije que me jodía vivo que me plantaran los dedazos en un cd, pero es que me gusta repetirme ¿pasa algo?. Cada vez que monto en el coche de alguien y veo como lleva los cd´s, os doy mi palabra que me dan ganas de tirárselos por la ventanilla, coño. Pero bueno, no voy a seguir con el tema que a estas alturas de entrada ya estaréis buscando el colirio. ¿Y lo normal que vemos ahora ir escuchando música por la calle, qué? Mi primer (y único) walkman, me lo regalaron mis padres en un cumpleaños, no recuerdo en cual, pero supongo que sería en los primeros años 80. El caso es que el artilugio era un mazacote cuadrado que te cagas, y además pesaba, cada vez que me lo colgaba del cinturón parecía un fan del hip-hop. ¡Pues no molaba yo con mi walkman y mis gafas de espejo en la playa! Y no, no lo llevaba en el bañador cuan paquete de tabaco, sólo lo usaba cuando estaba sentadito bajo la sombrilla, que os veo venir. El caso es que los walkman invadieron las calles e íbamos todos cabeceando por ahí sin importarnos el ruido del tráfico o del metro, subías el volumen y, hala, transportado a tu particular paraíso musical. La putada era para el que estaba a tu lado, con ese “chssss…kssss…chsss…” saliendo de los auriculares, que parecía que estábamos todos escuchando un solo de platillos. Algunos años después llegó el discman, de Sony, al igual que el anterior, que aunque el sonido era acojonante, dado que reproducía cd´s, tenía la pega de que de vez en cuando saltaba la canción al hacer movimientos algo bruscos, aunque fue sólo al principio. Y sin darnos apenas cuenta, aparecieron los primeros Mp-3 y más tarde los Mp-4. Lo que no sé es si se llegará al Mp-5 o saltarán directamente al Mp-6, más que nada para evitar pareados incómodos. Estamos acostumbrados, pero, pensadlo fríamente por un momento, en un aparatito que ocupa más o menos la cuarta parte de un paquete de tabaco, podemos ver vídeos musicales… alucina, vecina. Y si ya nos metemos en el mundo del iPod… En 1983, el amo y señor de Motorola, hizo una llamada telefónica a su “rival” de Ericsson en la que, más o menos, le dijo lo siguiente: ¿sabes desde dónde te estoy llamando? -no- le respondió (supongo que algo mosca), -desde la calle, pero no estoy en una cabina-. Aunque es una versión libre, es totalmente cierto que esta llamada existió. Acababa de nacer el teléfono móvil, aunque los primeros casi te dejaban inmóvil de lo que pesaban, casi un kilo, ahí es na. Como se suele decir, si mi padre levantara la cabeza y se topara de golpe con los teléfonos que hay hoy día, se le salían los ojos de las órbitas, aunque eso sí, pasado el primer shock iría a la tienda más cercana para comprarse el más pijotero, como si lo viera; no puedo negar que he salido a él. Es como lo del iPod, que te paras a pensarlo y te das cuenta de lo rápido que avanza todo. Aunque esto del móvil, también tiene sus contras. Si hace unos años te ibas por ahí de vacaciones, hacías la llamadita pertinente al llegar y se acabó lo que se daba, si acaso, escribías una postal de aquellas de “¿qué tal estáis?, por aquí todos bien”, y eso si la cosa iba para largo. Ahora estamos siempre localizables, cosa que no me gusta un pelo. Normalmente, casi todo el mundo me echa en cara que casi siempre tengo el móvil apagado, que no hay forma de localizarme, que no saben para qué lo tengo, y claro, teniendo en cuenta lo borde que soy, se suelen llevar una típica respuesta mía: “con MI móvil hago lo que quiero” o “si lo llevo apagado es precisamente para no tener que hablar con nadie”, y también es frecuente que diga lo de: “si estoy en casa ¿para qué quiero el móvil?”, en fin, en mi línea. Otra cosa que no me gusta de los móviles es que crean adicción, ahora parece que si sales a la calle sin él te falta algo; seguro que salgo más tranquilo sin pantalones que sin móvil, jodé, “¡hostia, Luis, se te ve el culo!, -sí, bueno, pero me pueden llamar para decírmelo-. Pero de las cosas que más me llaman la atención es Internet. El chorreo de información que tenemos a nuestra disposición es prácticamente infinito. Tan pronto puedes estar hablando por videoconferencia con un tío en Japón (que no sé pa qué, si no hablo japonés) o ver en el acto el tiempo que hace en Australia (cosa muy útil para un importador de canguros, digo yo). Fuera de coñas, es absolutamente maravilloso acceder a tanta información sin tener que moverte de tu casa. Es cierto que hay mucha gente que se ha creado una dependencia tal que no levanta el culo del asiento, pero, al Cesar lo que es del Cesar, nunca el ser humano ha tenido tanto conocimiento al alcance de la mano. Y para terminar, y retomando el tema de las ventosidades de Mr. Cruise, recuerdo que hace unos años, poquitos, no sé exactamente, hicieron como una especie de experimento creando un sistema de películas con olor, sí, sí, habéis leído bien. La cosa consistía en que, cuando entrabas en el cine, te daban una especie de… llamémoslo, artefacto, con una serie de botones o teclas. Pues bien, resulta que, en determinados momentos de la película aparecía en la pantalla una señal que te indicaba qué botón tenías que apretar, lo hacías y ponías el hocico pegado a la caja esa para así, oliendo el aroma elegido, poder involucrarte más en la escena, dado que el olor en cuestión tenía algo que ver con el decorado que en ese momento se veía en la peli ¡la leche! Aquello no cuajó, claro, por mucho que te guste un actor a nadie le apetece olerle los sobacos después de una escena de acción. Pues eso, majetes, que a pesar de que a veces somos malotes, somos capaces de hacer cosas extraordinarias (la Veneno, esa sí que es extra ordinaria), aunque… ahora que pienso (me pasa a veces), por culpa de los e-mail, nos llamamos menos por teléfono y por culpa del teléfono, dejamos de escribir cartas y… jodé, cada día nos comunicamos menos. Fin.
Fdo. Luis Gómez. May 24 Semana con huéspedHola, mis fermosos ciber amigos. No es que haya estado fuera, lo que pasa es que esta semana ha estado en casa nuestro amiguete Koldo y no era plan de ponerme a escribir en el ordenador ¿no?. La cosa de que viniera a Madrid empezó porque actuaba Gary Moore y, pensando que le interesaría, le envié un correo para ver si le sacaba entrada o no. El caso es que se apuntó al concierto y aprovechando la ocasión pues se quedó unos días aquí. Tampoco hemos hecho nada especial, no creáis, y aunque supongo que os interesará una mierda, os lo cuento de todas formas, que para eso tengo un blog. Uno de los días decidimos ir a Segóbriga, en Cuenca, donde hay unos restos arqueológicos romanos que pintaban bastante bien. Como es costumbre en nosotros, que somos unos perezosos de tres pares de cojones, llegamos allí a las tantas, no sé, sobre la una más o menos; con la fresca, vamos, que como casi no ha hecho calor estos días no os quiero contar la sudada que nos metimos, jodé. Como os podéis imaginar el paisaje de Cuenca no es precisamente el de Los Picos de Europa, por algo es lo de “ancha es Castilla”, así que nos tocó patear la llanura hasta llegar a las ruinas con el “Lorenzo” tostándonos los cogotes a base de bien; ahora comprendo lo que siente una lasaña bajo el grill… Bien, el caso es que entre las susodichas ruinas se encuentran un teatro, un anfiteatro y restos de lo que era la ciudad; que si una basílica, un templo, unas termas… lo que viene siendo una “tipical romanus city”. El teatro y el anfiteatro están bastante bien conservados, mejor dicho, se ve claramente cómo eran; pero el resto, pues qué queréis que os diga, con mucha imaginación… y además, después de haber estado en Roma me parecían cascotes mal alineados, pero bueno. El caso es que estuvimos bajo el sol no sé cuanto tiempo, unas tres horas, más o menos, que con la insolación que debía llevar me pareció ver al Gladiator ese repartiendo hostias por ahí. Dicen que “mal de muchos, consuelo de tontos”; y es verdad, porque cuando nos sentamos a la sombra a trapiñarnos los bocatas llegó un autocar con una jauría de adolescentes feromónicos a visitar el lugar. Desde luego, los profesores son santos, coño, yo sería incapaz de soportar a tanto “pavo” suelto. Nada más bajarse del autocar ya la estaban liando, el uno que quiere mear en un árbol del parking, el otro que le da una colleja al de más allá, dos o tres chicas aguantando las chorradas de los dos salidos de turno, la parejita que se da un pico a escondidas y los colegas que les jalean como en un encierro… en fin, adolescentes. El día del concierto fue de lo más tranquilo, no queríamos salir por ahí porque a las ocho y media empezaba el amigo Gary a darle a la guitarra y queríamos estar al cien por cien para disfrutar a tope. Menos mal que lo hicimos así, porque si llegamos a estar cansados, me duermo ¡qué coñazo de concierto! Con las ganas que tenía de verle, jodé. Yo creo que nunca he salido bostezando de un concierto, la gente a la que he ido a ver me ha podido gustar más o menos, pero de ahí a estar deseando que terminara, no me ha pasado nunca. Para que os hagáis una idea, tengo diecisiete cd´s del pollo en cuestión, por lo que está claro que me gusta, y mucho; pero coño, es que el tío se hizo un concierto para él mismo, no puede negar que le encanta escucharse. Está más que demostrado que es un grandísimo guitarrista, ¡pero no hace falta que en cada canción te marques unos solos de quince minutos, joder! y además eran como una especie de bucle sin fin, p´arriba, p´abajo, y vuelta a empezar con lo mismo… que yo creo que se le olvidaba cómo terminaban las canciones y mientras se acordaba improvisaba, porque no es normal. Yo miraba a Rocío y pensaba, “en la siguiente canción se levanta y se va”, jajajajaa… y yo no lo hice por vergüenza, y porque estaba Koldo con nosotros, que él sí que disfrutó bastante del concierto, supongo que porque toca la guitarra y lo vive más, aunque nos reconoció que se pasó bastante con los solos. Una pena, oiga, una pena, porque además, yo tengo algún concierto de él en dvd de hace algunos años y antes no era tan divo, será que está empezando a chochear, como ya es talludito… El viernes fuimos al Zoo. En principio, Koldo no estaba muy convencido por aquello de que no le gusta ver a los animales enjaulados y tal, pero al final le convencimos y le encantó. No sé si habréis estado en el de Madrid, pero la verdad es que está muy bien, y como este año ha llovido mucho pues los árboles están preciosos, todo el recinto en general. Mi moza y yo hemos estado tres o cuatro veces y nunca habíamos conseguido ver al oso panda de los cojones, pero esta vez ¡le hemos visto! Es una monada, cuesta creer que es un animal salvaje. Pero el Zoo no es sólo el oso panda, la variedad de animales que hay es acojonante, y además está muy bien organizado porque está dividido en continentes, por lo que te das cuenta de lo diferente que es la fauna en cada uno. Eché mucho en falta los elefantes africanos, que ahora, no sé por qué, no hay, y es una pena porque son impresionantes. Lo que me encantó fue ver una cría de rinoceronte, que la jodía es fea como su puta madre, pero era graciosísima, no se separaba de ella ni un segundo. Y, bueno, a grandes rasgos, poco más hicimos. Alguna vuelta por aquí para terminar en una terracita, alquilamos un par de pelis (no veáis Ultimátum a La Tierra, es un coñazo), lo normal. Ah, bueno, como la semana que viene son las fiestas de San Fernando, han montado ya la feria. Íbamos a bajar el viernes por la noche, pero como cayó el tormentón ese, pues lo dejamos estar. Jodé, qué manera de llover; la putada fue que le pilló a todo el mundo en la calle ¡cómo corrían, parecía una estampida de sanfernandinos! Pos ala, ya os he dado el coñazo un rato ¿contentos? He puesto unas fotos en un álbum para vuestro deleite… y para que me la liéis con vuestros comentarios. Fin.
Fdo. Luis Gómez. |
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