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    October 06

    Más cortos...

    ¿Qué hay de nuevo, viejo?, que decía Bugs Bunny… Estaba a punto de coger mi guitarra para machacar de nuevo los oídos de mi moza, cuando me he dicho pa mi mimmo, “no, mejor escribo algo en el blog, que me duelen menos los dedos”, y en ello estoy, oye.

     

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    Pues eso, que ahí sigo dándole a las seis cuerdas. Tengo que deciros que es más difícil de lo que yo pensaba. Que, por cierto, no sabéis lo que me toca los cojones la panda resabiaos de turno, sí, sí, los de: “en cuatro meses estás tocando”, ¡¡¡y una polla!!! cuatro meses después de haber empezado las clases, lo único que sigo tocando son los cojones con tanto gling, glang, glong…

    Y es que son multitud de cosas diferentes, y todas a la vez. Me recuerda a cuando aprendí a conducir, que parecía imposible dominar el volante a la vez que controlabas los espejos retrovisores mientras pisabas el embrague después de soltar el acelerador y meter la marcha adecuada… que dicho así, de carrerilla, me parece mentira conducir tan tranquilo.

    Con la guitarra pasa lo mismo, tengo que poner los dedos de la mano izquierda en la posición correcta sobre las cuerdas, en el mástil, de forma que no distorsione al golpearlas con la mano derecha, teniendo en cuenta el número exacto de estas que tiene cada acorde para que suene como tiene que sonar, pero como sólo tengo dos ojos, no puedo mirar a la vez las dos manos, a no ser que sea “el Dioni” o Fernando Trueba. Y si pretendo canturrear alguna canción, la cosa se complica, porque parece ser que mi neurona se centra en sólo una de las dos  acciones, o tocar, o cantar, si se le puede llamar cantar a lo que hago, claro.

    No creáis que me estoy desanimando, no, lo que pasa es que es muy, muy pesado aprender, porque, claro, lo que quiero es saber tocar de verdad, no aprenderme unos acordes para cantar horteradas sentado junto a una hoguera. Tampoco pretendo ser Brian May, pero vaya, sí aspiro a saber tocar todo tipo de música.

    Aunque hay momentos en los que me desespero, he de confesaros que día a día noto los progresos, lo que hace que me incentive más aún, incluso dosifico las sesiones para no “engancharme” a la guitarra, porque practicaría  bastante más de lo que lo hago, pero es que no quiero estar todo el día dándole, porque al final pasa como con Internet, que sin darte cuenta te pasas las horas muertas delante de la pantalla.

    Y hablando de Internet, hay una página acojonante en la que dispones de un montón de canciones, bueno, sólo la música base, para que toques a la vez la guitarra, con lo que, además de practicar lo pasas que te pex.

    Lo dicho, que en ello estoy. Quien sabe, igual un día me grabo un vídeo y lo planto en el blog para deleitaros con mi arte…

     

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     ¡¡¡La cara de gilipollas que se le ha quedado al pobre Gallardón con lo de las Olimpiadas!!! Os digo yo que no vuelve a escuchar una samba en su puta vida. Bueno y, ¿ahora qué? ¿le echará dos cojones y se presentará para 2020 o dejara por fin de abrir Madrid en canal?

    Si os digo la verdad, me hubiera gustado tener aquí unas Olimpiadas, no sé, creo que le viene bien a la ciudad organizadora en muchos sentidos, publicidad a nivel mundial, infraestructuras, posibles inversiones extranjeras… pero bueno, quizá algún día se celebren aquí, sólo los dioses del Olimpo lo saben...

     

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     Muchas veces he tenido que escuchar, o leer, lo de: “es que los de ciudad…”, qué pasa con los de ciudad, ¿algún problema? Que si no sabemos comer, que si respiramos humo, que si no disfrutamos de la vida, que si todo el día corriendo, que si no conocemos ni a nuestros vecinos… Sí, vale, pero ¿y la vida en los pueblos, qué?.

    Como decía María Ostiz en su canción: “un pueblo es abrir una ventana en la mañana y respirar, la sonrisa del aire en cada esquina y trabajar, y trabajar…” pues qué divertido, coño. Efectivamente, abres la ventana y respiras… ¡¡¡un tufo a mierda de vaca que tira de espaldas, no te jode la otra!!! Y qué pasa, ¿qué en las ciudades no se trabaja, o qué? Eso sí, lo que debe ser maravilloso es que te conozca tol mundo, que como te tires un pedo por la calle lo sabe todo el pueblo a los diez minutos. Qué queréis que os diga, me quedo con el anonimato de la urbe. Y luego lo de los motes, no hay autóctono de pueblo que se precie sin un mote, que en muchas ocasiones es heredado, si tu abuelo era “el calandracas”, el nieto será “el nieto del calandracas” o “el calandraquito” que es mucho peor porque ya es un mote personalizado. “Es que, la tranquilidad con la que se vive en los pueblos…” ¡¡¡nos ha jodido, porque es sota, caballo y rey!!!, al final no te queda más huevos que ir siempre a los mismos sitios porque no hay más. En una ciudad tienes infinidad de todo, desde cines a restaurantes, y ya no digo la oferta comercial que hay, encuentras prácticamente de todo. Y esa ostentación que hay en los pueblos… como “el Rufino” se compre el Range Rover, “el Tomasín”, el de “los calandracas”, no duerme hasta que se pueda comprar otro, y con remolque si “pué se”.  Lo que no sé es por qué se quejan tanto algunos de los programas de cotilleo, a fin de cuentas es lo que se lleva haciendo hace siglos en los pueblos. No hay pueblo que se precie sin sus viejas sentadas en la puerta de casa “fichando” y desguazando a todo el que se ponga a tiro.

    Pero lo mejor lo reservan para las fiestas, que no pueden ser más bestias porque irían a la cárcel, coño. Por supuesto, los del pueblo de al lado no les van a superar, si sus fuegos artificiales (también llamados “la pólvora” en muchos sitios) han sido espectaculares, ya están maquinando para ver si pueden agenciarse explosivo plástico para superarles, que como no sean los mejores es un deshonor de la hostia. Y como se le ocurra a uno del pueblo de “al lao” aparecer por las fiestas y acercarse a las mozas… ojo, que como no esté al quite la Benemérita, linchan al pobre “forastero”, porque en los pueblos, quien no es de allí es “el forastero”, como en las pelis del oeste pero más cañí.

    Eso sí, cuando hay que reivindicar o protestar por algo, donde va todo el mundo a dar por el culo es a las ciudades, que para ir a joder a los urbanitas nadie pone pegas, ¡¡¡cagonlaputa!!!

    En fin, que con todos sus defectos, que los tiene, me quedo con la ciudad. Aunque, lógicamente, cada cual tira para su patria chica… Joder, ahora que me doy cuenta… ya no vivo en Madrid, ¡¡¡vivo en un pueblo!!!. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.