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December 18 ¡¡¡Se armó el Belén!!!
AVISO A LOS LECTORES: esta entrada es larga de cojones, pero, aunque no lo creáis, he intentado comprimirla al máximo… bueno, al máximo, máximo… Bueno mira, que si os cansáis la leéis por partes, no te jode. Po zí, como suelen decir siempre las madres… “cómo pasa el tiempo, hace nada estábamos de vacaciones y ya estamos en Navidad”. Y que razón tienen, hace nada estaba yo admirando mi escultural cuerpo en bañador y ahora sólo me veo los ojos de lo tapado que voy, y es que hace un frío que pela. No hay duda, todo indica que ¡¡¡se acerca la Navidad!!! Este año ha sido “demasiao”, nos han empezado a meter la Navidad por los ojos a finales de noviembre encendiendo la parafernalia lumínica en Madrid, con lo que mi mami ha comenzado antes a preguntar eso de “¿y qué cenamos en Nochebuena?” ¡¡¡Diosss, todos los años igual para luego cenar lo mismo!!!” Como decía, en las calles comienza a sentirse ese tufillo a Navidad, cuando entras en cualquier comercio, en lugar de escuchar a Bisbal escuchas esos tiernos villancicos (que por cierto, que nombre más extraño tienen), bueno, tiernos, no sé, pero incomprensibles… un rato. Por ejemplo: “pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira como beben por ver al Dios nacido, beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer”. Amo a vé, supongo que el autor de esta chorrada era de secano, ¡¡¡que aunque parezca que están bebiendo lo que hacen es respirar, señor mío!!! Y claro, el tío, como ve que no paran de abrir la boca, insiste con que beben y beben… pero lo peor de todo es que no se decide y no sabe si ha nacido o va a nacer el niño Dios, ¡¡¡de traca!!! Sigamos… “la Virgen se está peinando entre cortina y cortina, los cabellos son de oro y el peine de plata fina”. Yo no sé qué fumarían en esa época, pero este tío flipaba de lo lindo, ¿pero esta buena mujer no parió en un establo con un buey y un asno echándole el aliento, coño? ¿de dónde iba a sacar tiempo para peinarse? No voy a ponerme a analizar cada villancico porque tendría que hacer una entrada a parte, pero no puedo dejar en el olvido la estrofa RACISTA del conocido “En el portal de Belén”, al lorito… “en el portal de Belén gitanillos han entrado, y al Niñito de María los pañales le han robado” … sin comentarios. Pero el rollito oficial del espíritu navideño este, comienza el día 22 de diciembre, con el sorteo de Navidad. La gente es que se vuelve loca con el puto sorteo, si al final es casi el que menos toca, porque juega tanta gente que los premios están repartidísimos. Yo no suelo jugar nunca a la lotería, pero es que en este sorteo estás “apañao”, te ofrecen lotería por todas partes, y claro, aunque pienses que no te va a tocar, no puedes evitar pensar que como toque el número que no has cogido se te va a quedar cara de tonto “pa” los restos. Total, que te ves con un puñado de números, que no de décimos, porque llevas cinco euros del frutero, uno de la peluquería, aparecen por ahí papeletas de diez céntimos de no sé que hostias de una peña o algo parecido… así que al final llevas cuatro o cinco décimos de verdad, que son los que no te van a tocar, claro, en este sentido Murphy es muy claro, si te tocara el gordo, este será en el número donde menos juegues… Lo que no se puede evitar es escuchar el sorteo allá donde estés, “sesenta y cincomildoscieeennntooos cuarenta y cuaaatrooooo… miiiil euuurooooosss…” ¡¡¡coño, que raro me sigue sonando lo de los euros!!! aunque la musiquilla me sigue encantando, es como el comienzo oficial de la Navidad. Es alucinante cómo el salón donde se celebra el sorteo se pone hasta las trancas, se hacen colas de horas en las puertas para poder escuchar en directo a esos niños repitiendo hasta la saciedad lo mismo, porque ver un ratito está bien, pero ¡¡¡horas allí metido!!! Y anda que son salerosos los tíos de la mesa, lo dicen todo con una desgana… ni que llevaran años haciendo lo mismo, jajajaaa. ¿Y qué me decís de los locutores que retransmiten el sorteo? Desde luego los que escriben el guión son unos craks, en mi puta vida he escuchado tanta estadística absurda, bueno sí, cuando retransmiten fútbol. Pero lo mejor de todo es cuando acaba el sorteo y comienzan a salir por la tele todos los afortunados… esto es de análisis. Para empezar, da igual desde qué ciudad sea la retransmisión, la visión es la misma, un puñado de gente dando saltos y chillando como un chimpancé, con el décimo premiado en una mano y el vaso de plástico en la otra, buscando la cámara con cara de enajenado y los ojos desorbitados, abrazándose unos a otros como si se conocieran de toda la vida y, dicho sea de paso, haciendo una publicidad que te cagas a la administración, ¡¡¡LO ODIO!!! Reconozco que me corroe la envidia… ¿por qué a ellos y no a mí, coño? y, por supuesto, la frase estrella del día… “bueno, lo importante es que haya salud”… El caso es que ya, para esas fechas, estamos metidos de lleno en las fiestas navideñas, y muchos ya hemos pasado el trago de la “cena del trabajo”. No es que os importe, pero he trabajado en seis o siete empresas y he vivido varias de esas cenas, da igual en que sector o que tipo de empresa sea, SIEMPRE ES IGUAL. Cuando la noticia, con fecha, lugar y hora sale a la luz, todos gruñimos y farfullamos porque, sea cuando sea, siempre nos viene mal ese día y nos entra de repente un brote de responsabilidad que es la hostia “jodé, con la de cosas que tenemos que hacer y tenemos que ir a perder el tiempo y a aguantar las gilipolleces de siempre”, pero seguro que si fuera opcional y los que no quisieran ir se pudieran ir a su casa… “pos mira, mejor, pa lo que hay que hacer…” Pero según se va acercando la hora, te entra ese espíritu festivo-arpía por todo el cuerpo y estás deseando ver los modelitos que se pone la gente, que hay quien se cree que va a compartir mesa con los reyes, coño. La cosa comienza algo fría, pero según se van sirviendo copas de vino, comienza a subir el tono de voz, porque siempre nos empeñamos en hablar con el que está en la otra punta de la mesa, y si no, da igual, tu gilipollez se tiene que oír más que las demás. Los barandas, se creen que conectan con la plebe y bromean como el que más, con la diferencia que, cuando estás riendo su “chascarrillo”, tu voz en off está pensando… “pero qué gilipollas eres” (o cosas mucho peores). Y entre broma y broma, se sueltan verdades como puños, pero con el alcohol que flota en el ambiente, todo el mundo se escojona sin pensar en las consecuencias en frío. Luego está el metepatas que hace algún comentario sexista de alguna compañera… el que se coge un pedo del quince… el que se coge quince pedos… el que apenas dice nada… el lameculos que se sienta junto a los jefes… en fin, la vida misma, pero comprimida en una mesa. Pero al final sueles pasarlo bien y te sirve como anecdotario para cuando entra uno nuevo a trabajar. Y como estas fiestas son antidieta, al poco tiempo llega la primera cenita familiar, la Nochebuena. Puaaggg… os juro que cada vez lo llevo peor, ¡¡¡qué coñazo!!!, mi madre y mi suegra dando la vara con “qué vamos a cenar”, Rocío y yo, que no pintamos ná y cenamos donde el resto dispone, es decir, con mi madre o con sus padres, vamos, que si pudiera me elegía la “o”. El caso es que tragamos para no liarla y claro, cenamos en “familia”. Cuando era un niño, me gustaba aquello de las cenas navideñas, porque claro, estaban también mis tíos, mis primas, todos mis hermanos… la juerga estaba asegurada. Pero ahora tienen la misma marcha que una partida de ajedrez, cada uno está por su lado y al final somos cuatro gatos. ¿Y que tienen los padres que sienten absoluta devoción por los mierdaprogramas de esas noches? Joooder, si es que son para jubilados, y llevan décadas saliendo los mismos, Manolo Escobar, Raphael, la Panto, algún mago, un número circense, un tío que lo anuncian como la hostia en todo el mundo, pero que no le conoce ni su puta madre… y todo ello amenizado por el maestro de ceremonias Ramón García. Aunque menos mal que ya no sale el José Luis Moreno… “con esa fuerza, con esa gracia…” . ¿Y el mensaje del Rey? ¡¡¡Coño, pero si es que hasta a Él se le cierran los ojos!!! AÑOS, AÑOS LLEVA LEYENDO LO MISMO, lo único es que le cambian de orden los párrafos del discurso. Pero lo mejor de todo es que los padres le escuchan atentos, mejor dicho, le oyen, porque si les preguntas “qué ha dicho”, … silencio… Y la Nochebuena va pasando, con esa mesa que harta sólo de verla, ¿confundirán las madres Nochebuena con Última Cena, joder? ¡¡¡Pero si es que te tiras dos días comiendo restos de esa noche!!! Y las bandejitas de turrón ¿qué?, tú no haces más que sacarla para todo el mundo que va a tu casa ¡¡¡y no se acaba nunca!!! Si es que acaba uno de turrón y peladillas (ojo esos mal pensados) hasta las trancas. Y sin pena ni gloria, pasan unos días y nos plantamos en Nochevieja. En esencia es más o menos lo mismo que la Nochebuena, pero tiene ese no sé qué especial por aquello de que termina un año y comienza otro. Y, por supuesto, esta noche tiene también una parrilla televisiva que acojonaría al mismísimo Rambo. No falta el resumen de lo que ha sido el año, que más bien parece la estadística de una funeraria o de las urgencias de un hospital, coño, si es que no sale nada bueno ni aunque se lo inventen. Luego el giliprograma correspondiente de esa noche, igual de atractivo que el de Nochebuena, con sus estrellas sexagenarias, como debe ser. Y cuando ya hace muuucho rato que no mira la tele ni el Tato, cuando estamos ya con la campanilla horizontal de tanto beber y comer, una especie de histeria colectiva invade a todos los comensales, “uuuuh, pero si son menos veinte, ¡¡¡vamos a por las uvas!!! Las uvas… puaaaagggg… también es mala suerte, ya se podría hacer con gajos de mandarina, coño. Como me dan tanto asco, me aparto mis doce correspondientes y, pacientemente, las pelo y quito los pipos de los cojones, y eso sí, al final de tan delicada operación siguen pareciendo uvas. El caso es que se va acercando el momento y siempre hay alguien que dice con sumo interés, “a ver cual es el último anuncio”, jodé, cuando era mozuelo tenía cierto interés, pero ahora… ¡¡¡será que no ponen anuncios en la tele!!! Como el de Freixenet… ¿habrá alguien, aparte del señor Freixenet, que le importe el anuncio un huevo a estas alturas? Bueno, bueno, que me disperso. Llega el momento estelar de la noche, la conexión en directo con la Puerta del Sol, de Madrid (bueno, es todo un clásico, no es por ná). Allí está la parejita elegida para retransmitir el evento, él, con smoking, ella, con un vestido de tirantes. No soy fémina, pero tampoco imbécil, ¿no se puede ir elegante y festiva si no es enseñando las clavículas, hostia? más que un micrófono parece que sostienen una coctelera de lo que tiemblan, por Dios. Y lo mejor es que lo dicen como extrañadas, así, entre risas (nerviosas), “no saben el frío que estoy pasando con el vestido que me han puesto”… ni quiero saberlo, guapa. Después de unas palabritas hablando del año que está a punto de terminar y bla, bla, bla… nos cuentan (siempre), como asombrados, que apenas oyen lo que les dicen desde Torre España porque, abajo, el griterío es ensordecedor… ¡¡¡ahí le has dao!!!, está la Puerta del Sol que no se ve el asfalto, ¿y pretendes que no se les oiga? Entonces, llega la explicación de cómo suenan las campanadas, que digo yo que el guión lo escribió alguien para explicárselo a niños de diez años… “primero verán ustedes que baja la bolita, acompañada de unas campanadas muy rápidas, ding, ding, ding, ding, ding… después, los cuartos, que van de dos en dos, ding-donnng, ding-donnng, etc…” y te avisan exaltadísimos de que “¡¡¡esas no son las doce campanadas nosotros les avisamos!!!” y así, llega el cenit de la celebración. Cada cual pilla su platito con sus doce uvas, nervioso, expectante, las miradas se cruzan como en el duelo final de “El bueno, el feo y el malo”, comienzan a aparecer las primeras sonrisillas y pensamos “este año me las como todas”, afloran en cada uno todo tipo de pensamientos… “este año dejo de fumar… cómo se reía el tío Miguel con lo de las uvas… a ver si este año nos hacen abuelos… el cordero me ha salido duro… hoy no almaceno las uvas en la boca…” y entonces… ding, ding, ding… baja la bola, suenan los cuartos, y donnnnng… donnnng… donnnng… una a tras otra nos vamos metiendo las uvas, con un ojo miramos la tele y con el otro al que tienes al lado, te ríes, se ríe, un hilo, mezcla de zumo de uva y babas, sale por la comisura de los labios, te empiezas a escojonar, ya no sabe que puta campanada está sonando, pero siempre crees que te has saltado alguna y aceleras el ritmo, tus mofletes tienen más bultos que una mazorca de maíz y dices orgulloso ¡¡¡DERBIDÉ!!! (terminé), al tiempo que una uva asoma entre tus labios y los aprietas para que no hulla, lo que convierte el hilo de zumo y baba en un chorro por aspersión, lo que provoca una arcada al chorreador y las risas del resto. En ese momento terminan las campanadas… ¡¡¡FELIZ AÑO NUEVOOO!!! Un sonido seco nos hace girar la cabeza ¡¡¡PLOP!!! El corcho del champán rebota en el techo, dejando para el recuerdo un agujero de felicidad, como dice Laura (besitos, Calimera), y llenamos las copas, con alegría, para brindar con todos deseándoles lo mejor. Luego, los habrá que se vayan de fiesta, otros verán la tele… Lo que está a punto de llegar es lo que más me gusta de tó, LOS REYES MAGOS, me encanta hacer regalitos y, por supuesto, que también me regalen algo, claro. Es que me pongo más nervioso que los niños, vamos… Bueno, creo que ya está bien de dar la brasa, que a este paso vais a necesitar un oftalmólogo… ¡¡¡eh!!!... ¿oye?... ¡¡¡EEEEEEH!!!... ¿hay alguien ahiiií…? ¡¡¡CAGONLAPUTA, MESANDORMÍO!!! Fin. Fdo. Luis Gómez December 07 Aquellos maravillosos años...
Jooodé… leyendo la entrada que publicó Liver (besazos, guapa) hace unos días sobre las “lentas”, me ha vuelto la vena nostálgica. Nostálgica pero en plan buen rollito ¿eh?, que me lo pasé de puta madre, ojo.
Es alucinante cómo vamos pasando de niños a hormonas con patas, de repente dejas de ver a las niñas como a alguien con quien quieres jugar para verlas como… pues eso, como a alguien con quien quieres jugar… pero no a indios y vaqueros, más bien pasas a hacer el indio para ser su vaquero. No sé lo que sentirán las chicas, pero nosotros alucinamos con nosotros mismos, empezamos a sentir la necesidad de estar todo el día al lado de “Piluca”, no sabemos por qué, pero hacemos lo que sea para estar junto a ella, ¡¡¡si hasta he jugado a ir de tiendas, hostia!!! Y realmente sigues siendo un mico, pero ya nada volverá a ser igual. Poco a poco dejas de mirar a la ducha como un ente alienígena y descubres alucinado que la piel que hay tras las orejas no tiene que ser igual que la de los codos, incluso es suave… Descubres que las chicas no emiten sonidos, hablan y se comunican, porque claro, antes no hacías ni puto caso de lo que decían porque no las escuchabas, pero la cosa ha cambiado, te interesa saber lo que dicen para intentar tener una conversación y estar más rato a su lado. Cualquier información puede ser útil. Pero claro, las chicas crecen Y SE DESARROLLAN antes que los chicos, lo que es un problema, porque nos ven como a críos y nos toman el pelo sin piedad; aunque ahora que lo pienso… ¡¡¡siento lo mismo ahora, hay que joderse!!! Por cierto, tema jodidillo de esas edades, es aguantar los comentarios jocosos de tus padres o hermanos mayores… ¡¡¡MAMONES!!! Que si qué es esa sombra debajo de la nariz… que si Piluca te hace tilín… que si ya os dais besitos… que a quien vas a ver que te has puesto el jersey nuevo… ¡¡¡Diossss, que humillante!!! Y no os perdáis a los amigos, nosotros también nos desarrollamos a diferentes ritmos y unos van creciendo antes que otros, y entonces no entienden qué haces tanto rato con las chicas, no pueden comprender que cambies hacer una guerra de piedras por “eso”, y… ¡¡¡ay de ti si te ven jugando a ir de tiendas!!! ya quedas estigmatizado para toda tu adolescencia. He de decir que la naturaleza, además de selectiva, es injusta, las chicas suelen crecer proporcionadamente (aunque haya “dos” proporciones que las traen de cabeza), y los chicos parecemos fabricados con restos, cada extremidad crece a su puta bola, un día serías capaz de rascarte los tobillos estando de pie y al día siguiente tus pantalones favoritos se han convertido en bermudas… y andas como si tus piernas no fueran de ese cuerpo. El caso es que, poco a poco vas “madurando” (algunos estamos aun en ello) y comienzas a preocuparte, ya en plan serio, de tu look. Vistes de acuerdo a las modas vigentes en ese momento y ya no te gusta un pelo la ropa que te compra tu madre, llegas incluso a odiarla… a la ropa también. Comienza a despertar en ti el “potro salvaje” que llevas dentro y te encanta, por sistema, decir “NO” a todo lo que tus padres te piden que hagas, más aun cuando te lo ordenan, cuando es “porque sí”. He de decir en defensa de los padres en general, que admiro profundamente la infinita paciencia que tienen con nosotros, en más de una ocasión me hubiera encerrado a mi mismo en el sótano y hubiera tirado la llave… ¿Cómo pudo aguantar mi madre los maratones de AC/DC con los que deleitaba a toda la vecindad? Y luego decimos que los niños se ven veinte veces seguidas “El rey león”… ¡¡¡me acostaba y me levantaba con el “Highway to hell”!!! Y entre bronca y bronca y no sé cuantos “a las diez en casa”, te conviertes en todo un mozalbete y alcanzas la siguiente escala evolutiva del HOMBRE… ¡¡¡ya eres un “homo sapiens”!!! Y es que es verdad, por mucho que nos duela reconocerlo, los “tíos” (que es así como nos gusta denominarnos entre nosotros) nos comportamos como primates. Formamos grupos, o manadas, depende del grado de involución, y seguimos a nuestro “macho dominante” que es quien todo lo sabe acerca de las “tías”(sí, ya sé que os jode que os llamemos así). Siguiendo nuestros instintos de animales eminentemente sociales, tendemos a unir nuestra manada a un grupo de chicas, porque hace ya tiempo que dejamos atrás lo de “las chicas son unas aburridas”, y es ahí donde comienzan algunos de los mejores momentos de mi vida ¡¡¡la de tonterías que he podido llegar a hacer!!! Qué cantidad de recuerdos me vienen a mi despoblada cabeza… Los fines de semana eran alucinantes, porque mis padres tenían el típico piso de urbanización de verano desde hacía ya años y, claro, allí nos conocíamos todos, y poco a poco se fueron formando diferentes “pandillas”, algunas grandísimas, con la única meta de pasarlo bien cada minuto del fin de semana. La de cotilleos que había… estabas todo el día intentando sacar información veraz picoteando con una y otra, más con una que con otra, claro, porque lo que te interesaba era la información de la “amiga inseparable” (también llamada, lapa) de la chica que te gustaba, eso sí, con indirectas… -Ana, emmm… que me han dicho que a Lidia le gusta uno de la panda…-, y lo que te gustaría escuchar es –sí, está loca por ti y está esperando que esta tarde en la discoteca “te declares”- pero en su lugar escuchas… -¿qué te gusta Lidia? jijijijiiiii ossstrasss, qué fuerte, pues… creo que no le gustas- ¡¡¡CAGADA!!! porque esa misma tarde eres el centro de conversación del corrillo formado por Lidia y sus secuaces, cuchichean, te miran como disimulando… vuelven a cuchichear y se descojonan en tu puta cara, y así una y otra vez, hasta que encuentran otro incauto que cometa el error de indagar por ahí… Aunque no todo giraba alrededor del sexo, muchas veces nos montábamos una “sangriada” en una de las orillas del pantano para cogernos un pedo del diez, a ver si así bajaban las defensas las chicas y… y… ah, pues esto también iba de sexo… Ah, sí, lo mejor de todo era cuando pillábamos el tren para ir de mesones a Villalba o a El Escorial, te ponías hasta las trancas de cerveza, raciones de bravas (que era más barato) y así hasta que empezaba a atardecer, que era entonces cuando intentabas apartarte un poco del grupo con la chica que te gustaba y así hablar con ella sin nadie delante… ¡¡¡jodé, pues esto también está relacionado con el sexo!!! ¡¡¡DIOSSSSS, va a ser verdad que los tíos estamos salidos!!! jajajaaaa. Lo de hablar con la chica que te gustaba apartado del grupo tiene su razón de ser, no creáis. En esa época no puedes mostrar delante de tus “colegas” el más mínimo atisbo de sensibilidad porque en el acto eras el centro de las burlas de la manada, ¡¡¡pues no he tardado yo años en escuchar “en público” a Miguel Bosé!!! Fuera de coñas, aquellos días eran muy divertidos y muy emocionantes. Cuando te quedabas embobao por alguna del grupo, ya no se hacía carrera de ti, te iba la vida en ello, estabas toda la semana deseando que llegara el fin de semana para verla de nuevo, cuando no estaba, parecía que te quedaban dos horas de vida, ¡¡¡ni escuchaba a AC/DC!!!. No parabas de hablar de ella a tus colegas, pero en el lenguaje de los primates, ojo, no se podían decir cosas como “estoy loco por Lidia, cuando la veo noto como si mi corazón quisiera salir de mi pecho, daría lo que fuera por tenerla entre mis brazos y sentir sus labios acariciando los míos”, en su lugar, “pillabas” a tu colega y le soltabas… “hostia, tronco, no veas si me mola la Lidia, como esta noche en la disco se me ponga a tiro… pa mi que le molo… ¿que no?” (lo triste es que hay muchos “maduros” que siguen igual). Y daba igual que le contaras, en plan confidencia, a tu mejor amigo lo de la chica que te molaba, por la tarde lo sabía to Dios, y esperaban con ansia, con miraditas cómplices, el momento sublime en que, en la disco, te declararas a ella (la susodicha estaba al corriente de todo, aunque ponía cara de emotiva sorpresa cuando la apartabas del grupo y le soltabas el rollo “Love story”). Lógicamente, si no le hubieras gustado nada a ella, ya te hubiera llegado un aviso de alguna de sus amigas… si les caías bien, claro, si no… volvía la “conjura de las brujas”. Cada momento del día lo pasábamos juntos, en la “pisci”, sentados por ahí durante horas comiendo pipas y charlando sin parar… (cuando por fin decidíamos separar nuestras bocas para respirar, claro), tumbados en la hierba mirando las estrellas, siempre cogiditos de la mano… ¡¡¡que anda que no sudan en verano, coño!!! en fin… c´est l´amour… El caso es que pasábamos los veranos tonteando los unos con los otros, de hecho, muchos matrimonios han salido de esos “amores de verano”. Recuerdo perfectamente cada “declaración” de las que hice aquellos días (con sus correspondientes calabazas, pa que mentir), las tengo guardadas en un rinconcito de mi corazón. Disfruté tanto de esos momentos que dudo que los pueda olvidar nunca, la pena es que el paso del tiempo ha hecho perder el contacto con casi todos los amigos de esos años, aunque alguno me queda, es más, llevan años felizmente casados. Fin.
Fdo. Luis Gómez |
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