LUIS's profileÁNGELES Y DEMONIOSPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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March 25 No están mis padres...“Hostia, tío, este finde no están mis padres…” Pues no habré dicho veces esta frase a lo largo de mi pre-madurez. Alguna vez he comentado las cosas que se oyen por ahí en contra de “la juventud de ahora”, que si son unos alcohólicos, que si están todo el día pensando en divertirse, que si tal que si cual, vamos, que parece que más que una etapa del crecimiento la juventud es una patología. Pues tengo que decir que entre mis quince y ventitantos años me desmadraba finde sí, finde también. Cada vez que los padres de alguien se iban de fin de semana nos abrían las puertas a lo que sería un fiestorro de puta madre en el que te ponías hasta el culo de alcohol, música y lo que se terciara. Lo que molaba era ser invasor, porque lo del anfitrión era a veces una putada, siempre que te tocaba recibir a los colegas en tu casa hacías la misma advertencia, “tíos, después hay que recogerlo todo y dejarlo como estaba para que no se cosquen mis viejos”… ¡¡¡qué iluso!!! El caso es que voluntad poníamos, lo que pasa es que había dos circunstancias que te impedían ser efectivo a la hora de limpiar. Si se recogía nada más terminar la “party”, no sabías lo que hacías porque aun ibas ciego y si se esperaba al día siguiente, sólo recogía el anfitrión porque no aparecía ni Dios porque el resto estaba durmiendo la mona. Resultado, que siempre te pillaban de marrón por mucho cuidado que pusieras y lo peor de todo es que no te lo explicabas, porque mirabas a tu alrededor y lo veías todo perfecto, jodé, aunque tu teoría de la perfección se derrumbaba cuando te demostraban que el parquet no es pegajoso por sí sólo, que lo de las caras de Belmez es una farsa y lo que hay en el suelo son lamparones de a saber qué líquido y que no es normal una botella de Fairy en la nevera y una botella medio vacía de Coca Cola, que además olía sospechosamente a whisky, debajo del fregadero. Eso cuando tus padres no se encontraban al vecino de turno que les ponía al día del nocturno horario de sus hijos, que parece que todos los hijos del mundo escuchan la misma música, ya sabéis, el famoso “chunda-chunda” ese… Yo lo tenía jodido porque mis padres y abuelos han sido siempre de Madrid y no había pueblo al que ir, pues raramente salían por ahí de fin de semana y se marcaban sus momentos ocio en la misma ciudad. Así que opté por otra solución, era yo el que se las piraba de fin de semana al piso que teníamos en una urbanización de esas de veraneo que estaba cerquita de El Escorial, bueno, aun sigue vivo el piso ese, lo que pasa es que hace años que sólo se va en verano. Lo bueno era que de octubre a julio no iban nunca mis padres, salvo alguna excepción, por lo que tenía meses el pisito libre para hacer en él lo que me diera la gana, eso sí, recogiéndolo todo después de la invasión… Aquí las fiestas eran con otra peña, no con los de Madrid, pero daba igual, de hecho eran mucho más concurridas porque la panda salvajes que éramos en verano era muy numerosa, más de una vez hemos estado sobre treinta personas más o menos. Al principio mis viajes en tren a dicha urbanización eran esporádicos, pero en vista del éxito aquellos viajes se fueron haciendo más seguidos hasta acabar como una tradición, todo el mundo sabía que el finde había movida en el piso de Luis. Es más, teníamos un lenguaje de signos para informar si había tema o no. Normalmente solíamos llegar los viernes por la noche, que era cuando los papis metían a la familia en el coche y se iban de finde, entonces, si teníamos fiesta, dejaba subida la persiana de la ventana del salón con la cortina hacia un lado, por lo que todo el mundo, cuando llegaban a la urbanización veía desde el coche la “señal” y se presentaban automáticamente el sábado por la tarde con el cargamento de “víveres”. Si ese fin de semana estaban mis padres pues lógicamente la persiana estaba bajada, que es como la dejan todos los padres del mundo por la noche, por lo que al día siguiente intentaríamos buscar otro “local” para desmadrarnos o nos íbamos a Villalba o a El Escorial, que también las hemos armado buenas allí. Hace unos días he estado allí para un tema de Gas Natural y me encontré con mi vecino, que era de los que no fallaba ni un fin de semana, y mientras hablaba con él, en plan adulto, me acordaba de los interminables chunda-chundas que se ha tenido que tragar durante un huevo de años. Aunque si os soy sincero nunca se quejó a mis padres salvo un par de veces, pero vamos, no hacía sangre del tema, yo creo que lo dejó por imposible, el pobre. De todas formas he de aclarar que no nos pasábamos, nos limitábamos a divertirnos y ya está, es más, muchas veces éramos cinco o seis, aunque los cinco o seis peores, jajajaajaa. Pero no todo era fiesta y desmadre, también podíamos estar horas hablando de nuestras gilipolleces, o en plan historias de terror o cosas similares, que también molaba un huevo, sobre todo si luego ibas a asustar a “las tías”. Y hablando de “tías”, recuerdo una cosa que nos pasó una vez, bueno, nos pasaron cientos de cosas, pero esta es especialmente memorable, os la cuento y acabo ¿vale? Bueno, pues ese fin de semana estaban mis padres, por lo que no podíamos hacer nada en casa y estuvimos todo el día fuera de acá para allá. Estuvimos tonteando con unas chicas toda la tarde y cuando llegó la hora de marcharnos a casa a cenar, porque también cenábamos, nos empezaron a vacilar en plan de quedar después para dar una vuelta y bla, bla, bla… Como tenían fama de vacilonas y nosotros éramos unos pardillos de 17 años pues no estábamos muy seguros de que estuvieran hablando en serio pero al final, usando sus armas de mujer y aprovechándose de nuestra época de celo, nos convencieron y quedamos a las 12 frente al super (era el punto de encuentro de todo porque era el único supermercado que había). Cenamos, más o menos, y allí estábamos a la hora convenida. Era invierno, hacía un frío que pelaba y “estas hijas de puta no aparecen, colega”. Como éramos dos tíos duros, pues ahí estuvimos de plantón como una hora con los mocos colgando y con cara de gilipollas, pero como nuestro sentido común estaba dentro de la bragueta continuamos soñando con que vendrían a nuestro encuentro, que se habrían retrasado por algo. Como ya estábamos pelados de frío y no queríamos dar nuestro brazo a torcer, decidimos meternos en una cabina de teléfonos que había (bueno, la única cabina que había en la puta urbanización) para así paliar un poco el frío que estábamos pasando. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nos habían tomado el pelo y para pasar el rato comenzamos a decir chorradas y nos entró el cachondeo tonto ese que entra en esas edades, que te ríes hasta de tu sombra. El caso es que durante esos minutos de euforia NO contenida, pues no sé por qué me dio por escupir al pobre teléfono, concretamente al dial (aquellos redondos que giraban con el cla-cla-cla-cla…) descojonándonos pensando en quien fuera a usarlo, cosa poco probable a la una de la noche en aquel desértico lugar, pero bueno. El caso es que a lo lejos vi las luces de un coche que se acercaba por la carretera de la urbanización, y yo, en un momento de lucidez de dije a mi colega “hostia, vamos a salir de la cabina no sea que pase por aquí la Guardia Civil y se piense que estamos haciendo algo”, dicho lo cual nos miramos y nos descojonamos vivos de mi estúpida ocurrencia. A los pocos segundos aquel coche ya estaba claramente dentro de nuestro alcance visual y entonces ¡¡¡hostia puta, la Guardia Civil!!! Nos entró el canguelo y no se nos ocurrió otra cosa que salir pitando de la cabina y ponernos a andar a toda hostia hacia el lado contrario. El coche aceleró y nos cortó el paso. Lo que daría por ver la cara que pusimos. Se bajaron del coche y uno de ellos se dirigió a mi colega “buenos días ¿me pueden decir qué estaban haciendo a estas horas en la cabina?” Diossss, pa qué queremos más, a esas horas de la noche y va el tío y dice “buenos días”, nos entró la risa floja y claro, al amigo de la benemérita pues no le sentó muy bien… “Vamos a la cabina”, dijo uno de ellos con una cara de pocos amigos que te cagas, se metió dentro y ¡¡¡se puso a toquetear la cabina pringándose de mi escupitajo!!! Salió con muy mala follá y le preguntó a mi colega que “quién había escupido en el teléfono” a lo que mi colega respondió encogiendo los hombros y reforzando nuestra amistad “ah, yo no”. Viendo que estaban tratando con dos gilipollas del culo, optaron por resumir y el que estaba conmigo me dijo, “documentación”, saqué mi carnet, lo miró, me miró, y se dirigió hacia mi colega, “documentación”, pero el muy imbécil se la había dejado en casa… “¿dónde vivís?”, en Madrid -le respondí- “¿y qué hacéis aquí a estas horas y en una cabina?”, claro, no le íbamos a contar que dos tías nos habían dado plantón y que nos metimos en la cabina para no pasar tanto frío, la verdad era tan simple como estúpida, y entonces, en un alarde de valentía le digo al de verde… -pues estaba llamando a un colega- ¡¡¡tócate los huevos!!! Entonces va el tío y me dice que le diga el número, que le va a llamar para ver si es verdad. En ese momento mi escrotillo se puso tan tirante como la cara de Cher, intenté improvisar dándole mi número sabiendo que no había nadie en ese momento pero mis balbuceos hicieron la tarea imposible. Hartos de esperar algo coherente de nosotros dieron por zanjado el asunto con un “subid al coche, desde el cuartel de El Escorial llamáis a vuestros padres para que vengan a recogeros”. En aquel momento mi chulesco y madrileño acento se transformó en la aguda y temblorosa voz de la Duquesa de Alba, y haciendo sobrehumanos esfuerzos para evitar la total relajación de mi esfínter le pude decir a uno de los guardias que mis padres estaban ahí al lado, justo enfrente. Viendo nuestras caritas de pardillos, la benemérita pareja se apiadó de nosotros y accedió a llevarnos a casa de mis padres. Una vez allí me bajaron del coche, el tío se me queda muy serio mirándome y me dice que en un minuto quiere ver a mi padre para hablar con él. Hay que tener en cuenta que ya serían aproximadamente las dos y media de la noche, por lo que el tembleque de mis piernas parecía ya una imitación de James Brown… Abrí la puerta sigilosamente, entré en su habitación y observé que estaban en el quinto sueño, lo que me hizo dudar si no sería mejor dormir esa noche en el cuartelillo. Tomé aire, saqué pecho y dándole unos suaves golpecitos en el hombro le desperté diciéndole… “papá… papá… que no pasa nada, pero es que hay un guardia civil abajo que quiere hablar contigo”, jooooderrrr… en mi puta vida había visto a mi padre levantarse tan ligero de la cama, ¡¡¡parecía Drácula saliendo del ataúd!!! Mi padre, con los ojos como dos huevos duros me preguntó sin parpadear -¿qué coño has hecho?- y yo, aun con la voz de la Duquesa de Alba intentando quitarle hierro al asunto, -nada, de verdad, tú baja y habla con ellos que ya te lo explicaré-. Total, que bajó a la calle y le explicaron su versión de la película, mi padre les dijo que no se preocuparan por el otro elemento que estaba con su hijo, que conocía a sus padres desde hacía años (mentira y gorda) y que también tenían un piso cerca de allí. El caso es que la cosa quedó zanjada en ese mismo momento y los agentes, después de echarnos un rapapolvo, se despidieron amablemente de mi padreconmiradadeasesino y se montaron en el coche. Hábilmente y antes de que mi padre nos agarrara por el pescuezo, le dije que al día siguiente le contaríamos la triste verdad y nos fuimos por patas a dormir a casa de mi colega… descojonándonos, claro. Al día siguiente, mi aguerrido coleguita decidió que me comiera yo el marrón con mis padres y fui solo a mi casa para explicarles lo ocurrido. Mi padre me estaba esperando sentadito en la terraza, cigarro en mano, impertérrito, deseoso de escuchar lo que el tarao de su hijo le iba a narrar. Le conté nuestra aventurilla con pelos y señales, excepto lo de escupir en el teléfono, claro, y se empezó a descojonar, el muy cabrón. Así que, así quedo la cosa, lo que para mi colega y para mí fueron minutos de terror, para mis padres fue una más de mis payasadas. Si es que, al final, todo depende del color del cristal con que se mira. Fin.
Fdo. Luis Gómez. March 21 Raro...
¡¡¡Ha llegado la primavera!!! oooooh... qué potiiiitooooo... pero no voy a hablar de esto, que ya habrá otros que lo hagan por mí. La entrada que publiqué el otro día contando nuestra experiencia con los canariones me dio que pensar. Por muy normales que creamos que somos, a los ojos de los demás podemos ser un tanto raros ¿o no hemos dicho mil veces de alguien lo de “qué raro es”? No nos llevemos a engaño, en mayor o menor medida somos todos un poco frikis. Lo que quiero decir es que todos tenemos manías, que no es que sea malo, tan solo son comportamientos que forman parte de nuestra personalidad, otros lo llaman costumbres. Lo que sí es preocupante es cuando alguien es víctima de un T.O.C. (Trastorno Obsesivo Compulsivo), ya sabéis, cuando alguien necesita lavarse las manos repetidamente y a todas horas, o tiene que apagar la luz accionando X número de veces el interruptor, o una obsesión por la muerte, etc… Pero no voy a hablar de este trastorno que es un desorden de ansiedad, tranquilos, es que voy a contaros algunas de mis rarezas para que veáis con el espécimen que tratáis, jejeje…
Sí, tengo mis manías ¿y qué? Para algunos son muchas, para mí, cuatro cosas. A ver, a ver por donde empiezo… Ah, sí, hay una que a mi moza le revienta. Experimento un gran placer teniendo la cocina recogida y limpita, no es que esté todo el día con el estropajo en la mano pero es que disfruto viéndola relucir, la cocina, no mi moza. El caso es que una vez que lo tengo todo recogidito dejo siempre en medio de la encimera un paño de cocina, o las gotas de agua en la pila sin secar para que no parezca de exposición, que se vea que se usa. Pero lo malo es que hago lo mismo en el salón o en cualquier otra habitación, por muy recogida que esté, tengo que dejar algo tirado por ahí que rompa la estética de la perfección. Cuando me pongo los calcetines me tengo que poner siempre primero el derecho, si comienzo por el izquierdo se me da peor, es como si no supiera ponérmelo, y lo mismo vale para los zapatos, o cuando me pongo una camisa o lo que sea, siempre primero el brazo derecho, como meta primero el izquierdo, mal vamos. No sé si sabéis que me encanta escuchar música, pues bien, entre los que la amamos, solemos intercambiar audiciones, me explico, “hostia, tío, ¿has escuchado este tema de (quien sea)?” y entonces pues ponemos el tema en cuestión para que el otro lo escuche, hasta ahí todo normal. Pues bien, si le pongo un tema a alguien porque me ha dicho que lo quiere escuchar y mientras suena se me pone a hablar ¡¡¡lo quito!!! Me revienta que no se escuche lo que se ha pedido escuchar. Y hablando de música, si está puesta, ya sea en casa o en el coche y a quien está conmigo le gustaría que estuviera más o menos alta, tengo que ser yo quien la baje, no soporto que nadie la baje o suba por mí… acojono ¿eh? Cuando estoy escuchando algo y a mi moza le apetece ver la tele, tengo que quitar antes la música para no mezclar el sonido, no lo soporto… jodé, sí que acojono… Imaginemos que estamos comiendo y por ejemplo pido a quien sea el salero, o una servilleta, por ejemplo, pues bien, es raro de cojones pero no me gusta que me la den en la mano, prefiero que lo dejen a mi lado y cogerlo yo, a no ser que lo pida extendiendo el brazo para tomarlo en mi mano. Qué más, qué más… ah, sí, esto es la hostia, no soporto coger nada mojado, si enjuago un vaso o una taza o lo que sea lo seco perfectamente antes de usarlo. Y ya que estoy con los vasos vayamos a los platos. Si en un restaurante pienso pedir tal plato y alguien que está conmigo le apetece tomar lo mismo, en el 90% de los casos cambio de idea para no tomar lo mismo. Puestos a hablar de rarezas en la mesa, la típica persona que mete la zarpa en mi plato para probarlo se juega la mano, si no ofrezco antes o me piden probarlo es mejor mantenerse alejado de mis viandas. Otra rareza culinaria, no me gusta nada que en un plato los distintos alimentos se mezclen, quiero decir, un filete con una guarnición de patatas y verduras es un plato con TRES cosas diferentes que no tienes por qué tocarse entre ellas, si quiero mezclar ya lo haré yo. Volviendo a la música. Tengo todos mis cd´s ordenados alfabética y cronológicamente, vamos, que de un mismo grupo no encontraréis un disco de 1987 antes que el del 79, por ejemplo. Además, los tengo en la estantería con la “bisagra” hacia el fondo y hay de aquel que saque un cd y no lo ponga correctamente en su sitio, aunque peligraría más su vida si osara plantar los dedazos en el mismo soltándote lo de que los cd´s no se estropean nunca ¡¡¡pues que experimente con los suyos, coño!!! Me molesta muchísimo la gente que para hablar contigo se te pega como una lapa, no puedo evitar dar un paso hacia atrás para alejarme, me agobia que invadan mi espacio. Y ya no digo los que te dan golpecitos continuamente cada vez que te cuentan algo, como si te tuvieran que estar despertándote cada dos minutos por si te estás aburriendo o algo así. Lo malo es que se lo digo y entonces… ya soy un borde. Cuando alguien me pide fuego por la calle y al dárselo encierra mi mano entre las dos suyas como para proteger la llama del viento, me revienta, por eso cuando me lo piden suelo dejarles el encendedor, para evitar que me toquen. Si llamo a alguien por teléfono y me echa en cara que hace tiempo que no le llamo, es muy posible que si quiere volver a hablar conmigo tendrá que ser ese alguien quien me llame, por listo. Si estoy usando un bolígrafo o un lo que sea, cuando lo dejo en la mesa lo hago siempre con la punta mirando hacia delante, no hacia mí. Si estoy en casa de alguien y tiene un colgado un cuadro torcido, si puedo, lo pongo recto, porque si no lo hago no puedo evitar estar continuamente mirándolo. Es muy raro que rechace una invitación. Aclararé esto para que no haya mal interpretaciones. A todos nos ha pasado que estamos tomando algo con alguien y a la hora de pagar las cañitas pues sacamos nuestra cartera y… “no, deja, que pago yo”, a lo que todo el mundo responde “que no, hombre, ya pago yo”, lo que viene seguido de otro “que no, que pago yo”, y así se entra en ese estúpido círculo vicioso de generosidad “cervecera” ¿no? pues bien, en el primer “no, deja que pago yo” corto por lo sano con un “ah, pues gracias” y me quedo tan ancho. Puede parecer que le echo mucho morro pero jodé, si no me vas a invitar no te ofrezcas, y si es para quedar bien pues jódete. Cuando salimos de viaje en coche no puedo remediar llenar el depósito antes de salir aunque sepa de sobra que hay mil gasolineras por el camino, si no lo lleno, voy todo el rato intranquilo. En el cuarto de baño. Me tengo que echar el desodorante mirándome en el espejo ¡¡¡como si no supiera donde tengo los sobacos!!! y todos los días, justo antes de acostarme, me tengo que peinar… sí, lo sé… Pues… con tanta rareza me estoy empezando a acojonar, va a ser mejor que lo deje aquí porque como siga voy a tener que coger hora en el psicólogo. Fin.
Fdo. Luis Gómez. March 15 No hubo bocata...Bueno puesss… por fin llegó el día y nuestro amigo Juan, también conocido por cartagenero, escuálido, caraescudo y por supuesto Qart Hadast, dio la cara. Los que le leéis os habréis hecho la imagen de un chaval correcto, educado, sin maldad alguna… pues bien, andaos con ojo porque el tío también tiene su miga. ¿Pues no va y me hace ir a buscarle a su barrio? Él dice que no, que era una broma que me gastó en un comentario pero… yo por si acaso le fui a buscar. El caso es que me despisté y tuve un par de imprevistos de camino y llegué un poco tarde al punto de encuentro, por lo que iba algo acelerado y cuando le vi allí parado, al sol, con esa carita de no haber roto nunca un plato, ni siquiera de postre, frené de golpe. Las ruedas chirriaron porque llevaba el coche de mi moza que tiene los pedales más sensibles que el mío y el cabrón se me clavó. Nuestro cartagenero me miró con cara de “me temo que hoy voy a ver a Dios” y se acercó cauto al coche… Hola Juan ¿qué tal, tío?- le dije to simpático, hola Luis, por fin nos conocemos (o algo así) –respondió él, ¡¡¡vaya frenada, sí que venías rápido!!! – añadió… tocándome los huevos. Pero como soy todo bondad y comprensión dejé ahí el tema y le permití subir al coche sin penitencia alguna aunque entre bromas le dejé claro que a la menor le abría la puerta con el coche en marcha y le mandaba a tomar por culo, pero de buen rollito, claro. Todos sabemos que Juan es un hombre creyente y me lo demostró en el acto, no hace más que subirse, con la chaquetita bien dobladita al brazo, y me suelta sin temer por su vida, -¿no me llevarás todo el camino a toda velocidad?- así, como quién no quiere la cosa, y claro, como no tenía ganas de que me denunciaran por tirar objetos a la cuneta pues le contesté tan tranquilo que no, que no me gusta correr en el coche, que no se preocupara, y sin más preámbulos nos fuimos a Madrid, donde nos estaría esperando Merce si su lavadora se lo permitía, claro. De camino, pues lo normal, conversaciones triviales, de ascensor. Metí el coche en un parking y fuimos al encuentro de Merce, con quien habíamos quedado en la Plaza Mayor, concretamente bajo los cojones del caballo de la estatua que hay en ella. Para variar, nuestra alocada ciber-amiga tuvo su propia aventurilla mientras nos esperaba. Nos contó que no se había enterado de que Cartu no podía venir y como cerca de ella había una señora de pie, pues supuso que era nuestra histriónica blogger y hacia ella que fue –hola, ¿eres María?- le preguntó, -sí- respondió la tal María, y como ese nombre es tan poco común en nuestra querida España pues dio por hecho tan contenta de que era nuestra Cartu, -soy Merce- le dijo con su perenne sonrisa… y claro, la buena mujer se quedaría con cara de pez mirando a tan extraña muchachilla… pero como Merce no debe poder estar callada más de treinta segundos volvió a insistir -¿no has quedado con Luis?- y claro, le dijo que no, por lo que se terminó su fluida conversación y volvió a la vera de los huevos del caballo de bronce. He de confesar que, por mucho que me joda, llegamos algo tarde, y así nos lo hizo saber haciendo gala de su comprensión. Nos presentamos, bueno, se presentaron ellos dos y comenzamos ha decidir dónde y qué íbamos a comer. Como Juan había estado dando por culo con lo del bocata calamares pues supusimos que era lo que íbamos a comer, de hecho ya se nos estaba haciendo la boca agua pensando en dicho manjar, a pesar de lo que piense el cartagenero, y cuando se lo mencionamos al amigo puso cara de “mi paladar no está preparado para tan vulgares y grasientas viandas” y entonces nos fuimos hacia la Cava Baja, que está llena de mesones y seguro que encontraríamos uno en el que poder dar de comer a su alteza… Por avatares del destino a Merce y a mí nos vino a la cabeza el mismo mesón y nos dirigimos hacia allí. Es un sitio modesto, con una carta limitada pero que no está mal. Decidimos entre los tres qué íbamos a pedir, bueno, más bien entre Merce y yo, y comenzamos a papear. Si algún día alguno de vosotros quedáis a comer con Juan, no pidáis ensaladas más atrevidas que la típica mixta ni albóndigas caseras, os mirará con sus ojos inyectados en sangre, os lo advierto, ya os decía antes que el chico tiene su miga… en cambio le podéis atiborrar a patatas fritas y huevos, no veáis como se los jala, el jodío. Por cierto, no sé si he mencionado algo del look del cartagenero ¡¡¡pues no va el tío y se nos presenta en traje!!! Bueeeeno, vaaaale, ya sé que he mencionado varias veces tanto en su espacio como en algún comentario que suele ir así vestido, pero coño, lo que no me imaginaba es que para quedar con nosotros lo llevaría también. Dado que es mozuelo y para que no pareciera que era mi hijo, me presenté con unos vaqueros, una camisa de manga corta y una “discreta” cazadora rojo sangre pa darle un toque chic al conjunto, así que, supongo que quienes nos vieran juntos pensarían que me querría vender algo. Es que no me jodas, Juan, majo, un sábado al mediodía no se puede llevar un traje “diplomático”, coño, que uno tiene una reputación. El caso es que es un tío majo a pesar de todo, lo pasamos bien y hasta nos dejó comer algo. De primeras parece un tipo serio, pero la verdad es que tiene un gran sentido del humor y entra al trapo a la menor, como cuando deja comentarios en mi espacio, vamos. Estuvimos dando una vueltecilla y nos pasamos por la Fnac a comprar un par de cosas. Merce hizo un baldío intento de añadir un par de trapos más a su armario y al rato nos fuimos cada uno por su lado. Bueno, Merce y yo tardamos un poquito más porque estuvimos cámara en mano por la zona, pero vamos, no hice el reportaje de mi vida, precisamente. Y, en resumidas cuentas, así pasamos el rato. Lo malo es que el jodío no nos concretó si al final se casa o no con la Cartu, supongo que dependerá de lo bien que le barra el palas. Fin.
Fdo. Luis Gómez. March 07 De vuelta en la "Peni".
Qué tal ciber-amigüitos. Ya estamos de vuelta, ya, que no se puede ir uno por ahí unos días sin que me lo echéis en cara, joder. Pues nada, voy a contaros en pocas palabras nuestra experiencia en el exilio insular ¿vale? porque he publicado un álbum de fotos y todos sabemos que vale más una imagen que mil palabras. El vuelo bien. Stop. Acogida estupenda. Stop. Convivencia muy agradable. Stop. Su perro está acelerado. Stop. Clima variable. Stop. Lugares bonitos y diferentes. Stop. Despedida agradable. Stop. Vuelo regreso O.K. Stop… Emmm… ¿qué?... ¿por qué esas caras?... ah, que queréis que me enrolle un poquito… no sé, no sé, es que luego me decís que os cansan mis entradas y acabáis dejando comentarios de cualquier cosa excepto del tema de la misma, vamos, que os montáis el chat de rigor. Bueno, va, desarrollaré más el tema, pero no demasiado, que si queréis saber más de Fuerteventura pagáis el billete como hemos hecho nosotros, listos. Güeno pueeee, haciendo honor a la verdad tengo que decir que nunca nos hemos sentido tan a gusto en una casa que no fuera la nuestra. Supongo que os habrá pasado a todos que cuando vais a pasar unos días en casa de alguien, los anfitriones os dicen aquello de “vosotros como en vuestra casa” o algo parecido ¿no? lo que ocurre es que luego no es todo tan familiar como cabría esperar porque, a fin de cuentas, se está trastocando la forma de vida de quienes viven allí, es normal. Cuando nosotros invitamos a alguien a nuestra casa decimos esa frase con el corazón y quien haya estado conviviendo con nosotros puede dar fe. Pensábamos que éramos unos bichos raros porque lo hacíamos y hemos descubierto que no somos los únicos. Nada más dejar el equipaje nos lo dijeron, hasta ahí todo normal, bueno, menos su perro, que de lo inquieto que es parece que tienen una jauría, jodé, tardamos media hora en verle la cara. Bien, acto seguido, la canariona (les llamaré canariona y canarión para evitar poner nombres falsos, y al perro, Pipín) nos enseñó amablemente toda la casa para hacernos una composición del lugar y así saber donde estaba todo. En un principio nos pareció normal, pero al rato de estar allí nos dimos cuenta de que lo hacían para que “de verdad” domináramos el espacio porque lo de “como en vuestra casa” era literal, “si tenéis hambre ya sabéis dónde está la nevera”… Una vez en el piso de arriba nos montaron nuestra celda con tele y todo, que no sé yo si lo que querían era que no saliéramos de allí pa no molestar demasiado… Al ratito, y después de ponernos nuestros “pa estar en casa” bajamos al salón. Y allí estaban, repanchingados en el sofá viendo la tele, a su puta bola, vamos, que parecía que se les había olvidado que tenían visita en casa. Después de esquivar a Pipín siete veces conseguimos llegar al sofá y nos sentamos con ellos (con lo que jode que te invadan tu sofá y no puedas tumbarte para ver la tele) a charlar un rato y bla, bla, bla. Entonces, la cruda realidad nos golpeó sin previo aviso y fue cuando descubrimos que si no nos preparábamos la cena nosotros mismos tendríamos que llamar a Tele Pizza o acostarnos con la panza vacía… De primeras yoca, digo… choca un poco, pero la verdad es que es lo más cómodo y hace que no te sientas invitado, sino que vives allí con ellos. Ah, también nos llamó la atención que tienen televisores en todas partes. Canarión es un punto, yo creo que es el tío más tranquilo que hemos visto en nuestra vida, sube, baja, entra, sale, y no te enteras, coño, tan sólo sabes que está a tu lado porque le gusta escuyar, digo… escuchar la tele o la música a toda hostia. Tiene la costumbre diaria de subir a una de las habitaciones en la que tiene montado su “estudio” de música y encerrarse allí consigo mismo a sacarse la cera de las orejas a golpe de decibelio, luego baja como si tal cosa y sigue tal cual. Tiene absoluta pasión por la música, cuando vi la cantidad de cd´s que tenía allí casi se me cae la mandíbula. Canariona, sin embargo, tiene otra pasión, LOS DULCES. Gracias a Dios nací humano y no donut, porque no hubiera salido vivo de aquella casa. Os doy mi palabra que jamás he visto a nadie con tal pasión por los bollos, se pone hasta nerviosa pensando que tiene en la nevera un dulce de leche y aun no se lo ha comido, cada vez que comíamos fuera y llegaba el momento del postre, todos rezábamos para que el camarero no tardara en traérselo porque peligraba su integridad. El caso es que, aunque así, a bote pronto, resultan un poco frikis, da gusto convivir con ellos, no tienes nunca la sensación de incomodarles, aunque estamos seguros de que cuando regresaron a su casa la noche que nos fuimos disfrutaron como locos de su soledad. El fin de semana estuvimos los cuatro juntos de acá para allá pero cuando comienza la semana Canarión se transforma y hace su propia vida, se ciñe a sus horarios, no fuma, no bebe, controla lo que come, se acuesta pronto… vamos, que Canariona vive con dos tíos diferentes a la vez, es para verlo, de verdad. Los dos primeros días Canariona estuvo con nosotros dos todo el día, pero al tercer día claudicó, nos dio la llave de las esposas y nos dejó libres para que retozáramos por las dunas de Corralejo a nuestras anchas. Espectaculares, si algún día vais a Fuerteventura no dejéis de ir a verlas y a pasear por ellas. Por cierto, como Canarión tenía que trabajar, nos dejó el coche para que pudiéramos movernos por ahí sin tener que alquilar uno, todo un detalle. Además el tío es un cachondo porque nos dijo que nos lo dejaría con el depósito lleno y por poco nos quedamos tirados en mitad del desierto, que ya me veía matando una serpiente para despellejarla y hacerme una bolsa con su piel para llenarla con mi propia orina para no morir deshidratado… ¡¡¡qué humor tienen estos canarios!!! Para los que no lo sepáis, Fuerteventura es un inhóspito desierto rodeado de agua. No hay árboles salvo las palmeras que se han ido plantando para hacer bonito. Lo que si hay son cabras, están sueltas por la isla y nos han dicho que hay que tener ojo con ellas cuando vas en el coche porque se te pueden cruzar y te la lían. También hay una especie autóctona de burros, los burros majoreros, que son muy bonitos y también andan a su puta bola por la isla, claro, como de allí no pueden salir… Está muy claro que quien vaya a Fuerteventura tiene que adorar la playa, porque es lo único que se puede hacer allí. Tiene unas playas espectaculares, de arena dorada, de roca, de arena negra, las hay enormes, hay calas, en fin, un paraíso para quienes buscan disfrutar de ellas. Además, el agua es cristalina y tiene unos tonos turquesa y azul intensísimos. Casualmente estaban celebrando los Carnavales y nos llevaron a ver la cabalgata. Nunca habíamos visto una cabalgata de Carnaval y la verdad es que nos encantó, lo pasamos muy bien. Lo más alucinante es la imaginación que tiene la gente para montarse las carrozas y disfraces que llevan, increible. Descubrimos también las patatas envejecidas, digo… las papas arrugás con mojo. Nunca antes lo habíamos probado y tengo que decir que nos encantaron, además hay un montón de tipos de mojo, depende de los ingredientes que uses para su elaboración. Allí es de lo más común, no hay mesa que se precie sin sus papas arrugás. Por cierto, Canariona, espero tu correo con la forma de hacerlo, el mojo, digo… Para quienes somos de la península nos resulta alucinante el clima de allí, aunque hubo un día que no paró de llover, coño, además fue el que Canariona nos llevó a las playas del sur de la isla que son espectaculares, una putada. Pues eso, decía que el clima allí es la hostia, la gente va todo el día en manga corta y en cholas, que no es nada guarro, son lo que en la península llamamos chanclas. Pueden disfrutar todo el año de las terracitas, con su cervecita Tropical, sus papas arrugás, paseos por la playa… Vivíamos en Puerto del Rosario, que es la capital, y no es un lugar turístico, allí los menús están en español, no en alemán o inglés como en los lugares más preparados para el turismo. Que es algo que nos revienta, estar en tu país y que no entiendas lo que pone en la carta del restaurante, coño. Creo que pasa lo mismo en varios sitios de las Baleares. Bueno, no me voy a enrollar más porque no os voy a contar lo que hicimos minuto a minuto. Lo importante es que nuestros anfitriones canariones nos trataron que te pex. Son una pareja excepcional con los que puedes hablar de absolutamente todo con libertad absoluta. Tienen un fabuloso sentido del humor y derrochan bondad por todos sus poros, que menos mal que la bondad es incolora que si no qué ajj-co. Aunque hace ya tiempo que nos escribimos correos o hablamos por teléfono, convivir nos ha ayudado a los cuatro a conocernos un poquito mejor, y todo lo que hemos conocido nos ha gustado, excepto que no tenían nuestra marca de magdalenas para desayunar ¡¡¡hay que informarse, jodé, hay que informarse!!! Como son tan como son, nos han vuelto a invitar para cuando queramos ir, los pobres, lo que pasa es que es algo que se queda en el aire porque a saber qué estamos haciendo dentro de unos meses y si podremos viajar. De todas formas, les hemos tomado la palabra, a fin de cuentas hacía muchos meses que nos invitaron a su casa y al final hemos podido ir ahora ¿no? Pareja, aunque enjugando nuestras lágrimas ya os lo dijimos en el aeropuerto, os lo volvemos a decir ahora. GRACIAS POR TODO, HEMOS DISFRUTADO CADA MINUTO DE NUESTRA FRIKIEXPERIENCIA. Esto… no sé si me dejé un par de calcetines ¿sabes tú algo, Canariona? Fin.
Fdo. Luis Gómez. |
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