LUIS's profileÁNGELES Y DEMONIOSPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    April 25

    La mujer con nombre de coche...

     

    ¿O es un coche con nombre de mujer?... sí, era eso, es el coche el que tiene nombre de mujer, MERCEDES.

    Pero no voy a hablaros de la marca bávara de automóviles, no, pa eso os compráis el Motor 16, que saben más que yo. Quiero hablar de una mushasha que estará por tierras alemanas una temporadilla, de hecho lleva ya algunos meses allí, en su aldea, como ella la llama… ¿y cual es el nombre de esta ciber-jocosa-amiga?

     

     Spain   MERCE    Germany 

     

    Bueno, también es conocida por “la Merceditas”, ¡¡¡que manda huevos!!! uy, no, que se supone que le estoy dedicando mi entrada… jajajaa…

    Güeno, güeno, es una bromilla, ya sabéis, licencias que se permite el autor.

    ¿Y por qué le dedico esta entrada a esta aniquila-Polopas (en su espacio sabréis de lo que hablo)? Pues porque desde el primer día que supe de ella, ME ENCANTÓ. Sí, sí, así de fácil. Ni os imagináis quienes no la conocéis, la frescura, simpatía, sentido del humor y sinceridad que emana su espacio (espero haberlo escrito bien, porque me paga una pasta por decir esa frase… jajajaaa).

    En serio, ha sido amor a primera vista (que ni estamos enamorados ni nos hemos visto, pero bueno…), y me llamó profundamente la atención un detalle que pasa desapercibido normalmente; en su espacio, concretamente en el perfil, donde dice “intereses”, pone: “soy poco interesada. Mi banco se lo lleva todo”, jajajaajaaa, ¡¡¡esta chica es una cachonda mental!!! (pensé pa mí), y comencé a indagar en su espacio para ver qué se cocía por allí.

    Y no me equivoqué, me parece un espacio excepcional. Tiene la virtud de las comedias románticas, que cuando terminan tienes una sonrisa en los labios. Pues en su “casa” pasa lo mismo, no se puede remediar pasar por ella cada dos por tres, porque como suele escribir todos los días pues, siempre tienes algo nuevo para ver.

    Y por si fuera poco, también vive en Madrid, por lo que estoy seguro de que tendremos la oportunidad de vernos algún día… si no se lo piensa demasiado… glub!...

    Lo que más me gusta, es la espontaneidad con la que escribe sus aventurillas del día a día, de la cosa más tonta te hace una entrada de lo más divertida y agradable, por lo que casi parece que vivo al lado de ella, porque sé todo lo que le pasa.

    A través de la ventana de su espacio, sé que en Alemania hace un frío que pela, y que llevan sandalias con calcetines, no sólo cuando vienen a España. También nos contó que donde vive, el tañir de las campanas, deja de ser melódico para convertirse en un coñazo diario, dada la cantidad de iglesias que la rodean. Vivimos en directo su invasión de Polopas (repito, id a su espacio para saber de qué hablo) y de cómo se salvó gracias a su aspirador… o eso creía. Sin comentarios sobre lo de sus clases de alemán… He verificado los típicos tópicos que se cuentan sobre los germanos. Sufrimos con ella la pérdida de su Clío, la ausencia de lentejas, la morriña que le entra cuando piensa en su Madrid, el hambre que le entra cuando piensa en lo que comía en su Madrid… jajajaaaa, en fin, que es como un Gran Hermano pero en “Bayerland”, sólo que el premio es tener el placer de “conversar” con la protagonista del espacio, mi aldeana bávara.

    Y, para regocijo propio, otro amiguete espacial que tenemos en común, Qart Hadast, le ha otorgado el premio “BRILLANTE WEBLOG 2008”, aunque mejor le daría el premio “2008 IBÉRICOS DE SALAMANCA WEBLOG”, ¡¡¡llorando me la imagino abrazada a un jamón!!! Jajajaaaa.

    Pues eso, que aunque para mí esto de los blogs no es más que un entretenimiento, a veces me humanizo y encuentro a alguien que me llega al corazón… lo digo por la estatura que calculo que tendrá por las fotos… jajajaa.

    Vamos, que quería dedicarle esta entrada porque QUIERO que sepáis de alguien que, aunque no lo dice en voz alta, está algo solita en Alemania (aunque está con su Marcos), se pone muy contenta cuando vamos de visita a su espacio… ¿a que sí, Merce? Fin.

     

     OctoberfestOctoberfestOctoberfestOctoberfestOctoberfest   

     

    Fdo. Luis Gómez.

    April 09

    Condenados a entendernos...

     

    Muy buenas, aquí estoy de nuevo para daros la brasa con otro de mis desvaríos. Dado que hace bastante tiempo que no publico nada porque no he tenido tiempo, os vais a llevar ración doble, pa que no os quejéis ¡¡¡ala!!!

    En un principio iba a contaros algo totalmente diferente a lo que vais a leer a continuación, pero de repente se me ha ocurrido que podría ser divertido (sobre todo para mí, jijiji…) comentar un poquillo las diferencias que existen entre machos y hembras, ¡¡¡uy, perdón, que parezco el Jesulín!!!, quería decir entre hombres y mujeres.

    Reconozcámoslo, aunque ambos sexos somos de la misma especie, a veces parecemos hasta de otro planeta. Se podría definir en pocas palabras, nosotros somos simples, que no quiere decir, “tontos”, y vosotras sois complejas, y sí quiere decir, “complicadas” (esto va a acabar mal… muy mal…). Y es que no me lo podéis negar, guapetonas, que a mí me moláis mazo, tíassss, pero sois más raras que una peli de David Lynch, jodé.

    La cosa comienza a vislumbrarse cuando somos pequeños, entre dos hermanos no suele haber problemas salvo alguna reyerta que otra por cualquier tontería, pero al cabo de cinco minutos, olvidado; entre dos hermanas la lucha es continua por ver quien es más pícara, para ver quien se lleva el gato al agua, es una guerra de inteligencias en la que se lleva un control exhaustivo de cada batalla, nada cae en el olvido (y bien mirado habla a favor vuestro, nosotros luchamos para ver quien mea más lejos o quien se come más Donuts de una sentada…). Ahora bien, si los hermanos son de diferente sexo, dará igual la edad que tenga cada uno, siempre será ella quien se alce con el triunfo, bien sea por su inteligencia, su picaresca o por ese arma letal con la que toda mujer nace, “el chantaje emocional”, del que quizá hable más adelante… aunque todas y todos sabemos de qué va.

    Pero no voy pasar por todas las etapas de nuestra vida, ya hemos crecido y somos adultos ¿vale?, aunque algunos tíos no lo parezcan nunca… ¡¡¡anda, jodías, que estabais todas pensando eso!!!

    A pesar de todo, he de confesar que yo no podría vivir sin vosotras, y mucho me temo que a vosotras os pasa lo mismo, aunque para todo hay excepciones, como es lógico.

    Aiiiinnnss… son tantas cosas que no sé por donde empezar… jejejeeee… aunque la verdad es que se puede comenzar por cualquier detalle… somos diferentes hasta en la forma de comunicarnos, coño. Puede que sea porque vosotras sois en general más desinhibidas pero el caso es que habláis más, no estoy diciendo con esto que seáis unas parlanchinas, ojo, quiero decir que utilizáis más palabras que nosotros a la hora de expresaros, vamos a ver, pongo un ejemplo para que no haya malos entendidos, si por algo nosotros estamos cabreados o disgustados con algo, nos limitamos a poner cara de choto, nos sentamos en el sofá a ver la tele y allí permanecemos impasibles, inertes, en silencio… le estamos dando vueltas a lo nuestro y PUNTO. Que ahí es donde soléis cometer un error generación tras generación, intentáis inmiscuiros en nuestros “profundos pensamientos” (que a lo mejor hace ya media hora que han dejado de ser profundos y estamos pensando en qué película salía Michael Caine disfrazado de payaso… jajajaaa). Y claro, se está fraguando un ya conocido diálogo:

    - ¿Qué te pasa?

    - Nada- solemos responder como sorprendidos…

    - Algo te pasa…

    - Que no me pasa naaaada… (nuestro tono cambia debido a que ya nos vemos venir el resto de la película…)

    - Annndaaa… dime que te pasa…

    - Que en serio que no me pasa naaada…

    - Pues no me lo cuentes si no quieres… su tono también ha cambiado… (chungo).

    - De verdad que estoy bien, jodé, estoy tan tranquilo, nada más… (error grave, ella puede interpretar “estoy tan tranquilo” por “no me molestes”).

    - Bueno, vale, pues te dejo en paz… y se aleja de tu lado… (chungo otra vez).

    Pasan varios segundos… silencio… ponemos cara de “bueno, pues cabréate si quieres” pero lo cierto es que tenemos los huevos como cuando salimos de la piscina… encogiditos. 

    Entonces, levantas el culo del sofá, con un sonoro resoplar nasal, y vas hacia donde está ella, con cara de “que la Fuerza me acompañe”, e intentas que se le pase el disgusto…

    -Venga, va, que de verdad que no me pasa nada, que sólo estaba ahí, con la mente en blanco, no estaba pensando en nada…

    - En algo estarías pensando… ¿no me dices tú a mí que no se puede estar pensando en nada?

    ¡¡¡Ahí nos cazáis siempre, coño!!! (El hombre, no la mujer, es el único animal que tropieza la hostia de veces en la misma piedra, no pasarán más de diez días sin que le digamos otra vez que no se puede pensar en nada… doy fe).

    - Bueno pero… que no, que no estaba pensando en nada, de verdad.

    Es entonces cuando, disfrazado de perdón, ella dice con mirada tierna…

    - Bueno, vale, ¿seguro?.

    - Que siiiií… de verdaaad…

    Te mira como si pudiera meterse dentro de tu mente… tú intentas poner cara de poker… un breve silencio… y por fin hace como que se lo cree…

    - Vale… pero es que tenías una cara que…

    - Que no, cariño (se puede sustituir por cualquier apelativo cariñoso), es que no voy a estar todo el día hablando, a veces estoy callado y ya está.

    Y es en este momento cuando, para evitar que siga el tema, le hacemos cualquier cosita cariñosa, para ver si se le olvida, cosquillitas… un besito… cualquier memez que se nos ocurra en ese momento. Ella te sigue el rollo, que si jijiji… que si jajaja… en fin, que parece que la cosa se arregla, y como quien no quiere la cosa, no sea que nos pongamos cariñosos, que eso en los tíos está muy mal visto, nos retiramos tan tranquilos y volvemos al sofá, donde por fin podremos seguir pensando en la película esa del Michael Caine…

    Pero la venganza es un plato frío que os encanta degustar, guapitas, y entonces volvéis a romper nuestra meditación para decir…

    - Cuéntame algo…

    Diossss, no hay mejor frase para provocar un bloqueo instantáneo de tu capacidad de hablar.

    - ¿Qué quieres que te cuente?

    - No sé, algo.

    - Jodé, no sé… eeeh… yo qué sé… es que si me dices que te cuente algo no se me ocurre nada…

    - Es que casi no hablamos, nunca me cuentas nada…

    En fin, que la tortura puede durar varios minutos, depende del grado de cabreo anterior…

    No hay ninguna duda, somos radicalmente diferentes, no vemos igual, no olfateamos igual, no oímos igual, no recordamos igual…

    A la hora de ver algo, nuestro sentido de la vista es del tipo “cardinal”, vamos, que sólo vemos en los cuatro puntos cardinales, norte, sur, este y oeste, y a las pruebas me remito…

    Por ejemplo, estamos a punto de cenar, vosotras estáis en el salón y nosotros en la cocina porque hemos ido a por una cervecilla, por decir algo, y escuchamos desde el salón…

    - Cariñoooo… traeme el queso fresco…

    Al cabo de unos segundos, pocos segundos, respondemos.

    - ¡¡¡No hay!!!

    - ¿Cómo que no hay?, si compramos el jueves.

    - Mmm… que no, que no hay… te lo habrás comido.

    - ¡¡¡Qué me lo voy a comer!!! mira bieeeen, que tiene que estaaar…

    - Pues yo no lo veo…

    No hacemos más que terminar esa frase cuando aparecéis en la cocina, abrís la puerta de la nevera y sin dudarlo ni un segundo apartáis cualquier cosa y… ¡¡¡aparece el puto queso!!!.

    - Ah… estaba ahí… (decimos con cara de tonto), claro, lo pones detrás de todo…

    - Si claro, lo que pasa es que la nevera tiene fondo, no sólo está lo que hay delante, lo que pasa es que no buscas, abres la puerta, te quedas como observando una aparición mariana, y ya está (lo que decía antes, miramos arriba, abajo, a los lados y ya…).

    Este ejemplo vale para cualquier otro lugar, un armario, un cajón…

    Y hablando de los sentidos… ¿por qué coño os molesta tanto la música alta? algún día lo averiguaré…  ¿o será que os jode no poder decirnos “cuéntame algo”?

    Bueno, está comprobado que no vemos igual, quizá la diferencia estribe en que nosotros vemos y vosotras miráis. Es acojonante la de cosas que veis cuando miráis, lo que pone de manifiesto otra característica común en todas la mujeres, la memoria. Nosotros, dada la sencillez con la que vivimos, no nos complicamos la vida reteniendo en nuestra cabeza todo lo que vemos, ya estáis vosotras para recordarnos todo.

    Si por ejemplo tenemos que comprar… yo qué sé… una cazadora de cuero ¿vale?,

    El: Jodé, ¿Dónde era la peletería esa que pone todo a mitad de precio en verano, donde te compraste tú el chaquetón?

    Ella: En Preciados

    El: ¿Preciados?... ¿no era por el barrio de Salamanca?

    Ella: No, no, en Preciados, no me digas que no te acuerdas, la que está al lado de la tienda esa donde me probé los zapatos esos verdes que me hacían daño en el empeine y por eso no me los llevé…

    El: Ni idea… (en realidad estás pensando “¿pero cómo coño me voy a acordar de que no te compraste unos zapatos verdes ahí con la de zapaterías que visitamos al año?”)

    Ella: Que sí, hombre, justo en frente de Zara…

    El: Ah… ¿pero hay un Zara en Preciados? ¿desde cuando?

    Ella: Sólo hace dos años… (y se le queda mirando como un conejo deslumbrado por las luces de un coche, preguntándose… “¿pero cómo se acuerda de respirar?”)

    El: ¡¡¡Jodé, pues no me acuerdo!!! El sábado me llevas y ya está.

    Sois capaces de decirnos la mayoría de comercios que hay en cualquier calle para darnos “pistas” de uno en concreto…

    Que no es normal la memoria que tenéis, digáis lo que digáis, y lo que más nos jode es que, aun sabiendo que nosotros no tenemos ese don, nos ponéis a prueba cada dos por tres.

    Y cuando de repente nos soltáis: “¿te acuerdas de lo que estábamos haciendo el año pasado por estas fechas?”, pero… ¿pero no os dais cuenta de que no recordamos ni lo que hicimos dos días antes?, entonces, para variar, decimos bajando el morro… “jodé… ni idea…”, y os ensañáis con nosotros dándonos una lección de nuestra historia contemporánea contándonos que estuvimos en tal restaurante en tal calle y que llevabais tal vestido, y que cenamos no sé qué y que no nos gustó el no sé qué y que allí nos dimos cuenta de que nos gustábamos porque fue una noche muy especial para los dos y por eso no se le olvida… finalizando con un “no sé cómo no te acuerdas”. Pero lo jodido del tema es que dentro de un año tenemos que recordar que no nos acordamos de lo que nos preguntasteis… en fin…   

    Vamos a imaginar que estamos de compras ¡¡¡que es la hostia ir de compras con vosotras!!!

    - Vida (u otro apelativo cariñoso…), ¿qué chaqueta me va mejor con la falda verde del cinturoncito, esta o esta?

    - Emmm… (pones cara de pensar y todo, pero no tienes ni puta idea de que falda te habla) yo creo que esta… (dudas) ¿no?

    - No sé, es que la otra también me va…

    - (Vaya por Diossss…) Sí, la verdad es que te van las dos, no sé, la que más te guste.

    - Es que me gustan las dos, si te lo pregunto es para que me eches una mano… (te mira, y al momento te hace la temida preguntita…) ¿no te acuerdas de la falda, no?

    - Sí, jodé, eeeh… bueno, no (y tratas de justificarte) pero si no me acuerdo ni de mi ropa… (con carita de “pobre de mi”).

    - Ya.

    Y es que tooodo lo tenéis que combinar, coño. Os juro por Freddie Mercury que odio los bolsos.

    - ¿Este bolso me va bien con los zapatos de verano?

    - Sí… vamos… sí… ¿no?... es clarito y eso…

    - Si es que a ti te da igual.

    - Yo qué sé (por enésima vez) si es de verano, pues es de verano…

    - Ya claro, y como es de verano, me lo puedo poner con las sandalias rojas ¿no?…

    - Coño, pues cómprate un bolso rojo.

    - No sé para qué te pregunto, si a ti te da igual…

    - (Pues eso digo yo…) Que no me da iguaaal, pero es que… es que… tú sabrás lo que necesitas.

    Pero lo más curioso es, que aun estando claro que no os servimos para nada en lo referente a estilismo, nos lleváis siempre de tienda en tienda, claro que, la razón está muy clara, SOMOS VUESTRO PERCHERO PERSONAL.

    Vais por el pasillo de la tienda arramplando con todo, sin problemas, dos pantalones, dos camisetas de tirantes, una blusa, un vestido… y todo lo colocáis cuidadosamente en nosotros, que acabamos con un dolor de dedos de sujetar las perchas que no os imagináis, coño. Pero para rematar la faena, nos acopláis la chaqueta o la cazadora o lo que os hayáis puesto en casa para salir, porque os molesta para ir cogiendo lo que os vais a probar.

    Total, que vamos hacia el probador, vosotras con el bolso, y el “mozo” detrás con todo el “ajuar”. Pero ahí no acaba la cosa, lo peor está por llegar…

    Entráis en el probador (os cambiáis antes si nosotros no entramos con vosotras, porque claro, con tantos “¡¡¡estate quieto!!!” no acabáis nunca), comenzáis a probaros la ropa, pero con cada prenda… nos llamáis…

    - Cari, entra.

    (Entras… temeroso)

    - ¿Cómo me queda?

    Esta pregunta es… LA PREGUNTA. Si decimos que “bien” puede haber varios problemas:

    * La respuesta os parece demasiado escueta, lo que interpretáis que nos importa un huevo cómo os quede.

    * Interpretáis (aun nadie ha sabido explicar por qué) que estamos mintiendo y no queremos deciros la verdad para que no os enrolléis más de la cuenta y largarnos cuanto antes de allí, lo que nos llevaría al punto 1.

    * Después de decir “bien”, tenemos que argumentarlo (de forma creíble), si no, volvemos otra vez al punto 1.

    Pero esta temida pregunta tiene una variante aun más cruel…

    - ¿Qué tal me queda, no me hace gorda?

    Hossstia… esta sí que es la quintaesencia de las preguntas, que, casualmente, también conlleva a una serie de problemas:

    * Si respondemos que “no”, dais por hecho que es que “sí”, pero no lo decimos porque no queremos que os enfadéis.

    * Seguimos con el “no”, pero con un tono aparentemente cansino (normal estar cansados de tanto paseito), por lo que contraatacáis con alevosía, ¡¡¡no me digas que no me hace el culo como un mapamundi!!!

    * ¡¡¡Has caído como un gilipollas!!! Por lo que, a partir de ese momento te andas con pies de plomo, lo que condiciona todas tus respuestas siguientes… (y lo detectáis).

    * Si tienes los cojones de decir “sí”, has de hacerlo a la primera, si tardas demasiado y al final reconoces que “posiblemente te hace un poquito de culo”, será interpretado como que serías tan osado de permitir que fuera por ahí “hecha un adefesio”, por lo que, dicho culito, te será esquivo una larga temporada…

    Y no olvidemos el interminable ir y venir del probador a las distintas secciones del comercio. Me recuerda a los entrenadores cuando le dan instrucciones en la banda al jugador que está a punto de salir al campo: “toma, mira a ver si de este pantalón lo hay en azul y me lo traes también una talla menos, por si acaso. La falda nada, no me gusta. ¿Te acuerdas de donde estaban esas camisetas de flores que me gustaban?, pues justo al lado están estas blusas, mira a ver si hay otra como esta, que está manchada, anda… ¡Ah! y como puedo pasar seis prendas, mira a ver si encuentras algo que me vaya con el pantalón, ¿vale, vida?” Total, que sales del probador con toda la ropa descartada repitiendo en tu cabeza todo lo que te ha dicho para no meter la pata. Y el caso es que lo tienes clarísimo, hasta que llegas a la sección de pantalones, es como si de repente vieras en blanco y negro, los colores se te funden, ya no sabes si ese pantalón es azul grisáceo o gris azulado, y como todo ese puto año se llevan las camisetitas con flores, no sabes dónde coño están las putas blusas… en fin, qué os voy a contar que no sepáis.   

    Cuando nosotros vamos a por unos pantalones, pues nos los ponemos, y si nos están bien, nos los llevamos, si no, pues cogemos otro y punto. Una camisa es una camisa, y si no nos podemos poner algo de la talla que sea, no lo intentamos para no sufrir, pero no lo vamos pregonando por ahí… pero si en el fondo os gustaría ser tan sencillotas como nosotros.

    Hemos quedado para tomar algo con unos amigos, nos ponemos lo que en ese momento consideramos que es más apropiado o simplemente nos apetece, hasta ahí todo normal ¿no?, pues no, no haces más que ponerte la cazadora que te apetece cuando desde el fondo del pasillo se os oye decir “¿te vas a poner esa cazadora con ese pantalón?”, coño, está claro que sí, si no hubiera elegido otra, digo yo… “emmm… sí, ¿por?” (pa qué preguntas…) “no… vamos… que… no me gusta nada como te combina con el resto” (a veces te llegas a preguntar si es a ti a quien llama “resto”) “bueno, vale, ¿cuál me pongo?”. Aquí hay otra cosa que nos diferencia, vosotras preguntáis “qué me pongo”, donde, “que”, quiere decir “de entre todo lo que hay en el armario”, con lo que nos estáis diciendo que tenemos que volver a ir otro día a comprar. Nosotros decimos “cual”, porque damos por hecho que ya nos habéis vestido mentalmente a vuestro gusto… ¡¡¡incluso antes de saber que íbamos a quedar!!! Nos torturáis con la mierda de los colores, jodé, vamos a ver, para un tío, un folio rasgado no es un color… ¿qué coño es eso del “blanco roto”? ¿y el “palo rosa”? vamos, no me jodas, el rosa es rosa, más claro o más oscuro pero, rosa.

    El caso es que al final, os salís con la vuestra, como casi siempre, y no me digáis que no, que con el rollito ese de “llevar los pantalones” parece que siempre salimos ganando nosotros, y sabéis perfectamente que no.

    Para bajar la basura no hay problemas, pero para comprar una tele nueva… jooooder, como no esté la pantalla sujeta con esparadrapo…

    ¿Y por qué siempre odiáis las camisetas que nos ponemos para estar en casa? Si nos fijamos, el 99% de los trapos que hay en el armario para limpiar el polvo, han salido de esas camisetas… ¿sí o sí? cuando una nos desaparece “misteriosamente”, ya sabemos donde buscar.

    ¿Sabéis de algún hombre que haya osado decir a su pareja que se tiene que cortar el pelo o que no le queda bien? entonces… ¿por qué coño vosotras sí lo hacéis con nosotros?

    ¿Sabéis de algún hombre que haya osado decir a su pareja que le hace falta depilarse? entonces… ¿por qué vosotras nos obligáis a afeitarnos?

    ¿Sabéis de algún hombre que haya osado decir a su pareja que está echando culo? entonces… ¿por qué vosotras os metéis con nuestros relajados abdominales?

    Yo sí lo sé, se resume en una palabra: SEXO.

    No nos engañemos, nos tenéis dominados por culpa de nuestra predisposición al placer carnal, que no tiene nada que ver con comerse un buen chuletón… aunque, ahora que recuerdo… ¿no se decía antes lo de “darse el filete”? bueno, no sé, que me disperso…

    Podríamos estar horas y horas hablando de sexo y sin embargo, escasos minutos practicándolo… vamos, que no es que hable por mí, vaya, que yo me limito a transcribir lo que se oye por ahí… (glub!). A mi modo de ver, hay una especie de leyenda sobre el tema que perjudica claramente a las dos partes, es tan simple como una cosa que hacemos que nos da gustirrinín, no hay que buscarle tres pies al gato, a veces dura más, otras dura menos, a veces no está dura… ¡¡¡uy, perdón, en qué estaría yo pensando!!! (en “exo”, jejeje…). ¿Y dónde se puede disfrutar de este placentero acto? pues prácticamente donde nos de la gana, ¿y cuando es el mejor momento, mañana, tarde, noche…? pues muy sencillo, CUANDO VOSOTRAS QUERÉIS… ¡¡¡joder!!! (nunca mejor dicho…).

    No es justo, coño, sabéis que nos dominan primitivos instintos y lo utilizáis como arma, luego os quejáis de que somos unos moscones, o cosas peores, si es que lo ponéis muy difícil, y no digáis que no. “Si a mí también me apetece, pero es que ahora…” ¡¡¡ahora qué, hossstia!!!

    Cuando apetece, apetece, y ya está. Me parece a mí que os montáis unas películas muy raras con el tema. No sé a quien se le ocurriría la frasecita de “hacer el amor”, pero a nosotros nos ha jodido vivos. El sexo es sexo, y puede darse la circunstancia de que quienes lo practican, además se aman y tal, pero, el gustito está ahí ¿no? Además, ¿no se supone que sois vosotras las que podéis alcanzar el orgasmo de varias maneras? coño, pues sed más ambiciosas, ¡¡¡buscad más!!! aunque quizá los que tenemos que buscar más somos nosotros, porque el puntito “G” de los cojones nos tiene contentos. ¿Y por qué lo de la “G”? ¿por lo de “Gilipollas, que no lo encuentras”? si es que además os cachondeáis de nosotros, porque os ponéis muy dignas con lo de “el tamaño no importa”, pero es acabar la frase y nos miráis con una cara cachondeo que nos encoje hasta la barriga, coño. Dais donde más duele. Claro que, nosotros no es que seamos el no va más de la delicadeza, pero en el fondo la culpa no es nuestra, jo, nadie nos ha explicado que tocar una teta no es como exprimir un pomelo, ¿no?

    Aiiinsss… con lo facilito que os lo ponemos nosotros y la de rodeos que tenemos que dar para conseguir echar un pol… ejem… para conseguir vuestros favores.

    Se supone que somos unos brutos y que tenemos la sensibilidad justo “ahí”, y entonces, como una especie de “castigo divino”, hemos de ser capaces de captar vuestras señales, que son las que indican que, efectivamente, también tenéis deseos de “conocer” íntimamente al “pollo” que os está dando la barrila hace dos horas. Que incluso ahí también jugamos con desventaja, nuestra “señal” está a la vista, pero las vuestras, además de sutiles, las exhibís intercaladas con trampas, cuando tocas el botón equivocado, la única señal que aparece es la de “Stop”.

    Hay señales muuuuy claras, que hasta nosotros la pillamos a la primera. Si nos acostamos y os metéis en la cama como para subir al Everest, nos dais un beso de buenas noches y os giráis para dormir, esa noche a pan y agua…

    Si después de cenar os despedís y os vais a dormir, con un explícito “hasta mañana”, precedido de un “me muero de sueño, me voy a acostar” o “buff… estoy agotada, me voy a la cama”, volvemos a la dieta de pan y agua…

    Pero si, porque hay un Dios misericordioso, os vais a la cama sin despediros, y nos decís “¿no te acuestas?”, nos metemos raudos y veloces en la cama y… no lleváis braguitas… todo parece indicar que esa noche tendremos nuestros minutillos de gloria…

    Pero incluso en ese momento, nos tenemos que andar con ojo, porque claro, como tenéis el rollo ese de los prolegómenos grabado a fuego pues… no se puede dar rienda suelta a nuestros primitivos impulsos… a que me explico… ¿y por qué os gusta tanto lo de estar abrazaditos después de…? también se disfruta con un buen banquete y luego no nos abrazamos a los platos, ¿no?.

    Si es que sois “rebuscás” hasta para las fantasías sexuales, joder. ¿Cómo son nuestras fantasías sexuales? Fácil, una tía buenorra en bolas dispuesta a caer en nuestros… “brazos”, punto. Nos da igual que sea en una isla paradisíaca, en un portal, o en el segundo anfiteatro del Santiago Bernabeu, sin cenar antes ni hostias, total, como es nuestra fantasía sexual, pues trata sólo de sexo. Ahora bien, en vuestras fantasías, según tengo entendido (si es que se os puede entender en algo…) se supone que el tío no tiene por que estar buenorro, que os gusta más un hombre atractivo… vale. Luego le hacéis gastarse al hombre una pasta invitándoos a cenar en un restaurante de esos con velas y con un ambiente íntimo, champagne o un buen vino, exquisitas viandas, un postre anti-operación bikini… Después de cenar os vais a dar un paseo los dos solos, quizá él posa suavemente su brazo alrededor de vuestra cintura… habláis, os reís, porque es muy importante que os haga reír (es una prueba de que, además de que el muchacho está pa mojar pan, además tiene cerebro) y no le gusta el fútbol. Tras una encantadora velada a la luz de la luna ¡¡¡ZASSS!!! aparecéis en el dormitorio (p´abreviar), mu bonico también. Poco a poco, la atracción que durante la noche ha surgido entre vosotros, va abriendo paso a la pasión, pero no la que ya conocéis en la “tierra” (¿… ya?), no, esta es una pasión comedida, respetuosa, sensual, en la que uno por uno, recorréis con vuestras caricias cada centímetro cuadrado de vuestros cuerpos (y ahí hay muchos centímetros, falsas, que sois unas falsas) hasta que el fuego de vuestros cuerpos se convierte en una hoguera en la que, tras varias horas de placer (¡¡¡ja!!!), no dejará más que los rescoldos de lo que ha sido la mejor noche de vuestra vida… y luego os despertáis al lado de el de los dos minutos, ¡¡¡jodeos!!!

    Bueno pues… me parece a mí que ya está bien. Podría estar mucho más tiempo escribiendo sobre el tema, pero me da a mí que, los que habéis aguantado hasta aquí os merecéis un justo descanso, así que, id a poneros el colirio y preparad vuestros deditos para lo que sea que me queráis contar, si es que me queréis contar algo, claro.     

    En definitiva, que estamos condenados a compartir planeta, nos guste o no, aunque yo creo que sí que nos gusta a pesar de todo ¿no?. Fin.

     

    Nota: el autor de este relato no se hace responsable de las opiniones vertidas en el mismo (por si acaso…).

     

    Fdo. Luis Gómez.