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June 20 Godos, mejillones y demás fauna...
Hola hermosas y hermosos, héteme aquí de nuevo para contaros, a “grosso modo”, algo que hicimos mi moza y yo el pasado fin de semana… no, si fuera “eso” no lo iba a contar en el espacio, coño, además, tampoco sería tan excepcional como para que fuera noticia… bueno, mirad, ¡¡¡que os importa un huevo lo que hago en mi casa!!! A lo que iba, que me liáis… resulta que, cierto día entró en mi espacio para dejarme un comentario una tal “Maite” (con una horrenda Mafalda como imagen… esto os lo digo a vosotros en “petit comité”, no lo casquéis ahora por ahí), la chica en cuestión me cayó muy bien (a pesar de la rechoncha esa del pelo de escarola que rompía la maravillosa estética de mi elegante espacio), y tras mantener contacto a través de nuestros espacios día tras día, la verdad es que nos llevábamos “tupendamente”, hasta que, un terrible día, debido a un malentendido fruto de su maligno cerebro, me dijo que se iba a chivar a su marido de que le había llamado ¡¡¡“gentuza”!!!, nada más lejos de la realidad, y me decía que era mu aaaalto, y mu forniiido y mu de tó, la mu joía… así que, no tuve más remedio que hacerles la pelota y tratarles como si tal cosa para ver si se olvidaba de mí el Hulk de Las Canarias ese … pero bueno, como el tiempo pasó y no recibí ninguna yoya vía e-mail, pues di por hecho que la cosa se quedó en el olvido y además, la chica parecía maja y eso. Cierto día, la muchacha, se me abrió… sí, sí, como lo leéis, me abrió su corazón y me confesó que no se llamaba Maite, que su verdadero nombre era… ¡¡¡Elisa!!! Y esta chica que vive allende los mares, en las “islas afortunadas” que les llaman, vino el pasado güiken a Madrid, y claro… ¡¡¡no man quedao maj cohone caguantarles!!! Sí, sí, lo digo en plural porque vino con “su Paco”, por lo que podréis suponer que yo no las tenía todas conmigo, era posible que mi integridad física peligrara, así que, hice lo que todo tío de pelo en pecho hace en estos casos, fui con mi mujer pa que me protegiera… así que no me los tuve que tragar yo solito, menos mal… Y llegó el ansiado momento, a mediodía, bajo el reloj donde cada Nochevieja dan las campanadas, en plena Puerta del Sol, tuvo lugar el feliz encuentro. Taba yo tan tranquilo pensando en mis cosas, cuando Rocío interrumpió con un sorpresivo -¡¡¡ahí están!!!- mis trascendentales pensamientos (“mira que si nos caemos como el culo…”). Y me giré para comprobar que, efectivamente, eran ellos. Acto seguido, lo típico, “holaaaa, ¡¡¡muaks, muaks, remuaks!!! ¿qué tal?, jo, qué ilu, bla, bla, bla…” y Elisa rompió el guión lógico de primer contacto para soltar, mirándome… “pues os ha conocido Paco…” (¡¡¡ya está!!!, el tío se ha quedao con mi cara y venía directo a por mí, toy perdío”- pensé pa mí mimmo…) El caso es que, el fornido “muyayo” (fornido según su amada, claro) no parecía tener intención de retorcerme es pescuezo, lo que deseaba era… puesss… lo más lógico cuando vienes a Madrid ¡¡¡comer mejillones!!! y esto no es un juego de palabras para ocultar una lasciva idea o algo así, es literal, como que estoy pensando en hacer un viaje a Huelva para comer butifarra, tan típica por aquellas tierras, no te jode… El caso es que, como a Rocío y a mí nos gusta todo, pues nos parecía bien, y dado que ninguno de los dos conocíamos ni un puñetero lugar donde los mejillones fueran la vedette de la carta, pues Paco, se ofreció a llevarnos a un bar que conocía por la plaza de Jacinto Benavente (uno de los lugares que mi moza y yo más odiamos de la ciudad), por lo que seguimos su estela confiando en que sabía donde iba. Y mientras él se encaminaba muy seguro de sí mismo, Elisa, Rocío y yo, charlábamos entretanto de trivialidades, aunque yo no perdía ojo al guía, miraba demasiado a los lados de la calle, disimulando, eso sí, como quien hace turismo… por lo que decidí indagar con mi habitual diplomacia, claro está… - Paco, ¿tas seguro de que es por aquí?- dije con una maliciosa sonrisilla… -sí, sí, estamos llegando…- respondió con seguridad, por lo que seguimos subiendo la calle hasta que, sucumbiendo a la cruda realidad, se volvió hacia nosotros y dijo señalando un bar… ¡¡¡pero si estaba allí, al lado del bar Las Bravas!!! jojojoooo, “no, si Paco sabe donde está”, me dijo Elisa el día anterior por teléfono. Total, que como teníamos sed y estaba claro que el guía se había dejado en casa el GPS, pues nos metimos en el primer bar que encontramos, no muy lejos, justo enfrente, no fuera que acabáramos en Huesca. Y… pues lo normal en estos casos, bueno, normal, normal, tampoco, porque mi querida Elisa, que no sé si es que se había levantado muy tarde o que es así de rara, va y se pide un café con leche… ¡¡¡a las dos de la tarde!!! pero bueno, no le dimos importancia, será una costumbre isleña… Estuvimos un buen rato charlando, bebiendo, riendo, comiendo, aunque, muy a pesar de todos ¡¡¡no quedaban mejillones!!! Fuimos a tomar un café y unas copas a un café de la zona, allí Elisa se desató del to y comenzó a contarnos curiosas intimidades de sus vidas cotidianas… Lógicamente, un caballero no airearía intimidades que le han sido confiadas en privado, pero como quien está escribiendo esto soy yo y no el caballero ese, pues ahí va… Que nooooo, que no voy a soltar preeendaaaaa, jejejejeee… que por cierto, se pasa todo el día dándome la vara con lo fashion y lo pija que es y tal… ¡¡¡y parecía que venía del casting de O.T.!!! Si que nos contó Elisa, que se imagina cómo huele la gente sólo con verla, ¡¡¡pues no me dice que a Beyoncé le huelen los pies!!! que mala es la envidia, coño… la pregunta es a qué cojones le oleré yo ahora que me conoce en persona, espero que no relacione los mejillones conmigo… Como os digo, es maja la chica, pero la mala leche la tiene por arrobas, se descojona toa contando lo patoso que es Paco, incluso le pone como ejemplo de la leyenda urbana que dice que “todos los altos son patosos”, y nos cuenta que va arrasando por los aeropuertos tropezando con todos y con todo… ainnnnsss, me da a mí que este Paco es descendiente del Santo Job. Y nos contó también una historia de que a los de la península nos llaman Godos por no sé qué excusa de algo que hicieron unos grandes almacenes y no sé qué… el caso es que, entre bromas y risas nos llamó Godos de mierda como quien dice que parece que por fin llega el verano… y luego es ella quien me azuza al marido para que me parta la cara, qué poca vergüenza. Ah, por cierto, creo que ya sé por qué salí indemne del encuentro, en un momento de la tarde, Elisa me dijo, como decepcionada, no creáis… “oye, Luis, pues yo te imaginaba más pequeño…” claaaaro, con “pequeño” querría decir “enclenque”, pero como se encontraron con noventa kilos de fibra y músculo, pues se debieron cortar a la hora de montar gresca ¡¡¡los he calao!!! A media tarde decidimos abandonar el café de las oscuras confesiones y despedirnos, ya que habían quedado y se les hacía tarde, cosa que nos vino muy bien a Rocío y a mí porque teníamos ya la cabeza como un bombo. Y en el momento de la despedida, al igual que en el del encuentro, Elisa volvió a soltar otra perla… “me ha hecho mucha ilusión conoceros, bueno, conocerte a ti, Rocío, que a Luis es como si ya lo conociera, como hablamos tanto por teléfono…” ¿Qué hablamos tanto por teléfono? todos los días, no te jode, ¡¡¡si luego la llamo y no me lo coge la puñetera!!! Ahora que… arrieritos somos…
Bueno, mis queridos ciber-amigos, por primera vez y sin que sirva de precedente, lo que habéis leído hasta ahora es una burda, falaz y joía exageración. Puedo aseguraros que pasamos una tarde excepcional los cuatro… los cuatro ¿no, Elisa? Son una pareja absolutamente encantadora y muy divertidos, nos dio verdadera pena tener que despedirnos. Estamos seguros de que volveremos a vernos muchas veces porque me da en la picota que, como dijo (más o menos) Humphrey Bogart en la última frase de Casablanca… “creo que este es el comienzo de una gran amistad”.The end. Fdo. Luis Gómez.
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