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    September 19

    Me voy de "güiken"

     
    Hola, chatas y chatos:
    Este fin de semana "nostaré pa naide". Nos vamos por ahí a celebrar nuestro 11º aniversario... jatetú, quien nos lo iba a decir a nosotros... me refiero a mi moza y a mi, vosotros no tenéis nada que ver en esto, jodé, que os apuntáis a un bombardeo... jajaajajaaa.
    Bueno, pos eso, que nos vamos a disfrutar el uno del otro a la montaña, tan tranquilitos...
    Besos, majos. Como dijo aquel... "VOLVERÉ"
     
    Fdo. Luis Gómez.
    September 11

    ¡¡¡Qué vivan los novios!!! 2ª parte...

     

    En el capítulo anterior...

     

    Un encantador y dulce joven, al cual ha aceptado en matrimonio otra encantadora y aun más dulce joven, busca con ahínco un sagrado templo en el que poder llevar a cabo los ansiados desposorios que sellarán ante Dios el amor que entre ellos se profesan. Pero como los caminos del Señor son inescrutables, nuestro gallardo protagonista se ve envuelto en una serie de desagradables acontecimientos que le hacen dudar si conseguirá llevar a cabo su sagrada misión…

     

    ¿Ande coño andaba yo…? Ah, sí… Ahí ya no pude más, el demonio que todos tenemos dentro emergió, me levanté de golpe cogiendo mi abrigo y con los ojos inyectados en sangre le solté… “Oiga, mire, sólo le digo tres cosas: uno, a mí me importa un huevo casarme por la Iglesia. Dos, no creo en Dios, y tres, ¡¡¡es usted un gilipollas!!!”. Y antes de que el “estresado” sacerdote pudiera abrir la boca, salí de la sacristía cagándome en su Jefe. Como podéis imaginar me crucé todo el patio del instituto de marras soltando de to, ¡¡¡de to!!!

    Lo peor de todo es que después me tuvo que soportar mi sufrida futura esposa. Lógicamente, cuando quedamos esa tarde me preguntó qué tal me había ido en esa iglesia, y cuando le conté la “aventura”, como conoce mis profundas creencias, “sescojonaba toa” con las caras que ponía…

    La parroquia en la que por fin lo hicimos, lo de casarnos, digo, estaba también por la zona de El Retiro, justo enfrente. Sí, una zona pija ¿algún problema? En esta ocasión pudimos ir los dos a hablar con el sacerdote. Que aun me queda la duda si Rocío vino para evitar altercados, no creáis. Y ahora que lo pienso… ¿por qué me regaló al poco de estar saliendo juntos una cadenita con un crucifijo…? Bueno, ya lo pensaré más tranquilamente, que me desvío del tema.

    Como decía antes, nos entrevistamos los dos con este siervo del Señor y lo cierto es que era muy amable. Durante la conversación que tuvimos nos fue explicando todo lo necesario para celebrar la boda, ¡¡¡que ojito con la mafia que tienen los curitas con el tema!!! quiero decir… que lo tienen todo perfectamente organizado. Nos empieza a decir lo de los adornos florales y tal, y que no nos preocupemos porque como hay una pareja que se casa antes que nosotros pues que podemos ir a medias con ellos y aprovecharlas. ¡¡¡Venga, coño!!! No hablamos con ellos y allí estaban las flores, que conste. Luego que si los gastos de la ceremonia, que había que dejar una “voluntad”, que jodé con la voluntad ¡¡¡25.000 pelas de las de antes!!! Como es lógico, también salió a relucir lo del fotógrafo. Conocíamos a una fotógrafa que nos haría las fotos en casa de la novia  y queríamos que nos las hiciera también en la iglesia… ¡¡¡los cojones!!! Ahí no entraba paparazzi ajeno a la parroquia, por más que insistimos no hubo manera. Y cuando salió a colación el tema del vídeo, más de lo mismo ¡¡¡pues ni que se fuera a retransmitir la gala de los Oscar, no te jode!!! Pero ahí no dimos nuestro brazo a torcer, el vídeo lo iba a grabar un amigo nuestro y punto. Y así fue. Ah, y lo de la música durante la ceremonia, que en nuestro caso fue la que quiso el cura, aunque tampoco teníamos nada en mente, la verdad sea dicha.

    Bueno, también nos explicó que había tres tipos de ceremonia, la larga, en la que se leen unos textos bastante… bastante soporíferos, coño, que no los aguanta ni Dios. Luego la según él, más común, en la que se dicen unas frases cuando lo de las arras y lo de “yo Luis, te acepto a ti, Rocío, por esposa, en la salud y en la enfermedad, y bla, bla, bla…”. Y, por último, la que maliciosamente denominaba “la de los cobardes”, que era en la que los novios sólo dicen lo del “sí, quiero”. Como para escoger esa, era capaz de excomulgarnos. Que sepáis que en nuestra boda ni se durmió nadie ni hubo cobardes…

    El caso es que todo iba viento en popa hasta que salió a la palestra EL TEMA: “el curso de preparación para el matrimonio”, TACHAAAAAAAÁN!!! Diosss, sólo de pensarlo se me ponía mal cuerpo. Aunque suene a coña, el tema nos tenía… inquietos, digamos. Aunque mi moza cree más o menos en Dios, lo de la Iglesia y sus secuaces se la trae al pairo, igual que a mí, sólo que yo soy la versión Anticristo. Estábamos intentando buscar excusas creíbles y demostrables, pero era casi imposible, porque aunque tuviéramos grandes dificultades por los horarios de trabajo, los puñeteros también daban cursos en domingo para esos casos, así que no nos libraba ni Dios, nunca mejor dicho, porque lo de que yo estaba poseído o algo así no iba a colar…

    Pero, al igual que cuando estaba buscando iglesia el Altísimo me envió una señal, para este problema el Tío se enrolló y me envió otra. Pero esta señal sí que era LA SEÑAL. Mi prima, que se casó unos años antes, nos comentó que ellos hicieron el curso de los coj… de marras a distancia. ¿¿¿Comooorrrr??? Dijimos emocionados mientras nos pareció ver una luz blanca y pura al final del túnel. Sí, primo, sí, sólo hay una Iglesia en todo Madrid que lo hace, está en Diego de León. (La joía de mi prima estudió en un colegio de monjas, ojo).

    En mi puta vida he corrido tanto para ir a una iglesia. Efectivamente, allí estaba la susodicha y allí recogimos, previo pago, claro, el temario y los tests. Porque la cosa iba de que te estudiabas una lección y la semana siguiente ibas con los test hechos y el cura que estaba allí te los corregía. Se supone que te ayudaría cuando tuvieras dudas o algo así, jejeje… iluso… yo tenía los tests de mi prima, por lo que no tuve más que copiar las respuestas y no leer ni una línea del temario ese. Hombre, para disimular, de vez en cuando fallaba alguna respuesta, pero en líneas generales el “profe” quedó bastante contento con su feligrés… con ese ojo, ahora me explico cómo quemaron tantas brujas.

    Cuando me puse a escribir estas entradas, me acordé de que tenía el temario guardado por ahí en plan “un día lo leeremos para descojonarnos”, y así ha sido. Que a mí no es que me parezca mal que haya quien crea y que tenga fe en la Iglesia y todo eso, pero coño, después de leerme “algunos párrafos” me lo explico menos. Os dejo algunas “perlas” para que sepáis de lo que hablo (transcribo literalmente, merece la pena leerlo):

    Primera perla: “El hombre.- En el trabajo da la medida de lo que es capaz “por sacudidas”. Es capaz de hacer un trabajo duro durante varias horas, tal vez durante varios meses. Incluido en los días ordinarios, se da intensamente a intervalos. Esto explica por qué siente la necesidad de arrellanarse en la butaca al volver del trabajo; no obedece necesariamente a pereza o indiferencia el que no se ponga inmediatamente a ayudar a su mujer en los trabajos de casa.

    La mujer.- En el trabajo gasta sus fuerzas poco a poco y las recupera al mismo ritmo. Excepto en el caso de que tenga entre manos una tarea que la obligue al movimiento uniforme de una máquina (¡¡¡lo  que no le va en absoluto!!!), conserva un ritmo pausado en su trabajo. Eso le permite realizar en casa jornadas de trabajo de 12 a 15 horas, desde que da al bebé el primer alimento hasta que repasa las camisas por la noche. Puede dedicarse a mil pequeñas ocupaciones que se siguen y entremezclan, sin necesidad de tomar un respiro. De un modo especial cuidará de crear una atmósfera agradable en el hogar para cuando él regrese del trabajo”.

    Segunda perla: “¿Es el sueldo de la esposa un ingreso neto? ¿Jamás os habéis preguntado si la contribución de la esposa al equilibrio del presupuesto mediante su salario, es tan grande como se imagina y se afirma corrientemente? Es posible que, antes de su matrimonio, la joven tuviera un buen sueldo (¿no las hay que ganan más que sus novios?). Pero si examináramos los hechos, lápiz en mano, sin duda veríamos que lo que la esposa aporta es mucho menos de lo que uno podría pensar, de buenas a primeras. Porque hay que tener en cuenta muchas cosas: gastos de transporte, gastos de lavado y costura (que ella difícilmente podrá realizar), gastos adicionales de alimentación y vestuario… Y también habría que restar las compras de cosas superfluas que no será fácil que evite la mujer que todos los meses cobra una paga. Mirándolo las cosas de cerca y desapasionadamente, a  menudo será menos ventajoso para la esposa ganar equis pesetas fuera de casa que administrar bien el sueldo del marido.” ¡¡¡Tócate los huevos!!! (esto es mío). Decidme, una vez leídas estos dos maravillosos párrafos… ¿Me podéis imaginar aguantando la charla del cura?, yo tampoco.

    Bueno, el tema de la iglesia y documentos, solucionado. Aunque bien mirado, es lo de menos. Porque no podemos olvidar “el resto”. El traje de la novia, el del novio, el maquillaje y la peluquería para ella, la lista de los invitados con la correspondiente colocación en las mesas del restaurante, elección de la madrina y el padrino, testigos, luna de miel (o de mielda, depende como te vaya), el diseño de las invitaciones (que hay algunas que…), la que se dedica a repartir los giliregalitos por las mesas durante el “ágape”, el que se dedica a repartir los puñeteros puros que casi nadie se fuma enteros… en fin, que como os estáis temiendo, todo esto se merece una nueva entrega. Ajo y agua. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

    September 06

    ¡¡¡Qué vivan los novios!!!

     

    “Badre del abor herboso” la que se lía cuando se avecina una boda. Como os podéis imaginar los que me conocéis, no tenía ningún interés en casarme por la Iglesia, pero como a mi moza no le convencía lo de hacerlo por “lo penal”, pues al final me las tuve que ver cara a cara con el altísimo… no, no, a Dios no le vi, lo digo por lo alto que era el cura, debía ser el pivot del equipo de baloncesto (yo no digo basket) de la parroquia.  

    Pero claro, lo de casarse no es sólo decidirlo y ya está, conlleva muuuchas horas de preparación y organización. De ahí lo de “con la Iglesia hemos topao”, supongo.

    En nuestro caso fui yo quien se dedicó a patearse las parroquias y los restaurantes para conseguir unificar fechas, porque claro, quedaría raro casarnos un sábado y quedar con los invitados un miércoles ¿no? El caso es que, a priori, lo fundamental debe ser la iglesia donde te vas a casar, y una vez escogida esta, buscar fecha en los restaurantes que te gustan ¿no? Pues bien, nosotros estábamos empeñados en celebrar nuestra boda en cierto   restaurante que nos encanta, lo teníamos clarísimo. Tanto es así que, aunque lo primero que hicimos fue ver si había fecha libre en la parroquia que le correspondía a Rocío, tuvimos que desestimarla porque ese día no estaba libre “nuestro” restaurante. Ahí empezó un problema. Resulta que para poder cambiar de parroquia tienes que obtener el cambio a través del no sé qué eclesiástico. “Bueno, pues habrá que ir pallá” -pensé-, y pallá que fui (Pallá, está justo detrás del estadio del Rayo Vallecano, por si teníais curiosidad).

    El caso es que una vez allí, me entrevisté con un… un cura, supongo, porque iba todo de negro, y me fue explicando la documentación necesaria para obtener permiso para el cambio de parroquia. Vamos, cuatro gilipolleces y un agujero en el bolsillo, porque te lo curras tu todo y lo único que hacen es ponerte un sello en el puñetero expediente y ¡¡¡ala, a soltar la pasta!!! Pero lo importante es que, pasado este trámite, ya eres “libre” para casarte donde te de la gana. Y digo yo, ¿no dicen que Dios está en todas partes? pero bueno, ese es otro tema…

    Bien, superado este primer obstáculo, me dispuse a buscar una iglesia donde podernos casar en la fecha elegida, que teniendo en cuenta mis creencias, es como pedirle a una gacela que elija con qué guepardo quiere compartir piso. Entonces, una duda asaltó mi mente, -y… ¿en qué iglesias miro?- Teniendo en cuenta que en Madrid debe haber CIENTOS de ellas la elección parece fácil, pero de primeras sólo te vienen a la mente las, digamos, más espectaculares o famosas de tu ciudad, que casualmente son en las que no encuentras hueco hasta por lo menos dos años vista. Así que pones los pies en la tierra y aceptas la cruda realidad, te casarás en la que tengas libre el día “D”, y punto. Así que, a ello me puse. Si os soy sincero no tuve que buscar demasiado, si no recuerdo mal fueron cuatro o cinco nada más. Todas se perdieron la oportunidad de casarnos por no coincidir con la fecha del restaurante, no hubo otro motivo. Todas, menos UNA. Diossssss, sólo de recordarlo me caliento… Os cuento. Aquel día era como cualquier otro, cogí el metro, me fui a un par de iglesias y, a media tarde llegué a LA IGLESIA. Esta estaba dentro del recinto de un colegio, pero nos llamaba la atención cada vez que pasábamos delante de ella con el coche por la zona, cerca del Retiro, y además no parecía muy complicado aparcar, cosa a tener en cuenta en Madrid, doy fe. El día era gris, frío y lluvioso, como una premonición de la “tormenta” que se iba a desencadenar en unos minutos…

    Antes de entrar me fumé un cigarro, tomé aire, oculté los tres seises que tengo en el cuero cabelludo… (que no, que no, que es broma…) y entré en el recinto. Me quedé con cara de tonto porque estaba todo tan oscuro que no sabía hacia donde dirigirme, pero el Altísimo (este el de verdad) me envió una señal y vi como un cura cruzaba el patio y entraba en una especie de casa. Le seguí y una vez dentro observé como se metía en una habitación y me dirigí hacia ella. Aunque la puerta estaba abierta preferí llamar golpeándola suavemente con los nudillos: “toc toc toc… ¿se puede?”. El cura en cuestión se disponía a cambiarse de ropa, lo digo porque se estaba quitando el alzacuello, no estaba en paños menores… El caso es que ni me contestó, se limitó girar la cabeza y mirarme con inquisidor gesto. “Mire, es que mi novia y yo nos queremos casar y quería ver si aquí tienen fech…” -¿no ves que aquí no es?- me dijo el tío sin dejarme terminar la frase. En ese momento estuve tentado de darle una… oblea, pero como el amor lo puede todo y yo estaba allí dispuesto a encontrar por fin donde poder casarnos, pues, agaché las orejas, tragué saliva, y le contesté con tono conciliador, “ah, ya, bueno, es que no conozco esto y no sé donde tengo que ir”,  -¿pues donde va a ser?, ¡¡¡en la sacristía!!!-  giró la cabeza y siguió con lo que estaba haciendo pasando de mí como de la mierda. Me hubiera ido de allí en ese instante pero, me quedaba aun una pregunta por hacerle. Me armé de valor, me deshinché la vena del cuello y me atreví a hablarle de nuevo, “perdone otra vez… ¿y dónde está la sacristía?... (glub!)” se giró bruscamente, vino directo hacia mi (“no si, al final me llevo yo la oblea”, pensé) y me dijo: -cruzando el patio, el edificio de enfrente- y cerró dando un portazo.

    Salí de allí de una mala hostia… ¡¡¡de una mala hostia!!! Total, que una vez en el patio saqué un cigarro, me lo fumé tranquilamente para tranquilizarme y, pasados unos minutos y después de unos cuantos “juramentos” en arameo, entré en dicha sacristía. Allí había una señora con aspecto de ser asidua a las reuniones parroquiales que debía ser la secretaria del sacerdote, así que le pregunté si podía recibirme el “jefe” para ver lo de la boda. Me contestó muy amablemente invitándome a sentarme, porque en ese momento el padre estaba ocupado y no podía atenderme. Me senté y, comencé a curiosear, observando que el padre en cuestión tenía la puerta abierta, estaba sentado en su mesa de madera tallada, se le veía concentrado, ensimismado en sus quehaceres, la blanca luz de un flexo iluminaba… ¡¡¡un periódico!!! El ministro de la iglesia de las narices estaba leyendo tranquilamente mientras me hacía esperar allí sentado con cara de imbécil ¡¡¡más de veinte minutos, coño más de veinte minutos!!! Me empecé a encabronar, me vinieron a la cabeza escenas de La semilla del Diablo, El exorcista, La profecía… vamos, que estaba calentito cuando por fin se dignó a atenderme…

    -Buenas tardes, venía para ver si tenía fecha libre para una boda- le dije intentando ocultar mi cara de cabreo…-vamos a verrr… vamos a verrr…- me contestó sacando un tocho de libro que ni El Quijote, -¿para qué día?- me preguntó con una forzada sonrisa, -Para el sábado 20 de septiembre- le informé… Hasta ahí todo bien, pero de repente, le cambia el gesto, se pone a pasar las hojas del libro a toda leche y me echa una bronca de cojones: “¡¡¡claro… claro, todos os empeñáis en casaros en fin de semana y luego se me acumulan los oficios y no doy abasto!!!, pues no está libre, ni ese ni el otro ni el otro ni el otro… ¿no os podríais casar entre semana? ” Por un momento me pareció ver como el crucifijo que había colgado a su espalda se daba la vuelta, pero haciendo de tripas corazón y pensando en que “todo sea por nuestra boda”, le intenté razonar por qué nos queríamos casar en sábado, “es que si no, la familia que vive fuera no puede venir y la gente trabaja y… -mira-, me cortó la frase, como el otro… -quien quiere ir a una boda, va-. Ahí ya no pude más, el demonio que todos tenemos dentro emergió, me levanté de golpe cogiendo mi abrigo y con los ojos inyectados en sangre le solté…     (Continuará…)

     

               Fdo. Luis Gómez