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    October 06

    Más cortos...

    ¿Qué hay de nuevo, viejo?, que decía Bugs Bunny… Estaba a punto de coger mi guitarra para machacar de nuevo los oídos de mi moza, cuando me he dicho pa mi mimmo, “no, mejor escribo algo en el blog, que me duelen menos los dedos”, y en ello estoy, oye.

     

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    Pues eso, que ahí sigo dándole a las seis cuerdas. Tengo que deciros que es más difícil de lo que yo pensaba. Que, por cierto, no sabéis lo que me toca los cojones la panda resabiaos de turno, sí, sí, los de: “en cuatro meses estás tocando”, ¡¡¡y una polla!!! cuatro meses después de haber empezado las clases, lo único que sigo tocando son los cojones con tanto gling, glang, glong…

    Y es que son multitud de cosas diferentes, y todas a la vez. Me recuerda a cuando aprendí a conducir, que parecía imposible dominar el volante a la vez que controlabas los espejos retrovisores mientras pisabas el embrague después de soltar el acelerador y meter la marcha adecuada… que dicho así, de carrerilla, me parece mentira conducir tan tranquilo.

    Con la guitarra pasa lo mismo, tengo que poner los dedos de la mano izquierda en la posición correcta sobre las cuerdas, en el mástil, de forma que no distorsione al golpearlas con la mano derecha, teniendo en cuenta el número exacto de estas que tiene cada acorde para que suene como tiene que sonar, pero como sólo tengo dos ojos, no puedo mirar a la vez las dos manos, a no ser que sea “el Dioni” o Fernando Trueba. Y si pretendo canturrear alguna canción, la cosa se complica, porque parece ser que mi neurona se centra en sólo una de las dos  acciones, o tocar, o cantar, si se le puede llamar cantar a lo que hago, claro.

    No creáis que me estoy desanimando, no, lo que pasa es que es muy, muy pesado aprender, porque, claro, lo que quiero es saber tocar de verdad, no aprenderme unos acordes para cantar horteradas sentado junto a una hoguera. Tampoco pretendo ser Brian May, pero vaya, sí aspiro a saber tocar todo tipo de música.

    Aunque hay momentos en los que me desespero, he de confesaros que día a día noto los progresos, lo que hace que me incentive más aún, incluso dosifico las sesiones para no “engancharme” a la guitarra, porque practicaría  bastante más de lo que lo hago, pero es que no quiero estar todo el día dándole, porque al final pasa como con Internet, que sin darte cuenta te pasas las horas muertas delante de la pantalla.

    Y hablando de Internet, hay una página acojonante en la que dispones de un montón de canciones, bueno, sólo la música base, para que toques a la vez la guitarra, con lo que, además de practicar lo pasas que te pex.

    Lo dicho, que en ello estoy. Quien sabe, igual un día me grabo un vídeo y lo planto en el blog para deleitaros con mi arte…

     

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     ¡¡¡La cara de gilipollas que se le ha quedado al pobre Gallardón con lo de las Olimpiadas!!! Os digo yo que no vuelve a escuchar una samba en su puta vida. Bueno y, ¿ahora qué? ¿le echará dos cojones y se presentará para 2020 o dejara por fin de abrir Madrid en canal?

    Si os digo la verdad, me hubiera gustado tener aquí unas Olimpiadas, no sé, creo que le viene bien a la ciudad organizadora en muchos sentidos, publicidad a nivel mundial, infraestructuras, posibles inversiones extranjeras… pero bueno, quizá algún día se celebren aquí, sólo los dioses del Olimpo lo saben...

     

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     Muchas veces he tenido que escuchar, o leer, lo de: “es que los de ciudad…”, qué pasa con los de ciudad, ¿algún problema? Que si no sabemos comer, que si respiramos humo, que si no disfrutamos de la vida, que si todo el día corriendo, que si no conocemos ni a nuestros vecinos… Sí, vale, pero ¿y la vida en los pueblos, qué?.

    Como decía María Ostiz en su canción: “un pueblo es abrir una ventana en la mañana y respirar, la sonrisa del aire en cada esquina y trabajar, y trabajar…” pues qué divertido, coño. Efectivamente, abres la ventana y respiras… ¡¡¡un tufo a mierda de vaca que tira de espaldas, no te jode la otra!!! Y qué pasa, ¿qué en las ciudades no se trabaja, o qué? Eso sí, lo que debe ser maravilloso es que te conozca tol mundo, que como te tires un pedo por la calle lo sabe todo el pueblo a los diez minutos. Qué queréis que os diga, me quedo con el anonimato de la urbe. Y luego lo de los motes, no hay autóctono de pueblo que se precie sin un mote, que en muchas ocasiones es heredado, si tu abuelo era “el calandracas”, el nieto será “el nieto del calandracas” o “el calandraquito” que es mucho peor porque ya es un mote personalizado. “Es que, la tranquilidad con la que se vive en los pueblos…” ¡¡¡nos ha jodido, porque es sota, caballo y rey!!!, al final no te queda más huevos que ir siempre a los mismos sitios porque no hay más. En una ciudad tienes infinidad de todo, desde cines a restaurantes, y ya no digo la oferta comercial que hay, encuentras prácticamente de todo. Y esa ostentación que hay en los pueblos… como “el Rufino” se compre el Range Rover, “el Tomasín”, el de “los calandracas”, no duerme hasta que se pueda comprar otro, y con remolque si “pué se”.  Lo que no sé es por qué se quejan tanto algunos de los programas de cotilleo, a fin de cuentas es lo que se lleva haciendo hace siglos en los pueblos. No hay pueblo que se precie sin sus viejas sentadas en la puerta de casa “fichando” y desguazando a todo el que se ponga a tiro.

    Pero lo mejor lo reservan para las fiestas, que no pueden ser más bestias porque irían a la cárcel, coño. Por supuesto, los del pueblo de al lado no les van a superar, si sus fuegos artificiales (también llamados “la pólvora” en muchos sitios) han sido espectaculares, ya están maquinando para ver si pueden agenciarse explosivo plástico para superarles, que como no sean los mejores es un deshonor de la hostia. Y como se le ocurra a uno del pueblo de “al lao” aparecer por las fiestas y acercarse a las mozas… ojo, que como no esté al quite la Benemérita, linchan al pobre “forastero”, porque en los pueblos, quien no es de allí es “el forastero”, como en las pelis del oeste pero más cañí.

    Eso sí, cuando hay que reivindicar o protestar por algo, donde va todo el mundo a dar por el culo es a las ciudades, que para ir a joder a los urbanitas nadie pone pegas, ¡¡¡cagonlaputa!!!

    En fin, que con todos sus defectos, que los tiene, me quedo con la ciudad. Aunque, lógicamente, cada cual tira para su patria chica… Joder, ahora que me doy cuenta… ya no vivo en Madrid, ¡¡¡vivo en un pueblo!!!. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    September 21

    La (mala) atención al público.

    Hola a todos. Pues aquí estoy otra vez para que hagáis uso del colirio antes de que os caduque.

    Hace unos días estuvimos mi moza y yo en una feria de manualidades que se celebraba en el Palacio de Congresos. Es que a mi moza le gusta mucho el tema y además se le da muy bien, no el ir a ferias, me refiero a hacer manualidades, jodé, que lo tengo que explicar todo. Bien, el caso es que aunque dicha feria iba dirigida a los profesionales admitían público, eso sí, al módico precio de 8,50 euracos por barba, ¡¡¡que manda huevos!!! pero bueno, como Rocío estaba muy interesada pues pagamos las entradas y punto, total, un día es un día. Al entrar te hacían rellenar un pequeño cuestionario en el que especificabas si eras profesional (nobleza) o visitante (plebeyo), y según tu “rango” te daban una identificación para colgarte al cuello de color amarillo o azul. Casualmente la de color azul era la de los profesionales, supongo que por lo azul de su noble sangre. Me jodió sobre todo que al final tampoco era nada del otro mundo, y con las ganas que tenía mi artística moza de verla, se llevó una pequeña desilusión, aunque hubo muchas cosas que le gustaron, no todo era malo.

    Pero a lo que voy no es al contenido de dicha exposición, no, de lo que quiero hablar es del distante trato que los diferentes feriantes nos dieron a los visitantes. Como es lógico, cuando estás en un lugar como este, vas de un lado a otro mirando todo lo que tienes delante, que para eso vas, digo yo, no para quedarte detrás de una columna. Pues bien,  las contadísimas veces que se nos acercó alguien a interesarse por nosotros (digo nosotros refiriéndome a los visitantes en general, no sólo a mi moza y a mí), no hacían más que ver la cinta amarilla y se daban la vuelta como si no existieras, que hasta me empecé a preocupar pensando que tenía pérdidas gaseosas y no me había dado cuenta, coño. ¡¡¡Como de la mierda pasaban de nosotros!!! Que, oye, me parece muy bien que lo que les interesaba era conseguir clientes para sus productos, es lógico, pero coño, que el resto también éramos personas. Y además, ¿quién les asegura que muchos de los que allí estábamos mirando no íbamos a poner un negocio de ese sector?

    Reconozco que soy algo exagerado  pero, es que cuando estoy en cualquier comercio y no me atienden bien, se me llevan los demonios. Supongo que será porque como he trabajado casi toda mi vida en el sector comercial y siempre he tratado lo mejor posible a mis clientes, no soporto que no hagan lo mismo conmigo.  Estoy observando durante los últimos años, que cada vez es más corriente encontrarte con “despachamierdas” en los comercios, y digo “despachamierdas” porque tienen el mismo gesto que si tuvieran una delante, coño. ¿Tanto cuesta ser amable? Tampoco estoy diciendo que se tengan que besar culos, es tan simple como tratar a la gente con educación, ni más, ni menos. ¿No se dan cuenta que, dentro de la dificultad de vender algo, será más probable hacerlo interesándote por el cliente? Mirad, me estoy acordando de cuando me compré mis flamantes Nike Air. No son las clásicas deportivas de suela gruesa, son muy finas y de una piel muy suave y flexible, para que os hagáis una idea, parecen botas de fútbol. Bien, os explico esto por algo, no para presumir de calzado. Cuando estaba buscando unas deportivas, no tenía ninguna intención de comprarme las que al final me llevé porque nunca me habían atraído, las veía raras, “mu finuchas”, para que sepáis a lo que me refiero. El caso es que la persona que estaba en aquella tienda, hizo algo impensable, y difícil,  para la mayoría de los “despachamierdas” que nos están invadiendo: escuchaba lo que le decía ¡¡¡MILAGRO!!! Tras hablar un rato y probarme algunos modelos que no me convencieron, le expliqué lo que me gustaría tener y me sacó dicho modelo. Al principio le dije que no quería ese tipo de deportiva, que no me veía con él, pero me insistió tan amablemente y argumentándome de tal manera el por qué quería que me las probara, que al final accedí. Y la jodía acertó de pleno. Coño, que no es tan difícil atender a la gente. Qué sí, que sé perfectamente que hay mucho pesao y mucho tocapelotas, he topado con muchos, pero son la minoría, jodé, la mayoría de la gente es agradable y, si alguien va a un comercio, es porque está buscando algo, no para pasear (aunque también los hay, también).

    Ayer salimos a cenar. Como era domingo por la noche, pues la verdad es que el restaurante no estaba lo que se dice abarrotado, por desgracia para ellos, así que, había un montón de mesas libres. Pues, jodé, ¿por qué coño nos tiene que sentar en un puto rincón al lado de la cocina? si a la pedorra de la camarera le gusta comer en el sótano no es nuestro problema, hostia. Pues bien, en lugar de tener a dos comensales contentos nada más llegar, ya se creó dos enemigos, y todo por el mismo precio. El caso es que al ratito de sentarnos le dije que nos cambiara de mesa y pudimos ver lo que comíamos, pero vamos, que si no se lo digo comemos de oído. Además era una tía seca de esas que parece que te hacen un favor cuando te atienden, menos mal que el camarero que nos tocó en la mesa iluminada era más majo que las pesetas.

    Me viene también a la mente un día que fui a comprar cartuchos de tinta para una de mis plumas (sí, me gusta escribir con pluma, no amanerado, con estilográfica). Me metí en una papelería y pedí mis cartuchos de Waterman del color azul que me gusta:

    - Buenos días, quería unos cartuchos de Waterman de color azul, pero no del claro ni del clásico, sino de ese que es como grisáceo, es que no me acuerdo de los nombres.

    - Pues los que tengo son estos dos.

    - Ah, bueno pues… gracias de todas formas, es que el que busco no es ninguno de estos dos.

    - Es que de Waterman sólo hay estos dos azules, los únicos colores que fabrica son estos dos, el negro y el rojo.

    - Mmm… yo creo que no, porque yo utilizo mucho el color que le digo… pero vamos, que da igual…

    - Hombre, me va a decir a mí lo que tiene o no Waterman con los años que llevo vendiendo la marca, será que se está confundiendo con otra. Vamos, seguro.

    Ese fue su gran error. A pesar de creer que llevaba razón, nunca debió jactarse de ello delante de mí, porque, sin saberlo, me estaba tocando los cojones y la cosa no iba a quedar ahí. Hubiera sido facilísimo, además de muy correcto, decirme simplemente que no lo tenía en ese momento y que no estaba seguro de cuando iba a recibir el pedido de esa marca, con lo que me hubiera ido tan tranquilo y ya está ¿o no?

    Compré los dichosos cartuchos en otra papelería y, unos días después, volví a la del “sabiondo los cojones”.

    - Buenos días, quería saber si ya ha recibido el pedido de Waterman; lo digo para ver si le ha llegado el color ese de tinta de pluma que le pedí.

    - Ah, sí… pero no me acuerdo muy bien de cual era…

    -Cómo no, era ese de color azul grisáceo que me gusta tanto… (dije con una maliciosa sonrisilla).

    - Sí… ya le dije que no, que no se fabrica, que sólo tiene dos azules.

    - Qué faena, con lo que me gusta… ¿le importaría sacarme una cajita de cada, por favor?

    - Ahora mismo…

    Entonces, sacó las dichosas cajitas y las puso sobre el mostrador. Con la misma sonrisilla maliciosa de antes dibujada en mi diabólica cara, metí la mano en mi bolsillo, saqué la caja del color de marras, y la puse junto a las otras dos que tenía sobre el mostrador…

    - Andá- le dije con cara de sorpresa, -pues resulta que sí que lo fabrica… y pone Waterman…

    El tío se me quedó mirando con cara de “no me cago en tu padre pa no darte pistas de quién es” y no dijo ni mu. Volví a coger mi cajita, me la metí en el bolsillo y me fui con un educado “buenos días”.

    Jodé, ya sé que soy un poco cabrón, pero es que no sabéis lo que me toca los huevos que me tachen de mentiroso o de no saber lo que digo. Seguro que alguna vez os ha pasado algo similar, como cuando vas a una tienda preguntando por cierta prenda que visteis meses antes para ver si la siguen vendiendo y te dicen que “eso nunca lo han tenido”, o cosas así.

    Me estoy dando cuenta de que soy un poco joputa… es que… me está viniendo otra cosa a la mente… jo, lo siento, es que me ha venido…

    Yo era asiduo a Madrid Rock, que para quien no le suene de nada era una cadena de tiendas de música que había en Madrid, pero que hace unos años, cerraron, snif… El caso es que fui para ver si tenían el último LP (aun no tenía cd) de un tal Dwight Yoakam, que es un tipo que hace música tipo “honky tonk”, una rama del country… da igual. Le pregunté a uno de los que trabajaban allí y me preguntó sorprendidísimo: ¿¿¿de quiéeeeeen??? ¿¿¿y ese qué toca??? Que me da igual que no lo conociera, es imposible saber todos los nombres de todos los artistas, lo comprendo, pero coño, no me lo digas con esa expresión en la cara de “tu estás gilipollas o te has equivocao de nombre”. Entonces, le dije muy serio: si, hombre, sí, es un tipo que toca sevillanas en inglés, es muy famoso en Estados Unidos… creo que incluso ha grabado algo con Miguel Campoviejo, que a ese sí que le conoces ¿verdad?

    Claro, el tío se quedó a cuadros, y me como no sabía por donde salir me dice to serio: sí, bueno, al tío ese sí que le conozco, pero no tenemos nada del que me has dicho antes…

    Evidentemente, pululé un rato por la tienda  y cogí el disco del tal Yoakam, y, por cierto, el tal Campoviejo no era otro que Mike Oldfield.

    Bueno, yo creo que ha está bien por hoy, que como siga os va a dar miedo ir conmigo a comprar algo. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    September 13

    Un día campestre... casi.

    Hola de nuevo, ciber-compis. Heme aquí otra vez para contaros una de mis tantas aventurillas, ocurrida esta vez cerca de Navacerrada.

    El otro día fuimos mi moza y yo a comer a casa de sus padres, y, aprovechando que íbamos, también se apuntaron su hermana pequeña and family, esto es: el cuñao que me pide ayuda para montar unas estanterías y se queda observando cómo lo hago, y el sobrinito. Después de comer, estuvimos charlando un ratillo y salió el tema de marcharnos el sábado a dar una vueltecilla en plan dominguero por la sierra. La cuñá nos comentó que había un sitio mu majete cerca de Rascafría  (el nombre indica lo bien que lo pasas allí en invierno) en el que habían estado y que les encantó, una praderita verde con sus árboles, su arroyo… vamos, un paraíso terrenal para los domingueros. Nos contaron también que, además de disfrutar de una comida campera, podríamos dar un paseo por la zona y visitar el monasterio de El Paular, que está ahí al lado y conocer también el Puente de el Perdón. También sería interesante caminar a lo largo del río para disfrutar así del paisaje y de las pequeñas cascadas que hay a lo largo de su cauce. Pero como todo en esta vida, todo tiene su precio. Los cuñaos no estaban por la labor de hacer comida dado que están reventaos desde que tuvieron a su entrañable retoño, por lo que me ofrecí a hacerla yo. Menú: ensaladilla rusa y filetes de cinta de lomo empanados, tan típico como exquisito.

    Pues bien, ¡no hubo pradera, ni monasterio, ni cascadas ni la madre que la parió! pero eso sí, pasamos por el puto Puente de El Perdón, que no es más que un puente de piedra como tantos que hay en España, ni más, ni menos. ¿Qué por qué se llama de El Perdón? Pues porque por allí cruzaban los acusados hacia el lugar donde se les juzgaba, y los que eran perdonados volvían a pasar por el puente, ya está. Vamos, que sanestrujao los sesos con la historia del puente, es como si a la Plaza de Castilla se le llamara la Plaza del perdón porque muchos salen de los Juzgados sin condena, no te jode.

    Pero vayamos al lío, que me disperso. Quedamos en Navacerrada a media mañana para, desde allí, dirigirnos hacia aquel maravilloso paraje natural llamado Las presillas, que así es como se llama la zona esta de domingueros.

    Cuando estábamos a punto de salir de casa, suena el teléfono. Era la cuñá. Me cuenta que se han levantado tarde y que llegarán a Navacerrada como tres cuartos de hora más tarde, cosa a la que no le di importancia porque no llevábamos prisa, así que le digo que allí estaremos y que cuando lleguen, han llegado, y punto.

    Mientras estábamos esperándoles en una terraza tomándonos un par de Coca Colas, observamos por el horizonte un nubarrón más negro que el ojete de un grillo y nos miramos deseando que sólo sea eso… un nubarrón, no el ojete de un grillo. Pero a los diez minutos de estar allí, aparece una familia de pijos de monte de esos que llevan el kit completo de aventurero de pasarela, y va y le dice a unos amigos que les acompañaban: sabéis que el tanto por ciento de probabilidades de que llueva es del 50 por ciento, ¿no?. Que también el tío es complicao, con lo fácil que es decir: “va a caer una chupa de agua que te cagas”, digo yo. Habrá que verle con su mujer cuando tenga ganas de ñaca-ñaca: cariño, teniendo en cuenta que hace más de diez minutos que mi pene ha dejado de estar en estado de reposo para pasar al de morcillón, calculo que la probabilidad de mantener relaciones sexuales esta noche es de un 60 por ciento. Pero bueno, el caso es que dijo lo que estábamos pensando mi moza y yo, que nos íbamos a calar.

    Al ratito, llegaron los cuñaos, perra incluida, en su flamante monovolumen (porque claro, cuando se tiene un hijo, hay que comprar un monovolumen ¿…?) que más o menos hace el mismo servicio que nuestro Ford Focus, y, por fin, nos encaminamos hacia el paraíso. No hicimos más que salir a la carretera y comenzó a chispear, y lo que era un nubarrón negro se transformó en una plaga de grillos enseñándonos el culo. “¡¡¡Puto día de campo que vamos a tener, cagonlahostiaputa!!!”, le dije a mi moza con mi habitual dulzura y templanza. La carretera también ayudaba, aquello tiene más curvas que el dibujo de las isobaras del hombre del tiempo, coño.

    Cuando llevábamos un rato bajando por aquella carretera, de repente vemos que los cuñaos se paran en una especie de área de descanso de esas que hay en los puertos en plan mirador. Paramos, nos bajamos a ver qué nos van a contar, pensando en un nuevo plan por lo inclemente del tiempo y: “es que el niño ha vomitado”. Así que, tras limpiar la pota del peque, comenzamos a darle vueltas a aquello de ir al campo y decidimos que casi iba a ser mejor quedarnos en Rascafría y, una vez allí, decidir que íbamos a hacer, porque además, ya se acercaba el momento de darle la papilla al niño y, claro, había que calentarla antes. El caso es que nos volvimos a meter en los coches y tiramos hacia allí, pero, después de otras cien putas curvas, vemos que se vuelven a desviar y se meten por un camino, por lo que volvimos a seguirles sin saber qué coño estaban haciendo. A los pocos metros de entrar en el camino, observamos cómo se paran en una caseta tipo a las que hay en la entrada de urbanizaciones o algo así. Charlan durante unos segundos y vemos asombrados, como rodean con el coche la caseta y dan la vuelta, volviendo por el mismo camino. Como no había sitio, nosotros también fuimos hacia la caseta para hacer la misma maniobra y salir de allí, entonces, al llegar a la altura del guardia le digo: “vamos con ellos, pero es que no sabemos qué coño están haciendo”, el hombre, al verme con cara alucinao, me explica que allí no admiten perros y que por eso no podemos pasar. El lugar en cuestión era el PRESUNTO DESTINO DE NUESTRO VIAJE, por lo que me quedé con cara de gilipollas pensado en qué tipo de campo es ese en el que no te dejan llevar un perro, aunque más tarde lo comprendí todo…

    En vista del éxito obtenido, volvimos a la carretera y, esta vez sin paradas sorpresa, llegamos a Rascafría. Aparcamos los coches y fuimos a buscar una terraza donde sentarnos a tomar algo mientras  comía el canijo. En la primera que vimos, nos sentamos, aunque no sé para qué, porque al rato salió la dueña para explicarnos que había cerrado y que hasta las cinco no volvería a abrir. Subimos calle arriba hacia otra terraza y por fin pudimos sentarnos. Le dimos el frasco papillero al camarero para que lo calentara y pedimos unas bebidas. El susodicho proyecto de barman resultó ser un “espabilator” de tres pares de cojones, ¡¡¡un pelo le faltó para tirar al suelo la papilla!!! El sobrinito comenzó a comer, la cosa iba bien de momento. Pero de repente el sibarita del nene, comenzó a rechazar la comida, parece ser que estaba algo fría, así que, volvimos a llamar a nuestro intrépido camarero para que volviera a calentarla. Al rato… al rato, volvió, nos dejó el frasco, esta vez sin equilibrios, y mi cuñá continuó dándole de comer, y todo iba bien hasta que de repente comenzó a berrear, por lo que supusimos que quizá seguía estando fría... o algo caliente… o poco pasada… ¡¡¡como no hablan, cojones!!!. En fin, al final se la comió, no sin antes pringar dos o tres muñequitos que lleva en el cochecito, el propio cochecito y gastar cincuenta servilletas a base de limpiarle los restos de papilla que cubrían su cara.

    Una vez superado el trámite del avituallamiento infantil, llegó el momento de alimentar a los adultos, que ya eran pasadas las tres de la tarde y nos sonaban las tripas como un sumidero atascado, hecho este que le importó un huevo al camarero porque el cabronazo tardó diez minutos en traernos la puta cuenta. Recogimos el campamento, porque ir con un niño es como prepararse para el rodaje de un capítulo de Al filo de lo imposible, y nos metimos en los coches para ver SI DE UNA PUTA VEZ, parábamos en algún sitio a comer ¡¡¡que la ensaladilla debía estar ya más verde que Shrek!!!

    Los cuñaos nos llevaron al monasterio de El Paular para poder aparcar los coches sin problema. Empezamos a sacar las cosas del maletero, a saber: de nuestro coche sacamos la nevera modelo “caben tantas cosas que vas a terminar con la espalda como una zeta”, una mochilita con utensilios y alimentos varios, una cazadora por si refresca y una camisa de manga larga para lo mismo. Del coche de los cuñaos salió la perra, una neverita, un… mira, ni lo sé, parecía que íbamos a un campamento de refugiados, coño. Menos mal que, al final, se quedó un día cojonudo y no nos llevó una riada perdidos por ahí.

    Cruzamos la carretera cargados hasta las trancas, y pasamos por el famoso Puente del Perdón, ese, que ya os digo, un puente de tantos. Seguimos camino adelante y, venga a andar, venga a andar, y que no veíamos un puto sitio para pararnos e iniciar el ágape. Todo estaba vallado,  por lo que no había forma de adentrarse en campo abierto. Después de andar un buen rato y de estar ya hasta los mismísimos de la puta neverita, llegamos a una puerta que daba acceso a las famosas Presillas, las mismas donde el guardia nos dijo que no se admitían perros, esas. Claro, yo miré al cuñao y le dije que no podíamos entrar con la perra, pero me dijo que hasta llegar al recinto en sí, quedaba un trecho y que podíamos “acampar” en cualquier claro antes de llegar, “ah, vale…”

    Pues nada, otra vez a caminar como gilipollas, que aquello parecía ya un paso de Semana Santa porque yo ya estaba hecho un “ecce homo”. El caso es que, según avanzábamos me iba acojonando más, porque yo no veía ni un puto lugar agradable para acampar y nos acercábamos peligrosamente a la “zona prohibida”. No hacía más que pensar que cómo era posible que hubiera un lugar tan idílico ahí mismo si lo único que nos rodeaba era un secarral con cuatro arbolitos famélicos, pero en fin, ellos sabrían ya que habían estado allí. Veíamos ya la entrada de Las Presillas, lo que nos acojonó, y, de repente, vimos un claro en la seca espesura. Giramos automáticamente y allí decidimos sentarnos a comer. Aquello era tan confortable como el colchón de un fakir, coño, no había más que restos resecos y puntiagudos de vegetación bajo nuestros pies. Yo miraba al cuñao, que iba con su conjunto tipo Coronel Tapioca, con sus pantaloncitos cortos de esos de ir a las Minas del Rey Salomón, y me lo veía por la noche con las piernas cubiertas de tiritas. Entonces, mi cuñá, sorprendiéndonos a todos, dice toda contenta: ¡¡¡he traído dos toallas de playa para sentarnos!!!. No sabéis cómo respiramos todos, que ya nos veíamos con el culo lleno pinchos. Así que, sacó las toallas, comenzamos a sacar las viandas y… “voy a cambiar al niño, que se ha hecho caca” (porque los niños hacen caca, no como los adultos que cagamos mierda pura). “Genial”, pensé. Me pregunto que pasaría si, saco una bolsa, la pongo encima de las toallas y me pongo a cagar en ella… ah, no, que soy adulto. Dado que ni a mi moza ni a mí nos apetecía un carajo ver cómo le limpiaba el culo al niño, el cuñao aprovechó para enseñarnos las putas Presillas para que al menos las viéramos, ya que éstas eran el fallido objetivo de nuestra salida dominguera. Fuimos mi moza, él y yo. Al llegar allí comprendí por qué no dejan pasar perros, lo que yo creía que era naturaleza salvaje era como una especie de piscina de las que hay en los Resorts estos que están tan de moda. Era una explanada de césped enorme, cortado al milímetro, y rodeada por una valla de piedra, muy común en aquella zona, el río Lozoya estaba lleno de pequeñas presas, o lo que es lo mismo, presillas, que formaban como unas piscinas naturales muy monas ellas. Vamos, que es como acampar en Central Park, pero la verdad es que estaba bonito, todo hay que decirlo, y seguramente volveremos, sin perro ni niño, algún día a comer tranquilamente.

    Después de dejarnos con la miel en los labios, volvimos a nuestro lecho de hojarasca y, por fin (gracias, Señor) comenzamos a comer. Allí estuvimos un rato poniéndonos como gorrinos y disfrutando de un merecido descanso después del largo y tortuoso camino. Y digo un rato porque plantamos el culo a eso de las cuatro y pico, y teniendo en cuenta que los cuñaos habían quedado a eso de las siete en casa de los padres de él, y yo quería estar a las ocho en casa para ver el partido, pues al poco de terminar de comer tuvimos que levantar el campamento, que no nos dio tiempo ni a que nos entrara modorra, joder. Así que, ya veis en lo que quedó el día de campo, si es que no trajimos  ni una puta brizna de hierba en los calcetines, coño.

    Pero vamos, lo pasamos bien y eso… Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    August 28

    Cortos... varios, pero cortos, al fin y al cabo.

    Hola, mis fermosos ciber-compis. No, no voy a hablar de gente a la que le falta un hervor, simplemente voy a escribir textos cortos, pero de verdad, ojo, así que no hace falta sacar el colirio del botiquín.

    Dicho lo cual… ¡amos pallá!

     

     

    Ainssss… esto se acaba, parece que hace dos días que preguntábamos a nuestros conocidos cuando se iban a ir de vacaciones y ya están casi todos de vuelta, que poquito dura lo bueno, aunque como dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno, pues…  eso.

    Pero no voy a contar nada sobre playas, chiringuitos y paellas con arena, no; en esta ocasión me dedicaré a hacer un pequeño homenaje a las fiestas de los pueblos, que en estas fechas se celebran por todas partes, es como la gripe.

    Independientemente de las fiestas que en ellos se celebren, no soy precisamente un amante de los pueblos, eso está claro, pero tiene que haber de todo, como en botica. La cosa es que el otro día pillé en la tele, por casualidad, un programa de esos de hostias y accidentes en plan zapping que iba de fiestas en las que se utilizaban animales para entretener a otros animales. La que posiblemente sea más famosa es la de los Sanfermines. No me entra en la puta cabeza como puede haber gente que se levanta ex profeso para ver el encierro por la tele, pero en fin, “tiecaber de to”.

    ¿Me podría explicar alguien qué tiene de maravilloso ponerse a correr delante de una manada de toros? Está más que claro que sobre gustos se hicieron los colores, pero para mí, esa famosísima fiesta no es más que una reunión multitudinaria de borrachos en la que, a primera hora de cada día, hay otra reunión, también multitudinaria, de gente que se expone libremente a que le cornee un toro, divertidísimo, oiga. Luego vienen los lloros y los lamentos porque un toro ha matado a alguien, pues lo siento mucho pero que no se hubiera puesto delante, coño.

    Y dentro de lo malo, en esta fiesta no se maltrata físicamente al toro, aunque más tarde los machotes de los toreros se los carguen en la plaza tras torturarles durante veinte minutos. Pero eso sí, “es que el toro de lidia desaparecería si no hubiera corridas de toros”, jodé, pues que desaparezcan, coño, seguirá habiendo otros toros, digo yo. Pero las que le molan a la gente son en las que se les putea de verdad, como cuando había toros embolaos, que afortunadamente se prohibieron hace años. Me pregunto si les parecería igual de divertido si le prendieran fuego a los huevos del alcalde de turno y le soltaran en mitad de la plaza, no te jode. O esa fiesta en la que lanzan una cabra desde el campanario, vamos, la cabra se tiene que estar cagando en todos sus muertos, pero eso sí, como abajo están varios acémilas con una lona para cogerla, pues no hay problema, el animal no sufre daños; el año que viene, lanzamos a tu puta madre y luego le preguntas que qué tal ha ido el vuelo: “pues mira, hijo, hasta que llegué a la puerta de la iglesia, no iba mal”…

    También es muy jocoso lo de corretear alrededor de una vaquilla junto al muelle del puerto. La mayoría de las veces el bicho cae al agua y, entonces, con una barca le ayudan a subir a tierra firme de nuevo, para seguir puteándole. Lo más cachondo de todo es que mucha gente dice que no pasa nada, que incluso se refrescan. Si no les hicieran sudar a base de perseguirlos no haría falta refrescarles.

    Hay otra estupenda fiesta por ahí en la que creo, no me hagáis mucho caso, que sueltan a un burro por el pueblo, o un toro, o los dos, y les lanzan no sé que tipo de darditos o algo así y se les van clavando por el cuerpo. Como parece ser que estos animalicos tienen la piel dura pues tampoco pasa na, mola verlos disfrazados de Espinete.

    ¿Y los que van a caballo y le arrancan la cabeza a un pollo que está colgao boca abajo? Menos mal que hace ya tiempo que a los pollos los han matado antes, pero eso es ahora, la fiesta era con pollos vivos, ¡tócate los huevos! Y, hablando de huevos, podrían coger a lo jinetes, sentarles en pelotas en un palo y rodearles de pollos para que les picotearan los cojones. Seguro que la fiesta sería muy popular entre los pollos de la comarca.

    También es muy emocionante el hecho de hacer una hoguera y saltarla a lomos de un caballo. Creo que, lo más, para un caballo, es acabar el día con los huevos “churruscaos”, ¡panda gilipollas!, coge en brazos a tu hijo y salta tú la puta hoguera, así os purificáis los dos a la vez, a ver qué tal.

    En fin, que hay una gran variedad de animales que se maltratan en las fiestas, da igual. Lo malo es que, parece ser que todo queda justificado con el rollo ese de que “es tradición”. Así que, ya sabéis, en este tipo de fiestas siempre voy a favor de los animales, por lo que, cuando al borrachuzo de turno le ensarta el toro cuan brocheta y le zarandea como a un pelele, lo siento mucho pero, ¡que se joda, así se lo pensará la próxima vez! que si encima se le cepilla el toro, luego son sus seres queridos los que se quedan jodidos por su puta culpa.

     

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    ¡MECAGONLAPUTAVUELTALCOLE! Diossssss… es que cuando me acuerdo de mi época de estudiante me pongo malo. Estabas tan tranquilo de vacaciones, en pleno agosto y ya estaban dando por culo con los anuncios de El Corte Inglés de la vuelta al cole. Y lo que me reventaba es que, en ellos, salían los niños tan felices con sus carteras y uniformes nuevos… ¡imbéciles!

    Yo es que siempre he llevado fatal lo de ir al colegio, el único aliciente que tenía era el volver a encontrarme con los compañeros del año anterior y, todo hay que decirlo, el “aroma” que desprendían los libros nuevos, que en mi caso le duraba casi todo el curso, pero en fin.

    Si es que tenía que estar prohibido torturar a los niños de esa manera, joder. Es hoy día y me encabrono cuando veo un anuncio de esos, así que, fijaros cómo me pondría cuando me tocaba de lleno el asunto. Puto colegio… cuando me acuerdo de él, pongo la misma cara que cuando me viene a la cabeza la Mili los cojones… ains.

     

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    Joder, a ver si hablando hace un momento de animales, me pilla el toro con lo de la TDT de las narices. Lo estamos dejando pasar con eso tan español de “hay tiempo de sobra” y al final me veo inmerso en el temido “apagón analógico”, que tal y como lo dicen parece que llega el fin del mundo. La putada es que tendré que comprar dos decodificadores porque necesitamos uno para la tele y otra para el vídeo, porque si no, no puedes grabar un canal distinto al que estás viendo. Eso, o ya puestos comprarnos un dvd grabador con TDT incorporado, que ya es una putada porque hay que gastarse más cuartos.

    Lo que tengo claro es que, de momento, lo que no vamos a comprar es otra tele, porque la nuestra está perfectamente. No voy a mentir diciendo que no me gustaría comprarme una nueva de esas tan acojonantes con pantalla panorámica, porque hay que reconocer que se ven de puta madre. Parece ser que, al igual que pasó en su día con los vídeos VHS y Beta, al final ganará la partida uno de ellos, y parece ser que se llevará el gato al agua el LCD frente al Plasma. Me da igual, porque de aquí a que la compre a lo mejor ya no hace falta ni tele.

    Aunque son de puta madre, hay algo que me jode muchísimo de estos nuevos formatos de pantalla, la gente sale chaparrita. Como todavía no se emite prácticamente nada en panorámico, pues la imagen se ensancha y parece que todo el mundo acaba de terminar las fiestas navideñas. Lo que me jode es que, normalmente, la gente que lo tiene te suelta lo de “te acostumbras” y le quitan importancia. Coño, pues a mí sí me jode que la imagen se deforme, pero claro, como todo me jode… Y puestos a joderme, también me molesta que el noventa por ciento de ellas te venga ya con el puto TDT incorporado ¿y si quiero tener mi propio decodificador, qué? En fin, ya os contare… o no.

     

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    Como ya está a la vuelta de la esquina septiembre, las editoriales comienzan a bombardearnos con cientos de colecciones por fascículos. No me voy a meter con ellos por la parte que me toca, porque soy de tendencia “culo veo, culo quiero” y tengo varias cosillas de colección en mi casa, empezando por los cd´s y terminando por mis cochecitos a escala.

    Nunca he hecho una colección entera porque, entre otras cosas, nunca me ha interesado el total de la misma, lo que hago es estar al tanto de cómo va tal o cual colección para ir comprándome fascículos sueltos, según me interese el objeto en cuestión.

    El tanto por ciento de gente que empieza una colección y la termina debe ser ridículo en comparación con el número de quienes la empiezan a hacer. De hecho, creo que en los primeros números sacan la ganancia de la misma, es acojonante. ¿Os imagináis hacer el Titanic por fascículos? no me jodas, tardan menos en volver a fabricarlo de nuevo a tamaño real.

    No me atrevo a decir un número, pero estoy seguro que debe haber cientos de colecciones, desde las, llamémoslas típicas, de casas de muñecas, de métodos para aprender a pintar, libros, figuras de plomo, aviones o punto de cruz, hasta las de los héroes de Marvel, pasando por Carteles metálicos de Coca Cola, encendedores Zippo, construir tu propio telescopio (que manda huevos), o, una que me ha llamado mucho la atención, más que por lo que es en sí, por como la anuncian. Se trata de la colección de novelas de Star Wars (¿?), en la que parece ser que aclaran dudas tan importantes como, atención, ¿cuántos hijos tuvo la Princesa Leia? o ¿consiguió Luke Skywalker restablecer la Orden Jedi? y la más acojonante ¿en qué planeta murió Chewbacca? No sólo no teníamos bastante con el trauma de enterarnos de que Darth Vader era el padre de Luke, sino que también tenemos que saber si los hijos de Leia y Han Solo son unos quinquis estelares o no, esto está degenerando más que la nueva trilogía, coño.

    Mientras estaba escribiendo esta entrada, he estado ojeando por la red para enterarme de algunos de los fascículos que están a la venta en el mercado y, pobre de mí, he descubierto que ha salido una colección en Altaya de SEAT, ainsssss… y el primer número es el SEAT 124 de 1968, el cual llevo ¡AÑOS BUSCÁNDO! por lo que me temo, queridos todos, que tendré que comenzar mi peregrinar por los kioscos de Madrid para ver por donde va la colección y comprar los que más me gusten, que, me temo, no van a ser ni uno ni dos. Que La Fuerza me acompañe. Fin.

    (Pues al final, va a ser que va a hacer falta colirio…)

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    July 21

    Los Rodríguez.

    Hola, gente de Windows Live, aquí estoy otra vez dándoos la brasa para variar, que para eso tengo el espacio.

    Supongo que daréis por hecho que voy a hablar del grupo Los Rodríguez ¿no?, pues no, a pesar de tener un cd de éxitos de ellos, me importan un huevo. Lo que os quiero contar es que estoy “de Rodríguez”, como se suele decir. Siempre me he preguntado de dónde viene esa frase, ¿vosotros, no?. Pues bien, la frase en cuestión comenzó a usarse en los sesenta y setenta por aquello del boom vacacional que provocaba a veces que los “hombres de la casa” se quedaran currando mientras “su señora e hijos” seguían disfrutando de unos días de ocio, quedándose este solo en casa. Lo de llamarle Rodríguez se basa en lo común del apellido, etiquetado como de oficinista o funcionario. Con el tiempo, y con la mala leche y sarcasmo que caracteriza a nuestro humor patrio, también se les conocía con el apelativo de “Putiérrez”. No obstante, de los ochenta en adelante la expresión quedó algo obsoleta y anticuada.

    Pero en homenaje a la década que me vio nacer, los sesenta, me consideraré un Rodríguez cualquiera.

    Ya sabíais por la entrada anterior, que esta semana teníamos pensado pasarnos por “la sierra”, pero mi moza ha decidido irse a la playa con su hermana aprovechando que iba a pasar allí unos días con sus padres antes de empezar a trabajar, que ya ni se debe acordar cuándo fue el último día que curró, que entre los días libres que acumula por no sé qué hostias, las vacaciones que le corresponden y el permiso de maternidad, no debe acordarse ni del camino del curro, coño. Pero bueno, mejor para ella que puede, es lo que tiene no trabajar en una empresa privada.

    Quizá os preguntéis que qué coño hago yo aquí si no estoy trabajando y puedo ir y venir cuando quiera, ¿no?. La respuesta es sencilla, mi concepto de relax es incompatible con su sobrinito y mis suegros, yo soy más de “calma total” y de “me quito el reloj y me lo pongo cuando volvamos a casa”, me explico ¿verdad?, pues eso. Además, que aunque yo quiero mucho a mi moza, la echo mucho de menos y todo eso, ¡unos días solito vienen de puta madre!, y quien diga lo contrario está mintiendo, a fin de cuentas, a todos nos viene muy bien estar con nosotros mismos alguna vez que otra.

    El caso es que, la imagen que tenemos de los “Rodríguez” es un tanto desastrosa. Afortunadamente, lo primero que se piensa de alguien cuando se queda en esta temporal situación no es que va a aprovechar su “libertad” para verse con su “querida” (palabra esta de generaciones anteriores que me hace mucha gracia). Lo que se suele pensar es que “va a estar diez días comiendo precocinados y dejando la casa como un patatal”, puesto que se da por hecho que el hombre (porque me refiero sólo a hombres) es absolutamente inútil con las tareas del hogar, desde pasar un aspirador hasta meter los platos sucios en el lavavajillas, ya no digo ponerlo a funcionar. Por muy moderna que se crea esta sociedad, los inútiles y los tópicos están ahí, y me temo que no se irán ni frotando con el Cillit Bang ese de los cojones. De verdad que compadezco a las “señoras” de estos elementos, porque la vuelta a casa debe ser como la vuelta al cole, una putada de cojones.

    En cambio, la joía de mi moza se va más tranquila que un maestro Zen. Sabe que la casa seguirá en perfecto estado y que, seguramente, el día que vuelva se encontrará con una rica cena esperándola para recuperarse del viaje, ¡para que luego no me deje comprar una tele nueva, coño!

    Pero esta vez, casi se encuentra con una sorpresa. Hace unos días empezó a salir agua del calentador en plan aspersor de riego, pero nos dimos cuenta en seguida y cerramos el agua caliente, cortándose así el chorro. Ojeé el calentador y observé que salía de una llavecita, la apreté y dejó de salir agua, aunque también es verdad que de vez en cuando salía alguna gotita, pero como caía en la pila pues no le dimos mayor importancia. ¿Y qué se dice en estos casos? pues lo típico, -hay que llamar al del calentador para que venga a verlo, no sea que la liemos-, ¿habéis llamado alguno de vosotros?, pues eso.

    El caso es que el lunes por la mañana vino mi cuñá a buscarla y se las piró. Metió sus cosas en el coche, besito de despedida como si se fuera a Afganistán y, hala, carretera y manta.

    Como no nos fiamos del calentador, cuando no se está usando el agua caliente cerramos la llave y listo. Pero esta mañana, ¡oh, Dios!, se me ha olvidado. He salido tan tranquilo a comprar, que si algo de fruta, que si pollo, me he pasado por el INEM a ver si se han equivocado y hay alguna oferta de trabajo… lo normal, vamos. Habré estado fuera de casa aproximadamente tres cuartos de hora, na, un momento, vaya.

    Yo tan tranquilito con mis bolsas y mi no empleo, abro la puerta sin prisas, veo a Lola con cara de poseída mirando a la cocina y escucho un FSSSSSSSSH! extrañísimo.  Miro a la gata y le digo to simpático, -¿qué pasa, has visto a Elvis o es que…? ¡¡¡HOSTIA PUTA, EL CALENTADOR!!! Suelto las bolsas de golpe, sin pensar en lo que llevaba dentro y, chapoteando cuan mariscador en la costa gallega, entro corriendo en la cocina y cierro la puta llave del agua caliente… Me quedo en medio, ahí quieto, con cara de gilipollas y empiezo a sentirme como Jesús caminado sobre las aguas ¡¡¡hasta el salón que ha llegado el tsunami los huevos!!! Por cierto, dada la forma del melón, es capaz de rodar pasillo adelante y esconderse en una habitación, lo digo por si un día decidís darle rienda suelta a alguno en casa. Bien, dicho esto, seguiré con mi “desventura rodriguera”. Una vez pasados los primeros segundos de shock he reaccionado cuan marine en pleno desembarco y ¡¡¡joder, el parquet!!!, salgo corriendo de la cocina, entro en el salón y ¡¡¡hostia, los enchufes!!!. Entonces, me ha dado por pensar y “coño, a ver si me voy a electrocutar”, he apagado el automático y he comprobado que, por suerte, no había llegado el agua a tocar nada eléctrico. No es que cubriera, lo que pasa es que tenemos un ladrón de esos con varios enchufes entre el sofá y una mesita para enchufar los cargadores, una lámpara y lo que se tercie y, claro, está en el suelo.

    Sin ponerme “de casa”, he cogido la fregona y me he puesto a recoger agua como un descosío. Lo primero que he hecho ha sido recoger la de la entrada y la del salón, que menos mal que no ha pasado nada y el parquet está bien. Luego, en la cocina, me he tirado como hora y media achicando agua. He sacado el frigorífico y he quitado todos los embellecedores de las patas de los muebles de la cocina para poder meter la fregona, pero nada, al final he tenido que sacar también el lavavajillas.

    Resulta que, la puerta del mamón ese, estaba un poco abierta, por lo que todo el agua que caía en la encimera iba cayendo en plan cascada dentro del mismo, cosa de la que, lógicamente, no me he percatado. Ya tenía casi todo seco y sólo me faltaba darle al mocho en el hueco del lavavajillas, lo he abierto un poco para así poder agarrarlo desde dentro y tirar hacia fuera más cómodamente y CHOOOFFFF! todo el agua que se había colado dentro me la he vertido en los pies, además de poner otra vez la cocina de puta madre, claro. No voy a escribir lo que he soltado por mi boca porque me cierran el blog, seguro. El caso es que no podía moverlo porque cada vez que lo hacía salía agua, ¿qué he hecho? pues ir sacando agua de dentro con un cazo como un imbécil y bajo la atenta mirada de Lola, que se estaría preguntando que cómo era posible haber sobrevivido tantos años en esta casa.

    Al final ha quedado todo sequito y las aguas han vuelto a su cauce, nunca mejor dicho. Y como todo lo malo tiene un lado positivo, o eso dicen, pues he quitado toda la mierda que se acumula debajo de los muebles, que se va dejando, dejando y acaba creando su propio ecosistema. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    July 16

    El piso de la sierra.

    Esta mañana nos hemos pasado por el piso que mi familia tiene desde hace… ¡pues desde hace un cojón de años, joder!. Era un niño cuando lo compraron mis padres, no me acuerdo exactamente, pero tendría unos 11 años más o menos. Le llamábamos “el piso de la sierra” y, la verdad, nunca he comprendido por qué le llamábamos así, porque esta está a varios kilómetros de esta, supongo que será por su proximidad y porque llamarle “el piso que está en una urbanización junto al Embalse de Valmayor” sería demasiado largo ¿no?

    El caso es que ir allí era la hostia porque, por aquel entonces, vivíamos en un piso de unos 55 metros en Vallecas, que además era un bajo, lo que os hará suponer que el de “la sierra” nos pareciera una mansión con sus 90 metros, más teniendo en cuenta que éramos siete en casa. Aparte de poder cruzarte con cualquiera de mi familia y no chocar por falta de espacio, lo que más nos gustaba era la terraza, qué gozada, nos tirábamos las horas muertas allí, todos a mogollón, que al final estábamos tan apelotonados como en el piso de Vallecas, pero eso sí, con vistas a El Escorial, sin contaminación y con mosquitos.

    Mis padres tuvieron la oportunidad de comprarlo y no se lo pensaron. Lo hicieron por aquello de tener un sitio dónde ir los fines de semana y también para no gastarse tanto en el apartamento de turno en verano, que, aunque eran otros años, supongo que costaría una pasta. Así, saldríamos fuera sólo unos días y el resto del verano estaríamos en “la sierra”, por lo que nos libraríamos del agobiante calor de Madrid hasta que comenzáramos el cole. En principio la idea es cojonuda, lo que pasa es que, con el paso de los años se va haciendo uno esclavo del puto piso, porque “sería de tontos gastarse un dineral en un apartamento en Dios sabe dónde, vamos, que en buena hora me trago yo una caravana de esas con lo bien que estamos aquí, con el fresquito que hace por las noches” (frase que he escuchado miles de veces a mis padres). Con el paso de los años, la frase cambió un poco y pasó a ser algo así como “hala… vamos otra vez a la mierda la sierra”, más o menos. ¡Pues no hace años que no paso allí unas vacaciones! Hombre, cuando eres un chaval te lo pasas de puta madre, estás todo el día haciendo el zángano por ahí y además tus padres te dejan llegar más tarde a casa con el rollo de que no hay peligro porque no es como en Madrid, que te puede pasar cualquier cosa. En “Los Arroyos”, que así se llama el lugar, por cierto, lo más que te puede pasar es que te pique un escorpión, o te rompas una pierna haciendo el cabra con la bici o te ahogues en el embalse, poca cosa…

    Si he de ser sincero, guardo muy buenos recuerdos de aquel lugar, como los de la entrada “No están mis padres...”, por ejemplo. En la pisci de la urbanización, la que nombraba el otro día, aprendí a nadar a los cuatro estilos, de los que sólo me queda el estilo bolla, pero esa es otra historia. Tuve mis primeros escarceos amorosos, me pillé mis primeros pedos y, un año, a mis padres les tocó un pellizquito en la lotería de Navidad con un décimo que compraron allí.

    El caso es que con el paso del tiempo, todos tus amigos van dejando de ir y vas perdiendo interés. Cuando eres un chaval no te queda más remedio porque tus padres te obligan a ir para no dejarte solo en Madrid porque “a saber lo que harás tú solo todo el fin de semana”, según mi madre, pero vas creciendo y ya no hay padres que te hagan tragar con el coñazo la sierra porque tienes ya tus colegas con los que vuelves a hacer el zángano, pero esta vez sin escorpiones ni pantanos de por medio.

    Hace ya muchos años que sólo aparezco por ahí algún fin de semana en verano para estar unos días con mi madre y mi hermana, y, os aseguro que los días se me hacen más largos que las colas del INEM, pero bueno, como dijo aquel, “si hay que ir, se va”. Si un ataque nuclear no lo impide, la semana que viene vamos mi moza y yo a pasar unos días, pocos, pero allí estaremos. Bueno, de hecho, el martes estuvimos allí porque vamos a cambiar el toldo de la terraza, que más que dar sombra lo que da es miedo, porque con lo podrido que está el día menos pensado se nos cae encima. Que también sería mala suerte, joder, que con las locuras que habré hecho con la bici durante años me abriera la cabeza el toldo los cojones.

    Supongo que cuando estemos allí, me encontraré con mis primas, mis tíos (porque aquello es como una secta, está toda la familia), y quizá a algún viejo amigo con el que tomaré alguna cerveza y recordaremos alguna que otra gamberrada urdida en común, vamos, lo de todos los putos veranos cada vez que aparezco por allí. No faltará el clásico de mi tía, “estás más gordo”, ni el de mis primas, “es que no se te ve el pelo”, que no sé si lo dicen con doble sentido, pero me jode un huevo. Por cierto, esto me hace recordar una cosa que me pasó recientemente.

    El caso es que hace poco murió un… un tío o algo así de la familia y fuimos al tanatorio y bla, bla, bla… Entre los familiares que allí estábamos, había varios primos, que no es que les esté llamando tontos, me refiero a mis primos, joder. Al rato de pasar el trago de dar el pésame y todo eso, salimos fuera para marcharnos cada uno a nuestras casas. Allí me encontré con un primo segundo o tercero o yo que sé qué, de esos que ves en “actos oficiales”, vamos, y nos pusimos a charlar tranquilamente, que si me casé, que si yo también, que tengo una niña, que yo ni de coña… lo típico. Lo cierto es que nos alegramos de vernos, estábamos tan a gusto (lo a gusto que se puede estar en un tanatorio) y, de repente, aparece uno de mis primos y, sin venir a cuento va y le suelta “hombre, te has encontrado con Luis, pues ya le has visto más que yo porque parece que no quiere saber nada de nadie”… con una sonrisilla irónica perfecta para rompérsela con una raqueta de paddle. Total, que me le quedo mirando, no tan sonriente y le digo -¿tienes mi número de teléfono?- sí, me responde muy digno, como dando a entender que ÉL tiene los números de todo el mundo, -entonces- continúo –si quieres verme ¿por qué no me llamas?, no tienes más que decirme un día y voy dónde me digas… ¡qué cara se le quedó! jojojo… no te jode.

    Bueno, que me enrollo para variar. Que la semana que viene me voy a pasar unos días a “la sierra”, supongo que bajaré a la pisci a lucir barriga y me tomaré unas cañitas con quien me encuentre, con quien me encuentre que conozca, claro, que no bebo con desconocidos. Es más que posible que me lleve la guitarra, así conoce mundo y aprovecho para darles la barrila a mi hermana y a mi madre, más que nada para que se solidaricen con mi pobre Rocío, que se lo está tragando todo ella sola. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    July 08

    3 en 1

    Hola hermosos, ya he güerto de por ahí, así que voy a ver si os doy el coñazo un poquillo, lo que no sé es si al final de la entrada os hará falta un colirio o no.

     

     

    Como ya sabéis, hemos estado unos días fuera, pero en plan urbanización de veraneo, nada de coger carretera y manta. Hemos pasado los días en remojo, como los garbanzos, en una típica piscina de esas comunitarias, de las que, año tras año, observas el inexorable paso del tiempo reflejado en los cuerpos de tus vecinos de siempre, y en el tuyo propio, claro, que no todos somos Cher.

    Todos los veranos se repite la misma historia. El primer día bajas a la pisci lamentándote de la resplandeciente palidez de tu cuerpo pensando que se va a notar que es el primer baño del verano, como si los demás estuvieran todo el año de vacaciones, no te jode. Hasta ahora, el único ser humano que conozco eternamente moreno es Julio Iglesias, y no vale porque vive en Miami.

    Una vez allí, colocas tu toalla, te pringas con el bronceador protección 25, que protegerá un huevo pero en septiembre estás igual que en enero, y tus gafas de sol, que más que para protegerte los ojos sirven para poder observar a la concurrencia sin que te cacen. Porque, seamos sinceros, nos quejamos de que los demás son unos cotillos, pero a todos se nos da de puta madre fichar a todo el que se nos pone por delante.

    Una de las cosas que me joden de estas urbanizaciones es que to dios se conoce y, claro, en cuanto te pillan por banda te aplican el tercer grado sin contemplaciones ¡¡¡y que además siempre te enganchan al sol, coño!!! ¿es que ellos no sudan?. El caso es que si no te agarra uno, lo hace el otro, porque esquivarles a todos es prácticamente imposible, y, una vez acorralado, comienza el repaso generacional de turno del que sales con respuestas estándar: ¿y qué tal está tu madre? –pues ahí está, ya sabes, con sus achaques-, ¿y tu hermana? es que hace ya tiempo que no la veo, -bien también, como siempre-, pues ya estaba yo extrañada de que no vinierais, pensaba que a ver si es que había pasado algo y por eso no veníais… (pa qué va a pensar que nos ha tocado La Primitiva y estamos en Paris, por ejemplo), -no, si sólo venimos en verano… como los últimos 25 años, vamos-… y anda que no cuesta librarse del rollo, porque vas lanzando indirectas del tipo: bueeeno… pueeesss…, pero nada.

    En algunas piscinas de estas, hay unas tumbonas que pertenecen a la comunidad y están ahí para que se usen libremente, cosa que está muy bien, lo malo es pillar una libre, joder. Siempre está el típico mamón, o mamona, que se baja a la hora que canta el gallo a dejar sus cosas  para “reservar” su tumbona, que cada vez que lo veo me dan ganas coger su toalla y lanzársela a la piscina que no veáis, lo que pasa es que, al final, para no liarla pues te callas como una puta y pasas de todo con la esperanza de que algún día tenga un corte de digestión donde cubre para saborear una divina venganza. Y claro, tú no eres el único que se da cuenta de la maniobra del listillo ni el único que hace mutis por el foro; y lo sabes porque, a la menor, te coge el plasta de turno y te da una lección de civismo piscinero de media hora que te deja traspuesto hasta la hora de comer, que si qué morro tiene el de la tumbona, que si la gente entra calzada, que si hay que ducharse antes de tirarse al agua…

    ¿Y lo que jode comprobar que el bañador ha “encogido”? y eso que están hechos para bañarse con ellos…

    Pero bueno, a pesar de estos entrañables momentos repetidos año tras año, hay que reconocer que es una gozada darse un bañito piscinero de vez en cuando.

     

     

    Pues anda que no está haciendo correr ríos de tinta el fichaje del Cristiano Ronaldo ese de los cojones.

    Vamos a ver, estoy de acuerdo en que es una salvajada pagar ese dinero por un jugador, por muy bueno que sea. Con lo que no estoy de acuerdo es que se diga que es inmoral o cosas así por el hecho de que estamos en crisis o que es una forma de malear el mercado de fichajes o lo que sea.

    ¿Cuándo un banco compra a otro, alguien dice algo de las cantidades que se manejan? Lo más que se comenta es la enormidad de la cantidad en cuestión, no si es inmoral o no. ¿Tiene el tipo este la culpa del hambre en el mundo o algo así? ¿no puede hacer cada uno con su dinero lo que le de la gana? Pues entonces a santo de qué tienen que abrir la bocaza los gilipollas de turno. Está más que claro que el Madrid ha fichado al Cristiano con fines lucrativos, no sólo deportivos; es eso, un negocio, una transacción económica, una inversión; y el que no lo quiera entender pues que se joda. A mí, mientras juegue de puta madre me importa un huevo lo que les ha costado, no ha salido de mi bolsillo.

     

     

    Yo sigo con mis clases de guitarra, to ilusionao, aunque también es verdad que estoy hasta los cojones de tanta escala y tanto acorde, coño, el día que sea capaz de tocar “algo” me va a parecer mentira. Lo que está claro es que los comienzos son jodidos, bueno, lo son en todo. Hay días en que lanzaría con gusto la guitarrita los huevos por la ventana porque me pongo de una hostia que no me aguanto ni yo.

    Las clases normales se terminaron el mes pasado, por lo que este mes estoy en plan intensivo, en dos semanas damos el doble de horas. Estas clases las da otro profe, un tipo de unos treinta años más o menos,  porque el que tenía tiene conciertos por ahí con su grupo este verano. Le conocí este lunes y he de decir que el comienzo fue “prometedor”. Estaba en la puerta de la academia fumándome un cigarro y salió él, también a fumar, al verle le pregunté si era el profesor y, efectivamente, lo era, lo que él no sabía era quién era yo: -y tú, ¿has venido a traer A TU HIJO? (¡¡¡a tu puta madre, no te jode!!! pensé…), con mis gafas de sol puestas y pétreo rictus facial, giré lentamente la cabeza hacia él y le dije muy serio: mira, chaval, yo no tengo hijos ni aquí ni en casa, soy alumno tuyo, coño. El pobre se quedó más pálido que Michael Jackson (el pobre…) y me dice como para salir del entuerto, “no, si… hay más gente MAYOR, no te creas”, -mira, no intentes arreglarlo que lo estás empeorando, macho- y empecé a descojonarme, lo que hizo que la sangre le volviera a la cabeza y recuperara el color.

    La verdad es que es un tío muy majete y me gusta mucho como enseña, es muy consciente de nuestras limitaciones y además muy participativo, se pasan las clases volando, de hecho, intentaré que en septiembre me pongan con él, ya que, parece ser que mi anterior profesor no va a volver porque llevaba ya ocho años allí y quería descansar de dar clases.

    Mis “compis” son muy jovencitos, hay dos chavales de unos 17 años más o menos, otro de 11 y una chica de unos 15 ó 16… o por ahí, no sé, vamos, unos yogurines. Al principio se quedaron un poco pillados conmigo, los pobres. Claro, para ellos soy como su padre o su tío o algo así, yo lo entiendo, por lo que les costaba un poquito hablar normalmente conmigo, pero claro, lo que no se esperaban es que iba a estar más tronao que ellos. A base de bromas he conseguido que se les pase el corte y ya me tratan con total naturalidad, tanta que hasta me meten caña, los cabrones, a la menor aprovechan y me sueltan puyas referentes a mi edad. Al final se va a ir uno de vacaciones con una cuerda de guitarra atada a los cojones. Aunque la verdad, me lo paso muy bien, porque me hace mucha gracia lo críos que son aunque vayan de tipos duros, es francamente divertido observarles desde mis 45 años, casi me están rejuveneciendo.

     

    Bueno, chatos, ya no me apetece escribir más, yo creo que por hoy, ya está bien. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    June 26

    El Rey ha muerto, ¡viva el Rey!

    Pero coño… ¡ha muerto Michael Jackson! Jodé, estaba zapeando y me parece escuchar en Tele 5 no sé qué de faltar al respeto a la memoria de Michael Jackson y tal y cual. Me quedo extrañado y dejo de zapear para ver de qué estaban hablando en realidad, porque como en “Sálvame” son la hostia no quería quedarme con la duda, y, dicho sea de paso, me apetecía cotillear un rato, qué coño.

    El caso es que sí, que el Rey del Pop la ha espichado. Me he quedado de piedra porque era noticia que estaba preparando una gira más o menos larga, aunque anuló los primeros conciertos porque estaba enfermo. Pensé que la reanudaría más adelante y que igual tendríamos la suerte de volver a verle en España, cosa que no me hubiera perdido, porque ya tuve la suerte, la inmensa suerte de verle en el 92, cuando hizo su Dangerous tour.

    Se ha dicho de él de todo, se le ha criticado todo, se le ha acusado de todo, pero, como yo no le conocí en persona, no puedo saber si algo de todo eso ha sido verdad, por lo que me quedo con el artista.

    A pesar de que hacía muchos años que no publicaba nada que mereciera la pena, creo que ha sido uno de los grandes artistas del siglo XX, es más, le coloco a la altura de otro Rey, Elvis, cada uno en su género, por supuesto.

    Uno de mis grandes ídolos es Fred Astaire, sí, sí, ya sé que ni os lo podíais imaginar, pero es así, puedo estar horas viéndole bailar. Era una maravilla, casi parecía que sus pies no tocaban el suelo, era casi etéreo; qué ritmo, qué agilidad, qué elegancia bailando. La putada es que todo lo que tenía de buen bailarín lo tenía de mal cantante, ¡qué voz de gato tenía el cabrón! Pero bueno, a lo que voy. El único bailarín que para mí hizo sombra al bueno de Fred, fue Michael Jackson, con la diferencia de que este, además, sabía cantar, que aunque no era Pavarotti, lo hacía bastante bien.

    La putada es que mucha gente se queda más con las noticias sensacionalistas que con la obra que deja, que es mucha, y gran parte de ella, buena de verdad. Pero yo paso, para mí ha sido uno de los grandes y me ha hecho pasar muchísimos buenos ratos con sus canciones y, por supuesto, con sus vídeo clips, ¿o quién no ha disfrutado viendo el vídeo de Thriller? Sin lugar a duda, hubo un antes y un después de ese vídeo, ¡pues no he hecho yo el gilipollas bailando en plan zombie!

    En fin, que lo siento, que es una putada que muera alguien así a pesar de haber sido un excéntrico de tres pares de cojones, le echaré de menos… musicalmente hablando, claro. En paz, no sé si descansará, pero lo que sí que supongo es que habrá alguna guerra por el tema de su herencia, que por muchas deudas que tuviera, seguro que pobre no se ha ido el tío. Lo mejor es que el de la funeraria ha trabajado menos, como ya estaba maquillado….Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     

     

     

     

     
    June 21

    ¡Música, maestro! Continuación...

    Bien, me había quedado en que me jodieron el regalo de Reyes con la guitarrita los cojones… sigamos.

    Lo cierto es que tampoco llegó la sangre al río, sólo quedé como un desagradecido para los restos. Senté un peligroso e incómodo precedente porque cada vez que insinuaba que quería algo un poco especial, me soltaban lo mismo: “claro, como la guitarra, que está en el armario muerta de risa”, que digo yo que lo que estaría la pobre es muerta de asco, pero bueno, como no se quejaba…

    El caso es que pasan los años, empiezas a currar y le echas más horas que un gilipollas, etc., etc.…y acabas dejando tu ilusión guitarrera en el fondo de tu corazoncillo.

    De todas formas, nunca lo he tenido olvidado del todo, es una espina que ha convivido siempre conmigo. Desde aquello, cada vez que paso delante de una tienda de instrumentos musicales, me quedo mirando las guitarras desde el escaparate, como Carpanta mira el interior de un restaurante, babeando, cabizbajo… suspirando y viéndome a mí mismo con una de esas guitarras en mis manos punteando a lo Angus Young… una pena, oiga.

    Sabéis quién es Koldo ¿no?, pues bien, resulta que el amigo toca la guitarra y, además, tiene una eléctrica. Me lo dijo hace tiempo, creo que la primera vez que nos vimos en directo. Jodé, que envidia me dio, fue decírmelo y resurgieron los fantasmas del pasado. Y claro, el tío venga a contarme lo bien que se lo ha pasado tocando con unos colegas y bla, bla, bla… cagonlaputa… cada vez que me comenta algo es que me dan ganas de coger la guitarra española y quemarla en el salón de mis padres, joder. No, esperad, si ahora que me acuerdo se la regalé a una niña. La cosa fue curiosa. De esto hace unos años; me puse a mirar los clasificados del periódico a ver a cuanto las vendían para ver si sacaba algo por ella y recuerdo que me llamó la atención un anuncio de una chica que, echándole morro, decía en el anuncio que si alguien le quería regalar una guitarra, la aceptaba ¡nos ha jodido! Nunca ha sido más cierto el dicho ese de “quien no llora no mama”. Llamé al teléfono del anuncio, porque me hizo gracia la cosa, y se puso una niña, no sé, una adolescente, y le pregunté si era verdad lo del anuncio, me dijo que sí y quedamos. La cría no se lo podía creer, de repente tenía una guitarra nueva con una funda de puta madre. Espero que haya aprendido a tocarla…

    Bueno, que me disperso. El caso es que tanto darme la barrila el pesao de Koldo y, por supuesto, mi moza, me empecé a plantear el comprarme una acústica y aprender a tocarla, a ver si me quitaba la espinita de una puta vez.

    Como a veces soy bastante pesao, me he tirado una buena temporada dándole el coñazo a mi moza con el rollo de la guitarra, -¿ya estás con la guitarra?- jodé –respondo con carita de pena- la culpa es de Koldo, que ma picao- Y así día tras día, Dios mío, día tras día, como el amigo Rambo, vamos.

    Hace unos días, como tres semanas, íbamos a no sé donde y se le ocurrió a Rocío que nos pasáramos por una tienda de instrumentos que hay aquí para preguntar lo que costaba una acústica e ir haciéndonos una idea y eso, por si acaso me daba por comprármela ¡y callarme de una puta vez! El caso es que estaba como un niño al que le van a presentar a los Reyes Magos, tenía un no sé qué que no sé yo por las tripas que no veas (no, tampoco me estaba cagando esta vez). La tienda la lleva una familia. Nos atendió la mujer, muy amablemente, “hola, ¿os puedo ayudar?”, -sí- contesté como temeroso- es que le estoy dando vueltas a si comprarme o no una acústica y quería ver cuanto cuestan, pero en plan barato, para empezar a tocar- Claro, me dijo que había muchísimos tipos de guitarras y lo mismo de precios, que como no concretara más… Entonces nos comentó que quien de verdad entendía de instrumentos era su marido, que esperáramos a que nos atendiera él porque en ese momento estaba hablando por teléfono y no podía. 

    Pasados unos minutos colgó y se dirigió a nosotros. Me miró como quien mira a un niño después de hacer una travesura y me dijo en un tono paternal: -a ver ¿qué problema tienes con la guitarra?- “pues verá, es que llevaba dándole vueltas a si comprármela o no y quería que me informaran de cual me convenía más para empezar a tocar”. Rocío, que estaba más quemada que el tubo de escape de la moto un hippy con el rollo de la guitarra, intervino en la conversación (por lo que deduzco que tendría que estar muy harta, porque suele ser muy callada y prudente, no como yo): “si es que lleva desde que era un niño con la ilusión de una guitarra eléctrica”. Jodé, me quedé estupefacto mirándola, él me miró a mí y me dice en plan fiscal dando el alegato final, “lo que te pasa es que tienes una espina clavada porque llevas toda la vida arrepintiéndote de no haberte comprado la guitarra justificándote con falsas excusas, porque si no te la has comprado es porque tú no has querido”, coño, sólo le faltó ponerme en sus rodillas y darme unos azotes. Tras unos segundos y después de digerir lo que me había soltao el amigo, afloraron mis fantasmas y me desahogué como quien desembucha tras un interrogatorio: “Es que de chaval quería la eléctrica y mis padres me regalaron una española, así que, por despecho la guardé en el armario y nunca aprendí a tocarla”, vamos, que casi me faltó ponerme a patalear en mitad de la tienda, porque según se lo iba contando notaba como la rabia se adueñaba de mí ¡estaba poseído por el espíritu de Bon Scott! Total, que va el tío y me dice tan tranquilo que para qué me voy a comprar una acústica si lo que quiero es una eléctrica, lógico ¿no?, y claro, yo intentaba justificarme con lo de que son muy caras, que hace falta un amplificador, que cómo me iba a poner a aprender a tocar a mi edad, que bla, bla, bla… aunque estaba deseando comprarla. Entonces, miré a Rocío, que es la hormiga que controla a la cigarra, y ella me miraba a mí, callada, con los labios apretados, sin parpadear y con cara de “si te compras la eléctrica es para aprender a tocarla, no para dejarla en el armario, tú verás”. El hombre se coscó de quien era cigarra y quien hormiga y se dirigió a mi moza diciéndola que no era necesario gastarse mucho dinero. Salió del mostrador y apoyando su mano en mi hombro me hizo girar situándome frente a las guitarras eléctricas preguntándome: ¿cuál te gusta? (¡jodé, y yo qué sé! -pensé para mí) , puessss… no sé, ya digo que no tengo ni idea, si por mí fuera me compraba una Fender o una Gibson, pero cuestan un riñón y no estoy por la labor. Como me veía todavía algo atocinado, el tío anduvo listo y rápidamente me dijo que no hacía falta gastarse un dineral, que por un buen precio me podía llevar hasta el amplificador. He de señalar que, según dijo eso, miró a mi moza, por algo será. Entonces, fijé mi mirada en una de color rojo y la bajó del colgador, -esta te va a gustar porque estoy seguro que te va el rock y tiene un sonido más duro que otras- me dijo mientras la enchufaba. Sin mediar palabra se puso a tocar algunos temas, no es que fuera Brian May, pero el sonido de la guitarra me encantó, pa que voy a decir lo contrario.

    Acabada su exhibición, cogió la guitarra y la puso sobre el mostrador, me dio precio de todo y ahí me dejó pensando. Me tiré varios minutos que si sí, que si no, que si es mucho dinero, que y si resulta que no soy capaz de aprender a tocar…  total, que me dice el tío: -si no lo intentas no lo sabrá nunca y seguirás toda tu vida con esa espina clavada-. Jodé, el tío, además de hurgar en la herida, le echaba sal. Entonces, hubo un cruce de miradas entre mi moza, el sabio dependiente y yo a lo escena final de “El bueno, el feo y el malo” y… “vale, me la llevo”. Total, que salimos de allí con la guitarra, el ampli, la funda, un afinador electrónico y las clases de junio pagadas.

    Cuando llegué a casa estaba como un niño con zapatos nuevos, saqué la funda de la guitarra, la dejé en el sillón y me quedé mirándola ensimismado, “por fin…”

    A la semana siguiente empecé con las clases. No es que sea la cosa más divertida del mundo, pero voy más contento que unas castañuelas, lo que siento es que me tiene que aguantar Rocío todos los días durante el tiempo que la cojo para practicar, aunque dentro de lo malo, aún no la enchufo, como no hay nada que escuchar… Ya sabía que al principio me iban a doler los dedos de la mano derecha hasta que se me formaran los famosos callos, pero coño, lo que nadie me dijo es que me saldrían hasta ampollas, joder. Al menos, el sufrimiento ha sido variado, porque con las tres primeras cuerdas te cortas las yemas de los dedos y con las tres últimas te los desuellas.

    Bueno, pues, me ha costado décadas tener mi guitarra eléctrica, pero por fin lo he conseguido. Ahora es sólo cuestión de practicar, ser constante y superar la monotonía de los comienzos, que os aseguro que es un coñazo que te pex , pero bueno, merece la pena.

    Como premio a vuestra paciencia, os dejo esta bonita foto que ilustra perfectamente toda la entrada. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    June 12

    ¡Música, maestro!

    “Badre del abor herboso”, los años que hace de mi primer vinilo… Y no se me olvida, era uno de esos tan apañaos de Greatest hits, de Tavares, para más señas, y me lo regalaron mis padres para mi cumpleaños, aún no sé que venada les dio. Era un grupo de los setenta que hacía música disco (no saben lo que se pierden los adolescentes de ahora), tienen muchas canciones famosísimas, buscad en You Tube, que a mí no me apetece liarme ahora a enlazar vídeos, poned un poquito de vuestra parte, majetes.

    El caso es que sería a mediados de los setenta, por lo que tendría unos once o doce años más o menos. En aquellos años, lo que estaba  acostumbrado a escuchar era gente como Los Diablos, Roberto Carlos, Camilo Sesto, Raffaella Carrá, Albert Hammond, Georgie Dann… bueno, este último sigue aún dando la brasa todos los veranos. Estuve una temporada escuchando bastante a Elvis, tenía varias casetes del Rey, y poco a poco fui conociendo otros tipos de música. Recuerdo que un día, un amigo del barrio me puso en su casa un single de Sweet, “Fox on the run”, y aluciné en colores, tanto como cuando escuché por primera vez a Deep Purple. Aquello era la hostia. Aunque estaba comenzando a conocer varios estilos de música, cada vez que escuchaba rock sentía algo especial. Hoy día sigo igual, me gusta mucha gente diferente, pero el rock, es el rock.

    Unos pocos años después, en el 78 concretamente, escuché algo en la radio que me llamó poderosamente la atención, la canción se llamaba “Mustapha”, y los horteras que la cantaban eran Queen.  No sé como explicaros lo que sentí la primera vez que escuché esa canción, por una parte me hacía gracia algo tan extraño y casi de broma, pero por otro lado no podía quitármela de la cabeza, el daño estaba hecho, Queen había invadido mi cerebro. También sonaba Bicycle race, del mismo disco, otra semi horterada del grupo, pero coño, cada vez que las ponían en la radio me quedaba embobado escuchando. El caso es que convencí a mi madre, después de darle el coñazo durante no sé cuanto tiempo con el rollo de la paga y tal, y me dio dinero para que me comprara el puñetero disco del grupo ese que le decía. Llegué a la tienda, en la Avda. de la Albufera, y, como no sabía como era el título de dicho disco, pues les pedí el último de Queen. La cosa era, que, como había tardado tanto en ir a comprarlo por fin, habían pasado los meses y habían sacado otro nuevo, y claro, yo, ni puta idea. Por lo que, el buen hombre, me dio lo que le pedí, solo que no era el “Jazz”, en donde venían las canciones que yo quería, sino el “Live Killers”, que era el disco del concierto correspondiente a la gira mundial que habían hecho para promocionar precisamente Jazz. El caso es que me acojonó un poco el hecho de que fuera un doble LP (qué recuerdos), pero como ponía que era de Queen, pues me quedé tan ancho. Recuerdo que llegué a mi casa, arranqué ansioso el plastificado que lo protegía (igual que hago ahora), saqué el disco nº1 y… ¡BRRROOOUUMMM… BROOOUMMMM…! empezaron a salir de los bafles del tocata de mis padres unos truenos extrañísimos y un griterío acojonante -¿pero qué coño es estoooo?- me preguntaba mirando alucinado como giraba el disco aquel. Pero mi desagradable primera sensación de haberla cagao desapareció en cuanto comenzaron a sonar los primeros acordes de “We will rock you” (en aquella época solían comenzar sus conciertos con una versión instrumentada de esa canción), me dio un subidón de adrenalina que me chorreaba por las orejas, era la primera vez que escuchaba algo en directo, estaba como hipnotizado escuchando todas aquellas canciones. En cuanto acabó el primero puse rápidamente el segundo, pero esta vez más alto… ¡¡¡mucho más alto!!! Tema tras tema se me ponía la carne de gallina y sentía una extraña tensión en todo mi cuerpo (no, no me estaba cagando); cuando terminó el segundo disco, sentí un extraño vacío, estaba agotado de tanta tensión y, sin pensarlo, corrí de nuevo a poner el primer disco. La suerte estaba echada, ese día juré amor eterno a Queen. El resto es historia… Fin.

    ¿Fin?... no, no, todavía no he acabado, no os vais a librar hoy tampoco del colirio, chatos. Aunque hubiera sido un buen final ¿no?.

    Bien, según fui creciendo mi interés por la música fue aumentando y llegó el inevitable día en que, aún temiendo una respuesta negativa, les dije a mis padres que para Reyes quería una guitarra eléctrica.

    -¡¡¡Tu estás tonto!!! ¿para qué quieres tú una guitarra eléctrica de esas?- (para utilizarla de remo en caso de naufragio, no te jode- les podría haber contestado, pero no me apetecía encabronarles en esa ocasión) -joé, mamá, pues para tocarla- les contesté con cara de ¿puedo, puedo, puedo, sí, sí, sí?. Y me dijeron lo que me temía que dirían: “si quieres aprender a tocar la guitarra, te compramos una española, que es como se tiene que aprender”, ¿…? -pues española no quiero, si no es la eléctrica no la quiero- les contesté enfurruñado, y no volví a tocar el tema… bueno, al menos no lo volvía a tocar claramente, porque subliminalmente hubo un huevo de comentarios. El caso es que la noche de Reyes de aquel año, entre los regalos ¡¡¡cayó la puta guitarrita española!!! Claro, la guitarra era full equipe y estaba dentro de una funda mu mona ella, por lo que de primeras, me dejé llevar por la ilusión y la abrí eufórico con la esperanza de encontrarme mi soñado objeto del deseo. La cogí como si fuera a bailar con ella agarrao, abrí la cremallera como si dentro estuviera esperando Beyoncé y… pero… pero… ¡¡¡es española!!! (la guitarra, no Beyoncé).

    A pesar de vernos todos los días por los espacios, lógicamente, no me conocéis. No sé si es virtud o defecto, pero el caso es que como se me ponga en los cojones algo, no hay dios que me baje de la burra.

    Aquella noche, y a pesar de ser muy especial para mí por que me encanta la Noche de Reyes, guardé la guitarra en la funda, la dejé sobre el sillón y les dije muy serio a mis padres: -si no es una guitarra eléctrica, nunca tocaré una guitarra- Y, claro, la cosa se lió. Sintiéndolo mucho y aun sabiendo que les iba a joder la fiesta, no pude remediar soltar aquello… (continuará). Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    June 01

    Tecnologías audiovisuales

    Ayer bajé al vídeo club otra vez para coger una peli y, para variar, de las que tenía en mente no había ninguna libre, otra vez el mamón del Murphy ese… No sé si recordáis que cuando estaba Koldo en casa vimos Ultimátum a la Tierra ¿no?, que, por cierto, me costó alquilarla porque no estaba nunca libre, la puñetera; y luego pa na. Pues bien, desde el día que la vimos, no falla, cuando miro en el vídeo para ver si está, ahí me la encuentro a la muy japuta. Que no es esto lo que os iba a contar, pero es que me ha venido a la mente porque también me jode un huevo, pero desde siempre, da igual que sean dvd´s o cintas de vídeo, peli que quieres, peli que no está, coño.

    Jodé… qué tiempos aquellos en los que bajaba al vídeo a ver las novedades. Yo fui de los incautos que tenían Beta en lugar de VHS, aunque peor les fue a los que compraron el Vídeo 2000 aquel ¿os acordáis de ese? Si no es así, no os extrañe, porque el pobrecito duró dos suspiros.

    El caso es que el tema se remonta a los años 1975 y 1976, en los que se lanzaron al mercado los vídeos Beta, de Sony, y VHS, de JVC, respectivamente. El V2000 apareció en el 78, y la gran diferencia entre este y los otros dos formatos era que el 2000 funcionaba como una casete de audio, se le podía dar la vuelta, por lo que la duración de las cintas era larguísima, de hasta ocho horas. El caso es que, a pesar de poder jartarte a grabar con ellas, desapareció en 1985, el pobre.

    Y todos sabemos que de la guerra de formatos librada entre Beta y VHS, ganó este último. Las causas no están muy claras, pero entre otras, destaca el hecho de que JVC permitió a otras marcas fabricar vídeos VHS, por lo que bajaron de precio y, lógicamente, el consumo tiró hacia ese lado, además de ofrecer más tiempo de grabación que las cintas Beta. Jodé, qué rollo estoy soltando hoy ¿no?.

    Lo que yo quería contaros es lo que me jodía alquilar una peli y que no estuviera rebobinada, jodé, es que me sacaba de mis casillas. Y mira que solía haber cartelitos en los vídeo clubs pidiendo por favor que se entregaran las cintas rebobinadas; pero nada, como quien oye llover. El caso es que parece ser que era mejor rebobinarlas en tu vídeo para que así se ajustara perfectamente a sus cabezales, a saber…

    Hoy día da igual, porque desde finales de los 90 el dvd le fue comiendo terreno al vídeo, y no me extraña, porque la calidad de imagen y sonido que ofrece es acojonante. Lo que no quita que la gente sea igual de huevona, coño. No sé por qué, circula por ahí la leyenda urbana de que tanto los cd´s como los dvd´s son como Superman, indestructibles, lo que es ¡totalmente falso, jodé! Rara es la vez que no tengo que limpiar el dvd de turno antes de meterlo en mi aparato... quiero decir, en mi reproductor…  osea ¡en mi reproductor de dvd´s, coño!

    El caso es que con el bulo ese de que son eternos la gente los debe usar hasta de posavasos, porque si no, no me explico cómo pueden estar algunos tan rallados y pegajosos, jodé, que es que hasta da asco tocarlos. Pero lo malo no es eso, lo malo es que la mierda va pasando al láser y termina por joderlo.

    De todas formas, quien es descuidado, supongo que lo será para todo. Me gustaría que vierais mis viejos vinilos, bueno, y a mí, porque desde que me abdujo el cd no he vuelto a tocar uno, de hecho se los di todos a mi cuñao, y eran unos cuantos, no creáis. El caso es que los tenía de lujo. No sé de que año será el más antiguo, pero deber ser del 75 más o menos y os aseguro que se podía uno peinar mirándose en él. Recuerdo que me llevaba horas el mantenimiento, me sentaba en la cama, cogía mi carísimo cepillo de no sé que fibras de carbono que además de limpiar eliminaba la electricidad estática, y dale que te pego, uno tras otro, sin prisas… ¡hasta los cojones, vamos! Pero merecía la pena, apenas recuerdo alguno rallado, e incluso, si no era muy grave, lo arreglaba de la forma típica, ya sabéis, poniendo una moneda sobre la aguja del tocata. Jodé, me estoy acordando de cuando salió  el sonido cuadrafónico aquel, que en realidad vio la luz en los albores de la década de los 70 (qué potita frase, ains), lo que pasa es que aquí llegó algo más tarde, como todo. Parece ser que la cosa no cuajó porque los humanos tendemos a tener dos oídos, y claro, como resulta que el invento este ofrecía cuatro canales de audio y no dos, como el estéreo, pues la gente decía que no aprovechaban todas las prestaciones que ofrecía. Me gustaría ver ahora a todos aquellos que rechazaron el invento con los nuevos sistemas de sonido actuales; a fin de cuentas, fue el precursor del sonido envolvente que tan acojonante nos parece ahora ¿no? porque hay que reconocer que es la hostia en verso, se tira un pedo Tom Cruise y se te mueven los visillos.

    Y como la ciencia avanza que es una barbaridad, que dijo aquel, pues a los pobres vinilos les dieron por el agujerito y el cd se hizo con el mercado. He de reconocer que, al principio, no le hice mucho caso y tardé un poco en claudicar y reconocer que la calidad de sonido y la facilidad de conservación que ofrecen es impresionante, aunque hay muchos viejos vinilos que se escuchan mejor, ojo. Lo que me hace volver al tema de lo zafia que es la gente en general. Sí, ya sé que en una entrada anterior dije que me jodía vivo que me plantaran los dedazos en un cd, pero es que me gusta repetirme ¿pasa algo?. Cada vez que monto en el coche de alguien y veo como lleva los cd´s, os doy mi palabra que me dan ganas de tirárselos por la ventanilla, coño. Pero bueno, no voy a seguir con el tema que a estas alturas de entrada ya estaréis buscando el colirio.

    ¿Y lo normal que vemos ahora ir escuchando música por la calle, qué? Mi primer (y único) walkman, me lo regalaron mis padres en un cumpleaños, no recuerdo en cual, pero supongo que sería en los primeros años 80. El caso es que el artilugio era un mazacote cuadrado que te cagas, y además pesaba, cada vez que me lo colgaba del cinturón parecía un fan del hip-hop.

    ¡Pues no molaba yo con mi walkman y mis gafas de espejo en la playa! Y no, no lo llevaba en el bañador cuan paquete de tabaco, sólo lo usaba cuando estaba sentadito bajo la sombrilla, que os veo venir. El caso es que los walkman invadieron las calles e íbamos todos cabeceando por ahí sin importarnos el ruido del tráfico o del metro, subías el volumen y, hala, transportado a tu particular paraíso musical. La putada era para el que estaba a tu lado, con ese “chssss…kssss…chsss…” saliendo de los auriculares, que parecía que estábamos todos escuchando un solo de platillos.

    Algunos años después llegó el discman, de Sony, al igual que el anterior, que aunque el sonido era acojonante, dado que reproducía cd´s, tenía la pega de que de vez en cuando saltaba la canción al hacer movimientos algo bruscos, aunque fue sólo al principio. Y sin darnos apenas cuenta, aparecieron los primeros Mp-3 y más tarde los Mp-4. Lo que no sé es si se llegará al Mp-5 o saltarán directamente al Mp-6, más que nada para evitar pareados incómodos.

    Estamos acostumbrados, pero, pensadlo fríamente por un momento, en un aparatito que ocupa más o menos la cuarta parte de un paquete de tabaco, podemos ver vídeos musicales… alucina, vecina. Y si ya nos metemos en el mundo del iPod…

    En 1983, el amo y señor de Motorola, hizo una llamada telefónica a su “rival” de Ericsson en la que, más o menos, le dijo lo siguiente: ¿sabes desde dónde te estoy llamando? -no- le respondió (supongo que algo mosca), -desde la calle, pero no estoy en una cabina-. Aunque es una versión libre, es totalmente cierto que esta llamada existió. Acababa de nacer el teléfono móvil, aunque los primeros casi te dejaban inmóvil de lo que pesaban, casi un kilo, ahí es na. Como se suele decir, si mi padre levantara la cabeza y se topara de golpe con los teléfonos que hay hoy día, se le salían los ojos de las órbitas, aunque eso sí, pasado el primer shock iría a la tienda más cercana para comprarse el más pijotero, como si lo viera; no puedo negar que he salido a él. Es como lo del iPod, que te paras a pensarlo y te das cuenta de lo rápido que avanza todo. Aunque esto del móvil, también tiene sus contras. Si hace unos años te ibas por ahí de vacaciones, hacías la llamadita pertinente al llegar y se acabó lo que se daba, si acaso, escribías una postal de aquellas de “¿qué tal estáis?, por aquí todos bien”, y eso si la cosa iba para largo. Ahora estamos siempre localizables, cosa que no me gusta un pelo. Normalmente, casi todo el mundo me echa en cara que casi siempre tengo el móvil apagado, que no hay forma de localizarme, que no saben para qué lo tengo, y claro, teniendo en cuenta lo borde que soy, se suelen llevar una típica respuesta mía: “con MI móvil hago lo que quiero” o “si lo llevo apagado es precisamente para no tener que hablar con nadie”, y también es frecuente que diga lo de: “si estoy en casa ¿para qué quiero el móvil?”, en fin, en mi línea.

    Otra cosa que no me gusta de los móviles es que crean adicción, ahora parece que si sales a la calle sin él te falta algo; seguro que salgo más tranquilo sin pantalones que sin móvil, jodé, “¡hostia, Luis, se te ve el culo!, -sí, bueno, pero me pueden llamar para decírmelo-.

    Pero de las cosas que más me llaman la atención es Internet. El chorreo de información que tenemos a nuestra disposición es prácticamente infinito. Tan pronto puedes estar hablando por videoconferencia con un tío en Japón (que no sé pa qué, si no hablo japonés) o ver en el acto el tiempo que hace en Australia (cosa muy útil para un importador de canguros, digo yo). Fuera de coñas, es absolutamente maravilloso acceder a tanta información sin tener que moverte de tu casa. Es cierto que hay mucha gente que se ha creado una dependencia tal que no levanta el culo del asiento, pero, al Cesar lo que es del Cesar, nunca el ser humano ha tenido tanto conocimiento al alcance de la mano.

    Y para terminar, y retomando el tema de las ventosidades de Mr. Cruise, recuerdo que hace unos años, poquitos, no sé exactamente, hicieron como una especie de experimento creando un sistema de películas con olor, sí, sí, habéis leído bien. La cosa consistía en que, cuando entrabas en el cine, te daban una especie de… llamémoslo, artefacto, con una serie de botones o teclas. Pues bien, resulta que, en determinados momentos de la película aparecía en la pantalla una señal que te indicaba qué botón tenías que apretar, lo hacías y ponías el hocico pegado a la caja esa para así, oliendo el aroma elegido, poder involucrarte más en la escena, dado que el olor en cuestión tenía algo que ver con el decorado que en ese momento se veía en la peli ¡la leche! Aquello no cuajó, claro, por mucho que te guste un actor a nadie le apetece olerle los sobacos después de una escena de acción.

    Pues eso, majetes, que a pesar de que a veces somos malotes, somos capaces de hacer cosas extraordinarias (la Veneno, esa sí que es extra ordinaria), aunque… ahora que pienso (me pasa a veces), por culpa de los e-mail, nos llamamos menos por teléfono y por culpa del teléfono, dejamos de escribir cartas y… jodé, cada día nos comunicamos menos. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    May 24

    Semana con huésped

    Hola, mis fermosos ciber amigos. No es que haya estado fuera, lo que pasa es que esta semana ha estado en casa nuestro amiguete Koldo y no era plan de ponerme a escribir en el ordenador ¿no?.

    La cosa de que viniera a Madrid empezó porque actuaba Gary Moore y, pensando que le interesaría, le envié un correo para ver si le sacaba entrada o no. El caso es que se apuntó al concierto y aprovechando la ocasión pues se quedó unos días aquí.

    Tampoco hemos hecho nada especial, no creáis, y aunque supongo que os interesará una mierda, os lo cuento de todas formas, que para eso tengo un blog.

    Uno de los días decidimos ir a Segóbriga, en Cuenca, donde hay unos restos arqueológicos romanos que pintaban bastante bien. Como es costumbre en nosotros, que somos unos perezosos de tres pares de cojones, llegamos allí a las tantas, no sé, sobre la una más o menos; con la fresca, vamos, que como casi no ha hecho calor estos días no os quiero contar la sudada que nos metimos, jodé. Como os podéis imaginar el paisaje de Cuenca no es precisamente el de Los Picos de Europa, por algo es lo de “ancha es Castilla”, así que nos tocó patear la llanura hasta llegar a las ruinas con el “Lorenzo” tostándonos los cogotes a base de bien; ahora comprendo lo que siente una lasaña bajo el grill…

    Bien, el caso es que entre las susodichas ruinas se encuentran un teatro, un anfiteatro y restos de lo que era la ciudad; que si una basílica, un templo, unas termas… lo que viene siendo una “tipical romanus city”. El teatro y el anfiteatro están bastante bien conservados, mejor dicho, se ve claramente cómo eran; pero el resto, pues qué queréis que os diga, con mucha imaginación… y además, después de haber estado en Roma me parecían cascotes mal alineados, pero bueno. El caso es que estuvimos bajo el sol no sé cuanto tiempo, unas tres horas, más o menos, que con la insolación que debía llevar me pareció ver al Gladiator ese repartiendo hostias por ahí.

    Dicen que “mal de muchos, consuelo de tontos”; y es verdad, porque cuando nos sentamos a la sombra a trapiñarnos los bocatas llegó un autocar con una jauría de adolescentes feromónicos a visitar el lugar. Desde luego, los profesores son santos, coño, yo sería incapaz de soportar a tanto “pavo” suelto. Nada más bajarse del autocar ya la estaban liando, el uno que quiere mear en un árbol del parking, el otro que le da una colleja al de más allá, dos o tres chicas aguantando las chorradas de los dos salidos de turno, la parejita que se da un pico a escondidas y los colegas que les jalean como en un encierro… en fin, adolescentes.

    El día del concierto fue de lo más tranquilo, no queríamos salir por ahí porque a las ocho y media empezaba el amigo Gary a darle a la guitarra y queríamos estar al cien por cien para disfrutar a tope. Menos mal que lo hicimos así, porque si llegamos a estar cansados, me duermo ¡qué coñazo de concierto! Con las ganas que tenía de verle, jodé. Yo creo que nunca he salido bostezando de un concierto, la gente a la que he ido a ver me ha podido gustar más o menos, pero de ahí a estar deseando que terminara, no me ha pasado nunca. Para que os hagáis una idea, tengo diecisiete cd´s del pollo en cuestión, por lo que está claro que me gusta, y mucho; pero coño, es que el tío se hizo un concierto para él mismo, no puede negar que le encanta escucharse. Está más que demostrado que es un grandísimo guitarrista, ¡pero no hace falta que en cada canción te marques unos solos de quince minutos, joder! y además eran como una especie de bucle sin fin, p´arriba, p´abajo, y vuelta a empezar con lo mismo… que yo creo que se le olvidaba cómo terminaban las canciones y mientras se acordaba improvisaba, porque no es normal. Yo miraba a Rocío y pensaba, “en la siguiente canción se levanta y se va”, jajajajaa… y yo no lo hice por vergüenza, y porque estaba Koldo con nosotros, que él sí que disfrutó bastante del concierto, supongo que porque toca la guitarra y lo vive más, aunque nos reconoció que se pasó bastante con los solos. Una pena, oiga, una pena, porque además, yo tengo algún concierto de él en dvd de hace algunos años y antes no era tan divo, será que está empezando a chochear, como ya es talludito…

    El viernes fuimos al Zoo. En principio, Koldo no estaba muy convencido por aquello de que no le gusta ver a los animales enjaulados y tal, pero al final le convencimos y le encantó. No sé si habréis estado en el de Madrid, pero la verdad es que está muy bien, y como este año ha llovido mucho pues los árboles están preciosos, todo el recinto en general. Mi moza y yo hemos estado tres o cuatro veces y nunca habíamos conseguido ver al oso panda de los cojones, pero esta vez ¡le hemos visto! Es una monada, cuesta creer que es un animal salvaje.

    Pero el Zoo no es sólo el oso panda, la variedad de animales que hay es acojonante, y además está muy bien organizado porque está dividido en continentes, por lo que te das cuenta de lo diferente que es la fauna en cada uno. Eché mucho en falta los elefantes africanos, que ahora, no sé por qué, no hay, y es una pena porque son impresionantes. Lo que me encantó fue ver una cría de rinoceronte, que la jodía es fea como su puta madre, pero era graciosísima, no se separaba de ella ni un segundo.

    Y, bueno, a grandes rasgos, poco más hicimos. Alguna vuelta por aquí para terminar en una terracita, alquilamos un par de pelis (no veáis Ultimátum a La Tierra, es un coñazo), lo normal.

    Ah, bueno, como la semana que viene son las fiestas de San Fernando, han montado ya la feria. Íbamos a bajar el viernes por la noche, pero como cayó el tormentón ese, pues lo dejamos estar. Jodé, qué manera de llover; la putada fue que le pilló a todo el mundo en la calle ¡cómo corrían, parecía una estampida de sanfernandinos!

    Pos ala, ya os he dado el coñazo un rato ¿contentos? He puesto unas fotos en un álbum para vuestro deleite… y para que me la liéis con vuestros comentarios. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    May 11

    Unos días en Gandía.

    Pues nada, ya estamos por aquí otra vez. Cuando estás a gusto qué rápido se pasa el tiempo, es como cuando hago el amor, se me hace tan corto… ah, no, espera… mmm… dónde estaba yo… sí, lo de la semana en Gandía. Pues eso, que hemos estado “la mar de a gusto” (expresión de madres). Nos ha hecho un tiempo muy bueno quitando el fin de semana que estuvo nubladillo y la verdad, hacía fresquete, aunque quizá lo noté más por la edad… ains. Los primeros días no hicimos nada especial, pasear por la playa, recorrernos el paseo marítimo (que es acojonante) de arriba abajo, cotillear por las tiendas… vamos, en plan relax total. Que si una cervecita en una terraza, que si un helado en otra, comimos todos los días fuera, vamos, lo que son unas pequeñas vacaciones en la costa.

    Dado que el jueves era mi cumple aprovechamos para hacer algo diferente y ya que habíamos quedado con Merce para cenar, por la mañana, bueno, casi a la hora de comer porque somos unos plastas, nos fuimos a conocer la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, que hacía tiempo que queríamos ir a conocerla y aun no lo habíamos hecho.

    Para variar, está indicada como el culo. Cogimos la autopista desde Gandía pensando que estaría indicada de puta madre dado que es un lugar que atrae a muchos visitantes (dicho sea de paso, debe dejar pasta a la Comunidad Valenciana porque todo cuesta un huevo, es un robo a mano armada, jodé), pero claro, era mucho suponer. Cuando nos estábamos acercando al desvío hacia Valencia vimos de casualidad un cartel, bueno, un cartelito que nombraba dicho recinto, poco más. Total, que pallá que fuimos y… nos perdimos, claro. No recuerdo por qué, tenía en la cabeza que dicha Ciudad de las Artes estaba más o menos cerca de puerto, y como andábamos más perdidos que un pulpo en un garaje pues hacia el puerto que fuimos. La gracia es que es la zona comercial del puerto y no te indican que está prohibido pasar hasta que no te das de bruces con la barrera, joder. Así que, dimos la vuelta y tiramos otra vez para Valencia, pero por un despiste y porque las señales están puestas sólo para quienes se conocen la zona de puta madre, nos metimos por no sé que barrios o pueblos tragándonos todos los semáforos que encontrábamos por el camino y a 40 por hora. Y lo que más nos jodía era que no dejábamos de ver la puñetera Ciudad de las Artes pero no encontrábamos el camino, en fin, una cagada. Y sí, ya lo sé, en los tiempos que corren deberíamos tener un GPS, pero no lo tenemos, nosotros somos más del AVE… del Ahí Va Ese, que es de toda la vida.

    Por fin llegamos a nuestro destino y, he de decir que nuestras desventuras automovilísticas valieron la pena, el sitio en cuestión es una maravilla. Como estábamos hasta los huevos de dar vueltas y la hora que era invitaba a llenar el buche, pues nos metimos en una de las cafeterías del recinto a picar algo para no desmayarnos por ahí, que queda fatal y además yo iba vestido de blanco y me hubiera puesto perdido. Nos sorprendió que no fuera caro, la verdad, porque vistos los precios de las entradas pensábamos que nos iban a cobrar hasta el saludo. Salimos con la panza llena y, como tampoco somos mucho de ir a museos, pues al final nos decidimos por visitar el Oceanográfico nada más, que a fin de cuentas era lo que más nos interesaba. Nos cobraron veintitantos euros por barba ¡¡¡pues ni que los tiburones llevaran dientes de oro, coño!!! y para colmo de males, en Valencia debía ser “San Excursiones escolares” y nos tragamos mas grupos de chavales que en un concierto de Hanna Montana, la hostia. El caso es que para entrar al Oceanográfico hay que pasar unos controles y como había un par de jaurías escolares delante pues nos estuvimos cociendo bajo el sol levantino durante un buen rato, menos mal que íbamos a estar rodeados de agua.

    Merece la pena visitarlo, es muy bonito y está todo muy bien organizado para que no te pierdas nada. Si os soy sincero, lo que es el recinto y las instalaciones son de “chapeau”, pero la variedad de especies me parece mucho mayor la del Acuario de Madrid, y no es amor patrio, ojo. Pero vamos, que es un lugar al que hay que ir. De todas formas, para mi, lo que más merece la pena es simplemente pasear por ahí, que además se puede entrar libremente, sólo se paga si se visita uno de los edificios.

    Cuando ya estábamos ta los webs de dar vueltas, llamamos a Merce para ver como andaba de tiempo y quedamos con ella en el centro. Quedamos en las conocidas Torres de los Serranos, o, al menos, esa era la idea, porque con la explicación que nos dio la amiga para llegar a ellas por poco acabamos en Madrid, coño, porque claro, como ella sabía dónde estaban pues nos lo explico de la forma típica, “es muy fácil, salís por el puente, a la izquierda y luego a la derecha, y ya seguís dirección al mar…” -vale ¿y hacia dónde está el mar? porque con las vueltas que hemos dado para encontrar esto estoy desorientado que te cagas-, le dije con la falsa esperanza de que me lo aclarara; “vamos a ver, Luis, sigue el cauce del río y síguelo hacia el mar, así llegarás al centro”, tupendo… el problema va a ser adivinar hacia dónde va la corriente, cosa difícil teniendo en cuenta que dicho río hace años que no existe y en su lugar hay un inmenso jardín… En fin, el caso es que, para variar, nos liamos y fuimos hacia el lado contrario, es decir, estábamos saliendo de Valencia, menos mal que nos dio por preguntar a un par de amables ciudadanos que nos orientaron a la primera y pudimos llegar a las famosas Torres. Nos hicimos una llamadita al móvil para saber por dónde andábamos y quedamos en vernos a mitad de camino, es decir, ella vendría a nuestro encuentro desde dicho monumento y nosotros iríamos hacia ellas siguiendo el cauce del reconvertido río, fácil ¿no?, pues no, aquí la Cicerone se bajó del autobús y se puso a andar en dirección contraria hasta que, viendo que tardaba demasiado en encontrarse con nosotros se dio cuenta y dio la vuelta… ayyyy, esta Merce…

    Y lo clásico, besitos, tirón de orejas (que no es que sea normal que la gente te tire de las orejas, es que ya sabéis que era mi cumple), algún grito que otro porque la amiga estaba como una tapia, una horchatita, que por cierto estaba riquísima, y nos fuimos a cenar; pero como nuestra guía se conoce Valencia como yo Fairbanks (Alaska), pues estuvimos media hora dando palos de ciego hasta decidir en qué restaurante cenábamos, lo que nos encantó a mi moza y a mi porque estábamos reventaos de dar vueltas bajo el sol en la Ciudad de las Artes.

    Después de cenar, como estábamos cansados y además nuestra pseudo guía curraba al día siguiente, nos fuimos a por el coche, que lo teníamos en un parking. Merce se ofreció amablemente a llevarnos hacia el mismo callejeando por el casco viejo para llegar antes… o eso se creía ella, porque nos confesó un par de veces que no tenía ni puta idea de dónde estaba, la cabrita. Pero bueno, conseguimos llegar y, sin rencores, la llevamos a su hotel, que además nos venía de camino para salir de Valencia, o eso creíamos, porque como está todo señalizado como el culo pues de repente desaparecieron las indicaciones de Madrid y dimos una vueltecilla por la ciudad, aunque nada grave, en un par de minutos reencontramos nuestro camino.

    El sábado vinieron a Gandía unos amigos que tenemos en Alicante, mejor dicho, él vive en Alicante y ella en Argentina, lo que pasa es que ha venido de vacaciones para soportarle, quiero decir, para estar con él. El caso es que es un tío de puta madre, nos conocimos hace unos años trabajando, acababa de llegar de Argentina y era el primer curro que encontraba en España. El destino fue generoso con él e hizo que su primer jefe fuera yo, que soy todo corazón y muy, muy paciente, porque el amigo se las trae. Es puro nervio, cada vez que viene a casa a pasar unos días es como si estuviéramos con cinco invitados a la vez, algún día me tiene que explicar cómo hace eso de estar saliendo de casa a la vez que entrando mientras está escuchando música en el salón… uf! El año pasado le dije que era lo más parecido a un extractor de humos, que mientras lo estás utilizando es cojonudo, pero que cuando lo apagas, descansas. Es todo pasión, con él no hay medias tintas, lo que le gusta es de puta madre y lo que no, una puta mierda, y ojo con meterte con los Rolling Stones, te corta las pelotas y te las mete en el microondas, y como digas algo inapropiado de su amado River… que Maradona te coja confesado, digo… Dios. El caso es que le queremos un montón, nos sube la tensión cuando estamos con él pero siempre que le vemos nos alegra el día. A ella la hemos visto un par de veces nada más, es muy maja, y parece normal, por lo que no me explico qué ha visto en el chalao este, pero en fin, el amor es ciego, dicen.

    Ah, también hemos ido al cine un par de veces. Vimos la de “X men origins: Wolverine”, que está que te pex, siempre que gusten ese tipo de pelis, claro, y la nueva de “Star Trek”, que es un coñacete intergaláctico de tres pares de cojones, pero bueno, nos picó la curiosidad y casi nos pasa como al gato.

    Y, como os he dicho al principio, que el fin de semana se empezó a joder el tiempo pues decidimos marcharnos el domingo en lugar del lunes, que es lo que teníamos pensado. Y aquí estamos.

    Pos ala, a grandes rasgos ya sabéis lo que hemos hecho estos días. Hemos venido con cierto colorcillo y contentos por haber visto a personas a las que tenemos cariño, que no está mal ¿no? Y ahora, pues a esperar la semana próxima, que viene nuestro amiguete Koldo a pasar unos días y a ver con nosotros a Gary Moore, que actúa en Madrid y, además, celebraremos su cumpleaños, el de Koldo, no el de Mr. Moore. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.   

     
    May 04

    Ta lueeeeee....

    Hola gente de Windows live, como parece ser que la primavera ha llegado de verdad, hemos decidido que nos vamos a pasar unos días a Gandía para recorrernos bajo el sol del Mediterráneo el paseo marítimo, como los jubilados… igual tenemos hasta suerte y hay alguna obra para quedarnos mirando cómo trabajan los demás…

    Aprovecharemos y haremos una visitilla a Merce porque ya que estamos al lado pues la sacaremos a orearse, a la pobre, porque como está tol día allí encerrada debe oler a clínica… Salvo error, omisión o tsunami, nos veremos el jueves, que además es mi cumple… mi 45º cumple…

    Pos ala, sed güenoooooooos. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

    May 03

    Se derritió el merengue...

     
    Bueno puessss.... emmmm.... yo... yo.... veréis, yo... snif... snif... no puedo ni hablar... es que vengo del baño de lavarme la lengua porque cuando ha terminado el partido me la he metido por el culo... snif.. snif...
     
    REAL MADRID 2 - BARÇA 6
     
    Sobran las palabras... sí he de decir que he disfrutado viendo jugar al Barça, les felicito por su excelentísimo juego, pero no por su victoria, claro, porque por cada gol que han marcado me ha dado una arcada, así que imaginaros como he terminado...
    Lo dicho, justa victoria culé, nada que objetar, la liga es suya. Sólo me queda la esperanza de que les den bien por el culo en la Champions, al menos algo disfrutaré... el odio sigue ahí latente... como madridista estoy genéticamente impedido para felicitarle nunca por nada, ¡¡¡antes me arranco la mandíbula con unas tenazas, MECAGONLAHOSTIA!!! Fin.
    Fdo. Luis Gómez.
    April 30

    El partido del siglo... otra vez.

     

    Bueno, bueno, bueno… se acerca el momento, el día D de la liga de fútbol, millones de personas estarán el próximo sábado 2 de mayo a las 20:00 hrs. delante del televisor para presenciar el MADRID/BARÇA. Diosssss, hace días que tengo un no sé qué que no sé yo en las tripas por culpa del partidito los cojones.

    Si os digo la verdad no soy el típico forofo del fútbol al uso, es decir, me encanta el fútbol pero es muy extraño que hable de él, y más extraño aun que discuta con alguien a causa de un partido de fútbol o por defender los colores de mi equipo, que es el Real Madrid.

    Me parecen increíbles las cosas que hace la gente por culpa del fútbol, lo violentos que pueden llegar a ser por culpa de once tíos que corren detrás de un balón. Como merengue que soy, odio al Barça con toda mi alma, es más, disfruto odiándole, fijaos si lo odio que estoy a punto de ponerle una vela a la “San Bernabeu” para que llegue a la final de la Champions League y la pierdan en el tiempo de descuento con un penalty injusto para ver la cara que se les queda ¡¡¡solo de pensarlo me dan escalofríos!!!

    Pero a  pesar de lo irracional de mis deseos sigo siendo coherente y racional. La pasada Eurocopa de Naciones, sí, sí, esa, la que ganó España, disfruté viendo jugar a toda la selección, me daba igual que fueran del Madrid, que del Barça que del Villarreal. De hecho, Pujol es uno de los jugadores que más admiro y el alegrón que me llevé cuando Xavi fue elegido como el mejor jugador de torneo fue la hostia ¡¡¡es que jugó que te cagas!!! Como amante del fútbol que soy, disfruto viendo a Messi como en su día disfruté con Ronaldinho, una cosa no quita la otra. Si este año ganara la liga el Barça, por mucho que me jodiera no me quedaría más que reconocer que han sido los mejores y además jugando mejor que nadie, es un hecho irrefutable.

    Pero a lo que voy es a lo que rodea a estos “partidos del siglo”, que suele haber un par de ellos al año, pero bueno, el caso es que son la leche. Os aseguro que soy un tío tranquilo, que rara vez me exalto por algo, pero cuando juegan estos dos… es que me transformo, vamos, no sé a cuantas pulsaciones se me pone el corazón, pero seguro que son muchas, demasiadas.

    De todas formas, a pesar de lo emocionante que es ya de por sí el partido, la prensa se tira metiendo caña al tema dos semanas antes, bueno, cuando no es un mes, porque los tíos se frotan las manos según se va acercando el día. Y yo lo entiendo, porque viven de ello y es normal que quieran vender el mayor número de ejemplares. Está comprobado que, cuando el Madrid gana, se vende muchísima más prensa deportiva en Madrid  que cuando pierde, y lo mismo pasa en Barcelona, a nadie le gusta leer que su equipo ha perdido, bastante te lo repiten ya en todos los resúmenes de las noticias.

    Tan bueno es ser culé como merengue, la única diferencia es el equipo que te gusta, ahora bien, lo que es jodido es ser árbitro en un partido de estos ¡¡¡ni los gladiadores le echaban tantos huevos!!! Los tíos salen al campo sabiendo que hay otros veintidós que están con los nervios de punta y que van a mirar todo lo que haces con lupa, y eso sin contar a los espectadores que están en el estadio, que yo no sé cómo se enteran ahí debajo de na con el estruendo que arman.

    Aunque yo formo parte de la histeria colectiva, no deja de asombrarme lo que mueven estos partidos ¡¡¡si hasta las calles se quedan vacías, coño!!! Y mucha gente critica la que se monta a causa del futbol, pero, ¿qué tiene de malo? al menos durante dos horas hay millones de personas que no están pensando en sus problemas y están disfrutando con algo que les gusta ¿no? Bueno, dos horas más el post partido y más el periódico del día siguiente, que esa es otra, cuando gana nuestro equipo nos recreamos leyendo lo mismo que hemos escuchado ya en la tele el día anterior y hasta volvemos a sentir el subidón. Además los de los periódicos son unos cracks y te detallan cada puto minuto del choque con gráficos y chorradas que hacen que revivas todo de nuevo, es acojonante.

    El caso es que, acabará el partido, la liga, y pasado el verano vuelta a empezar, habrá otro partido del siglo,  se volverán a quedar las calles vacías y se volverá a mirar con lupa lo que pita el pobre árbitro que favorecerá y perjudicará con sus decisiones a los dos equipos, como todos los años.

    ¿Qué que pasará en este duelo? pues a saber, aunque suene a tópico en estos partidos puede pasar de todo independientemente de cómo estén jugando cada uno. Objetivamente, creo que tiene más posibilidades de ganar el Barça, incluso la liga,  porque está jugando bastante mejor que el Madrid, aunque por otra parte estos últimos no dan un partido por perdido hasta el último segundo. Subjetivamente espero que les metamos tres o cuatro chicharros para que se caguen patas abajo pensando que les quedan cuatro partidos y que ya no está la cosa tan chupá como cuando nos sacaban doce puntos.

    Así que, la solución la tendremos la noche del sábado, hasta entonces seguiré con las tripas dando volteretas y deseando que pase cuanto antes porque acabo agotado de tanto sufrir… ainsss…

    Lo correcto sería decir lo de “que gane el mejor” pero ya sabéis que me gusta decir las cosas mu claritas, así que ¡¡¡HALA MADRID!!! Fin.

    Fdo. Luis Gómez.

    April 21

    Séptimo arte.

    ¡¡¡Ennndevé lo que me gusta el cine!!! bueno, las películas, porque los cines a fin de cuentas no son más que una sala grande con un montón de asientos y una pantalla al fondo, visto uno… y más en los últimos años que parece que los clonan, coño. Que, por cierto, ya ni me acuerdo cuando fue la última vez que fuimos al cine, creo que Mickey Rourke aun era guapo…

    La semana pasada vimos dos pelis en la que hubo dos detalles realmente dignos de mencionar. En una de ellas, que la dejamos de ver a los quince minutos porque era un coñazo, vi algo que nunca había visto en una peli, se acercan los tres protagonistas en un coche y… ¡¡¡hacen maniobras para aparcar!!! Os juro que en mi vida había visto eso en una peli, y menos en una yankee. Da igual el coche que lleven (que suelen ser más largos que el Bolero de Ravel) y la calle en la que aparquen, siempre lo dejan en la puerta y entrando de cara, tan tranquilos.

    También vimos algo que nos dejó alucinaos en una peli de esas de miedo serie C, porque no era ni B, vamos. El caso es que hay una pareja en un coche (el coche es de él, que la lleva a no sé dónde) atrapada por la nieve en mitad de la noche y de vez en cuando se les aparece el fantasma de un poli malo que murió en ese punto de la carretera y que les putea y tal. Pasan las horas y cada vez se les va pelando más el culo del frío que hace y ella, de repente, tiene una idea magistral, a través del parabrisas ve a lo lejos un poste de teléfonos y le cuenta entusiasmada al compañero que hace tiempo vio en su barrio a un operario de la compañía telefónica que conectaba un auricular en el poste y hablaba con la central para verificar la avería… el chaval se la queda mirando con cara de "jo, qué emocionante..." y, entonces, la chica se queda pensativa y va y dice: “espera, creo que antes me ha parecido ver…” y va la tía y mira en una bolsa que hay en el maletero y ¡¡¡saca el auricular de un teléfono!!! joooooderrrr, Rocío y yo alucinábamos, ¿pero cómo no se les habría ocurrido antes?¡¡¡ si es de lo más normal llevar un teléfono desguazado en el maletero!!! bueno, de hecho yo llevo siempre en el coche una espada láser por si me encuentro con Darth Vader…

    Como comprenderéis no voy a contaros el resto de la peli porque no tiene el más mínimo interés. Eso sí, al menos hemos visto dos cosas últimamente que nos han llamado la atención, que ya es algo, porque jodé, es que en todas las pelis hacen las mismas tonterías.

    Las que se llevan la palma son las de terror, no sé cuantas décadas lleva el cine inventado pero desde que empezó siguen haciendo lo mismo.

    Amo a ve, si entramos a nuestra casa a oscuras lo primero que hacemos es encender alguna luz ¿no? pues no, en las pelis se la recorren entera a tientas y siempre se ve la figura del asesino de turno en algún rincón, acechando… que además se tira acechando un huevo, el gilipollas ¡¡¡coño, si te la vas a cargar, cárgatela, pero no te quedes media hora como un pasmarote siguiéndola por toda la casa, digo yo!!! Y esos cuchillos que usa la gente en las pelis americanas… los cabrones no saben ni lo que significa cocinar y tienen todo un surtido de clases y tamaños de cuchillos, eso sí, todos a la vista, pa que los coja el pasmarote ese. Pero lo peor de todo es que, después de tirarse media hora detrás de la víctima sin que ella se entere, en el momento cumbre van y hacen ruido, por lo que a la pre-asesinada le da tiempo a esquivar la primera cuchillá y se tiran diez minutos correteando por la casa y tirándolo todo al suelo, que luego llegan los del CSI y se vuelven locos sacando fotos los pobres.

    ¿Y por qué cojones los coches nunca arrancan a la primera? Eso sin hablar del manojo llaves que suelen llevar, que a mí no me extraña que nunca encuentren la que arranca el coche, pero ni estando tranquilamente en el garaje, vamos. El caso es que al asesino le da tiempo de sobra a llegar y la víctima va y se asusta que te cagas, ¿pero qué querías, alma de cántaro? si hace media hora que te has metido en el coche y aun sigues ahí… Porque eso sí, por mucho que la acuchillen, golpeen, zarandeen y todo lo que se os ocurra, consigue zafarse del psicópata de la máscara y llegar a la calle, como el tío va siempre andando tan tranquilo… debe ser que como se ha aprendido el guión y dice que al final se la carga pues, no tiene prisa. Porque esa es otra, la víctima va follá (hablo de velocidad) y el malo siempre va andando… y siempre la pilla, coño.

    En estas maravillas del séptimo arte, las de asesinos en serie que se van cargando a un grupo de jóvenes, suelen ser la mayoría guapotes y normalmente ellas van con camisetas u otro tipo de prenda que realza sus encantos, lo que nos hace deducir que hace buen tiempo o... que están en California ¿verdad? pues entonces… a santo de qué vienen a cuento esos tormentones con esos truenos y esos rayos ¿para que se les mojen las camisetas y tener un motivo para seguir aguantando ese bodrio de peli?

    Y no hace uno más que decir “no nos separemos” para que al minuto ya se estén llamando por los pasillos ¡¡¡pero quedaros todos en el salón, joder!!! porque una de las cosas que enseñan en las academias de asesinos en serie es orientación, estén en la casa que estén se la conocen siempre de puta madre, terminan descubriendo rincones que el dueño de la casa no había visto en los veinte años que lleva allí viviendo, coño, eso sin contar que lo primero que hacen es encontrar el cuadro de luces para dejarles a oscuras. Y hablando de luces… me gustaría saber de quién fue la idea de poner un colgajo en los sótanos para encender la luz ¿no sería más fácil un interruptor en la puerta para ver las escaleras antes de escorromoñarte por ellas?¿o es para que el asesino saque un brazo entre dos peldaños para agarrarte un pie y no ver donde caes? y ya puestos a hacer preguntas… ¿tienen los asesinos visión nocturna?

    Los que me tocan los huevos son los cansinos de turno, me explico. Llega una ensangrentada y jadeante víctima a casa de algún amigo para pedir auxilio o avisarle que van a rebanarle el gaznate, aporrea la puerta como Pedro Picapiedra y dando unos gritos que ni la Caballé, y el tío se levanta to lento… “voooy… voooooy”, deja tranquilamente su lata de cerveza en la mesa, “¿pero qué coño pasa? que estoy viendo el partido de los Nets…” aun le da tiempo a coger una piruleta que, no sé bien por qué, estaba sobre el aparador de la entrada, ya por fin llega a la puerta soltando la típica frase “espero que sea import…” y entonces ve el cadáver de su amiga sobre un charco de sangre “¡¡¡Dios mío, Jenifer!!! pero qué… qué…” y cuando levanta la vista ¡¡¡CHOFFF!!! ya tiene un hacha clavado en la cabeza… también es mala suerte, el asesino ha decidido matarle a la primera, sin acechar...

    Otra variante es la del imbécil de los cascos que no se entera de que se están cargando a todo el grupo delante de sus narices, que siempre se los quita cuando ya no se oyen los alaridos y pone cara de “me parecía haber oído algo”. También se lleva el premio del hachazo en la cabeza cuando sale de la habitación para ir al baño.

    El baño… yo no sé como tienen huevos de ducharse en las pelis de miedo. Quizá sea por eso por lo que el asesino acecha durante un buen rato a la víctima, para verla en bolas en la ducha. Y ya puestos, ya que les da por bañarse, que al menos lo hagan con agua menos caliente, porque en cuanto salgan de la ducha y limpien el vaho del espejo del baño van a ver al gilipollas acechante reflejado y se van a llevar un susto que te pex.

    Si es que ya la forma de entrar en las casas invita a que les pasen cosas, jodé. Una joven (casi siempre portadora de dos buenos cocos) entra en su casa, tira por ahí el bolso y las llaves, por lo que luego, cuando tenga que buscarlas “a oscuras” no las encontrará. Avanza por el pasillo y observa que la ventana del salón está abierta cuando ella la ha dejado cerrada, cosa que ya es como para acojonarse, entonces dice “Peter ¿eres tú?...” silencio… sigue avanzando cautelosa, desconfiada… pero vamos a ver, tía tonta, si no contesta Peter, que es quien vive contigo ¡¡¡sal por patas!!! pero peor es cuando preguntan lo de “¿hay alguien ahí?”, jodé, si vives sola y crees que ha entrado alguien no te recorras la casa para ver si le pillas, coño, que luego no vas a encontrar las llaves que se han metido entre los cojines del sofá y tu vecino está con los cascos puestos y no va a oír tus gritos. Aunque siempre queda la opción de que, efectivamente, está Peter en casa y cuando abre la puerta del dormitorio le pega el susto de su vida, que al rato se convierte en el último polvo que echan, porque el asesino lleva dos horas en la casa acechando y no se va a lanzar a por ellos ahora que les está viendo jadear de placer, “luego sí que vais a jadear, cabrones”, supongo que pensará mientras les observa…

    No sé, es que hay tantos tópicos típicos en las pelis que se me pueden estar ocurriendo durante un buen rato y no parar de escribir.

    “Rápido, métete en el coche y no te muevas” pero pa qué se lo dices si no va a estar dentro ni diez segundos… como lo de “no abras esa puerta”, que quien lo dice no hace más que darse la vuelta y el otro ya está hurgando en el pomo, coño.

    Ahora, lo más cachondo de todo es que cuando empieza la peli y ya han salido todos los personajes tenemos clarísimo quienes van a morir y quienes van a resolver los crímenes, hasta adivinamos quién será la última víctima, mejor dicho, la que el asesino cree que será su última víctima, porque ella, siempre es ella, acabará con él. Salvo alguna excepción la cosa está clara, como los grupos o pandas de amigos en los U.S.A. son tan clasistas y separatistas como su democrática sociedad, siempre hay una o dos tías buenas que son las animadoras del equipo de fútbol o baloncesto de la universidad, que son las que primero caen. También está el fornido líder del equipo que tiene a todas dando palmas con el chi… digo… que las tiene a todas loquitas por él, que es tonto del culo, prepotente, maleducado y además un clasista de mierda que se mete con el presunto friki del grupo, que lo único que tiene de extraño el muchacho es que usa el cerebro para algo más que para evitar que se le hunda el cráneo. Pues bien, el musculitos cae también como Felipón, y además suele ser de forma bastante gore. También está la fea del grupo, de la que se ríen las de los turgentes cocos, que ya me gustaría a mí que todas las feas fueran así, lo único que le pasa es que no va enseñando el tanga y las tetas a to Dios y no está todo el día pensando en que Johnny le coma la hamburguesa, uy, quiero decir, en ir a comerse una hamburguesa con Johnny.

    Está claro que la fea y el friki resolverán el entuerto a pesar de que él quedará mal herido por ahí y tendrá que ser ella la que decapite al acechante asesino, y además, se enrollarán al final.

    En fin, para terminar, hablaré de la muerte del asesino. Mira que son duros los cabrones ¿eh? como no le corten la cabeza no pueden estar seguros de que se le han cargao, y mira que es fácil comprobarlo, no tienen más que acercar un pie para que de repente estire el brazo y ¡¡¡Zap, tobillo enganchao!!! porque no falla, vamos, y lo que más me jode es que, aun sabiéndolo, cuando se lo agarra (el tobillo) pegamos un bote en el sillón. Y eso sí, como te cargues al psicópata  derrumbándole encima una casa o abrasándole en un incendio, vas de culo, porque en un año harán la segunda parte (o la decimoquinta, como el Jason de los huevos) y volverá a por ti, porque aunque se les haya aplastado la cabeza con un yunque la memoria no la pierden, los tíos.

    Así que, ya sabéis, cuando entréis en casa de noche, encended las luces, dejad las llaves a la vista y comprad siempre alimentos preparados, así no os harán falta cuchillos en casa. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    April 16

    Diccionario alternativo.

     
    Hola, fermosos. Taba aquí dándole al tarro para ver qué os contaba y se me ha ocurrido hacer una especie de diccionario alternativo. No, no pongáis esa cara que sólo vais a ver la letra A, y lógicamente son algunas palabras, no todas las del diccionario. A ver qué os parece...
     

    A. Primera letra del abecedario español. Hay rumores que dicen que es hermana de la letra “E”.

    ABA. Forma imperativa del verbo abrir dicha con la boca llena de polvorones.

    ÁBACO. Calculadora antigua que te cagas.

    ABADA. Ípico uiso sturiano laborado con abes.

    ABARROTAR. Hacer girar una aba.

    ABDUCCIÓN. Excusa que ponen algunos granjeros estadounidenses cuando no pueden justificar sus prolongadas ausencias del hogar conyugal.

    ABOGAR. ¡¡¡A remar!!! Pero dicho más fino.

    ABONAR. Llenar un jardín de mierda de vaca con la excusa de que es bueno para las plantas.

    ABRAXAS. Quemax, ardex.

    ACABAR. Cai que terminá la zanja ¡cohone!

    ACCIDENTE. Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas, pero en su punto, como los macarrones.

    ACOJONAR. Lo que hacen las noticias todos los días.

    ACORCHARSE. Es lo que le pasa a tu cuerpo con el paso de los años.

    ADIÓS. Talué.

    ADORMECEDOR. Leonard Cohen.

    ADÚCAR. Cuedpo sódido grizdalidado, zoduble en ed abua y de sabod buy dudce.

    AFRODITA. Novia de Mazinger.

    AGUAVIENTO. Pedo tirado mientras se toma un baño.

    AHORRAR. Ya quisiéramos.

    AHUMAR. Joder con el humo de tu cigarro al que tienes al lado.

    AJETE. Ano con olor a ajo.

    AJUSTE. Carta de.

    ALARGAR. Lo que a muchos les gustaría hacer con su pene.

    ALFARMA. Sistema de seguridad de las farmacias.

    ALMA. Instrumento destinado a atacar o defenderse en China.

    AMAÑAR. Sentir amor hacia otra persona en Zaragoza.

    AMATE. Querete, en Argentina.

    ANACARDO. Mujer muy fea de nombre Ana.

    ANÉCDOTA. Suceso curioso y poco conocido que le ha ocurrido a un culo.

    ANTIPODIO. Quien siempre pierde en cualquier disciplina deportiva.

    APEGO. Ahostio.

    APRETÓN. Sensación que obliga a quien lo siente a buscar lo antes posible un retrete.

    ARNÉS. E cuando de mozuelo te se llena el careto de grano ajquerosos.

    ASA. Quillo.

    ASMAR. Amar con dificultad al respirar.

    ASNERIZO. Burro con púas.

    ASTILLA. Pequeña protuberancia que sale en la frente cuando tu pareja te la pega con otra/o.

    ASUNCIÓN. La que vende el vino.

    ATACADOR. Ladón de bancos.

    ATALUDAR. Saludar a alguien mientras se sujeta algo con cuerdas.

    ATRIBUTOS. Sustantivo con el que denominamos metafóricamente a ciertas partes de la anatomía humana relacionadas con el sexo.

    AUTOESTIMA. Que se quiere a sí mismo.

    AVEFRÍA. Pollo en el congelador.

    AYUSTAR. Dar un yusto a alguien.

    AZULGRANA. Lo que provoca malestar y vómitos al  merengue.

     

    Fdo. Luis Gómez.

    March 25

    No están mis padres...

    “Hostia, tío, este finde no están mis padres…” Pues no habré dicho veces esta frase a lo largo de mi pre-madurez. Alguna vez he comentado las cosas que se oyen por ahí en contra de “la juventud de ahora”, que si son unos alcohólicos, que si están todo el día pensando en divertirse, que si tal que si cual, vamos, que parece que más que una etapa del crecimiento la juventud es una patología. Pues tengo que decir que entre mis quince y ventitantos años me desmadraba finde sí, finde también. Cada vez que los padres de alguien se iban de fin de semana nos abrían las puertas a lo que sería un fiestorro de puta madre en el que te ponías hasta el culo de alcohol, música y lo que se terciara. Lo que molaba era ser invasor, porque lo del anfitrión era a veces una putada, siempre que te tocaba recibir a los colegas en tu casa hacías la misma advertencia, “tíos, después hay que recogerlo todo y dejarlo como estaba para que no se cosquen mis viejos”… ¡¡¡qué iluso!!! El caso es que voluntad poníamos, lo que pasa es que había dos circunstancias que te impedían ser efectivo a la hora de limpiar. Si se recogía nada más terminar la “party”, no sabías lo que hacías porque aun ibas ciego y si se esperaba al día siguiente, sólo recogía el anfitrión porque no aparecía ni Dios porque el resto estaba durmiendo la mona. Resultado, que siempre te pillaban de marrón por mucho cuidado que pusieras y lo peor de todo es que no te lo explicabas, porque mirabas a tu alrededor y lo veías todo perfecto, jodé, aunque tu teoría de la perfección se derrumbaba cuando te demostraban que el parquet no es pegajoso por sí sólo, que lo de las caras de Belmez es una farsa y lo que hay en el suelo son lamparones de a saber qué líquido y que no es normal una botella de Fairy en la nevera y una botella medio vacía de Coca Cola, que además olía sospechosamente a whisky, debajo del fregadero. Eso cuando tus padres no se encontraban al vecino de turno que les ponía al día del nocturno horario de sus hijos, que parece que todos los hijos del mundo escuchan la misma música, ya sabéis, el famoso “chunda-chunda” ese…

    Yo lo tenía jodido porque mis padres y abuelos han sido siempre de Madrid y no había pueblo al que ir, pues raramente salían por ahí de fin de semana y se marcaban sus momentos ocio en la misma ciudad. Así que opté por otra solución, era yo el que se las piraba de fin de semana al piso que teníamos en una urbanización de esas de veraneo que estaba cerquita de El Escorial, bueno, aun sigue vivo el piso ese, lo que pasa es que hace años que sólo se va en verano. Lo bueno era que de octubre a julio no iban nunca mis padres, salvo alguna excepción, por lo que tenía meses el pisito libre para hacer en él lo que me diera la gana, eso sí, recogiéndolo todo después de la invasión…

    Aquí las fiestas eran con otra peña, no con los de Madrid, pero daba igual, de hecho eran mucho más concurridas porque la panda salvajes que éramos en verano era muy numerosa, más de una vez hemos estado sobre treinta personas más o menos.

    Al principio mis viajes en tren a dicha urbanización eran esporádicos, pero en vista del éxito aquellos viajes se fueron haciendo más seguidos hasta acabar como una tradición, todo el mundo sabía que el finde había movida en el piso de Luis. Es más, teníamos un lenguaje de signos para informar si había tema o no. Normalmente solíamos llegar los viernes por la noche, que era cuando los papis metían a la familia en el coche y se iban de finde, entonces, si teníamos fiesta, dejaba subida la persiana de la ventana del salón con la cortina hacia un lado, por lo que todo el mundo, cuando llegaban a la urbanización veía desde el coche la “señal” y se presentaban automáticamente el sábado por la tarde con el cargamento de “víveres”. Si ese fin de semana estaban mis padres pues lógicamente la persiana estaba bajada, que es como la dejan todos los padres del mundo por la noche, por lo que al día siguiente intentaríamos buscar otro “local” para desmadrarnos o nos íbamos a Villalba o a El Escorial, que también las hemos armado buenas allí.

    Hace unos días he estado allí para un tema de Gas Natural y me encontré con mi vecino, que era de los que no fallaba ni un fin de semana, y mientras hablaba con él, en plan adulto, me acordaba de los interminables chunda-chundas que se ha tenido que tragar durante un huevo de años. Aunque si os soy sincero nunca se quejó a mis padres salvo un par de veces, pero vamos, no hacía sangre del tema, yo creo que lo dejó por imposible, el pobre.

    De todas formas he de aclarar que no nos pasábamos, nos limitábamos a divertirnos y ya está, es más, muchas veces éramos cinco o seis, aunque los cinco o seis peores, jajajaajaa. Pero no todo era fiesta y desmadre, también podíamos estar horas hablando de nuestras gilipolleces, o en plan historias de terror o cosas similares, que también molaba un huevo, sobre todo si luego ibas a asustar a “las tías”.

    Y hablando de “tías”, recuerdo una cosa que nos pasó una vez, bueno, nos pasaron cientos de cosas, pero esta es especialmente memorable, os la cuento y acabo ¿vale?

    Bueno, pues ese fin de semana estaban mis padres, por lo que no podíamos hacer nada en casa y estuvimos todo el día fuera de acá para allá. Estuvimos tonteando con unas chicas toda la tarde y cuando llegó la hora de marcharnos a casa a cenar, porque también cenábamos, nos empezaron a vacilar en plan de quedar después para dar una vuelta y bla, bla, bla… Como tenían fama de vacilonas y nosotros éramos unos pardillos de 17 años pues no estábamos muy seguros de que estuvieran hablando en serio pero al final, usando sus armas de mujer y aprovechándose de nuestra época de celo, nos convencieron y quedamos a las 12 frente al super (era el punto de encuentro de todo porque era el único supermercado que había). Cenamos, más o menos, y allí estábamos a la hora convenida. Era invierno, hacía un frío que pelaba y “estas hijas de puta no aparecen, colega”. Como éramos dos tíos duros, pues ahí estuvimos de plantón como una hora con los mocos colgando y con cara de gilipollas, pero como nuestro sentido común estaba dentro de la bragueta continuamos soñando con que vendrían a nuestro encuentro, que se habrían retrasado por algo.

    Como ya estábamos pelados de frío y no queríamos dar nuestro brazo a torcer, decidimos meternos en una cabina de teléfonos que había (bueno, la única cabina que había en la puta urbanización) para así paliar un poco el frío que estábamos pasando. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nos habían tomado el pelo y para pasar el rato comenzamos a decir chorradas y nos entró el cachondeo tonto ese que entra en esas edades, que te ríes hasta de tu sombra. El caso es que durante esos minutos de euforia NO contenida, pues no sé por qué me dio por escupir al pobre teléfono, concretamente al dial (aquellos redondos que giraban con el cla-cla-cla-cla…) descojonándonos pensando en quien fuera a usarlo, cosa poco probable a la una de la noche en aquel desértico lugar, pero bueno. El caso es que a lo lejos vi las luces de un coche que se acercaba por la carretera de la urbanización, y yo, en un momento de lucidez de dije a mi colega “hostia, vamos a salir de la cabina no sea que pase por aquí la Guardia Civil y se piense que estamos haciendo algo”, dicho lo cual nos miramos y nos descojonamos vivos de mi estúpida ocurrencia. A los pocos segundos aquel coche ya estaba claramente dentro de nuestro alcance visual y entonces ¡¡¡hostia puta, la Guardia Civil!!! Nos entró el canguelo y no se nos ocurrió otra cosa que salir pitando de la cabina y ponernos a andar a toda hostia hacia el lado contrario. El coche aceleró y nos cortó el paso. Lo que daría por ver la cara que pusimos. Se bajaron del coche y uno de ellos se dirigió a mi colega “buenos días ¿me pueden decir qué estaban haciendo a estas horas en la cabina?” Diossss, pa qué queremos más, a esas horas de la noche y va el tío y dice “buenos días”, nos entró la risa floja y claro, al amigo de la benemérita pues no le sentó muy bien…

    “Vamos a la cabina”, dijo uno de ellos con una cara de pocos amigos que te cagas, se metió dentro y ¡¡¡se puso a toquetear la cabina pringándose de mi escupitajo!!! Salió con muy mala follá y le preguntó a mi colega que “quién había escupido en el teléfono” a lo que mi colega respondió encogiendo los hombros y reforzando nuestra amistad “ah, yo no”.

    Viendo que estaban tratando con dos gilipollas del culo, optaron por resumir y el que estaba conmigo me dijo, “documentación”, saqué mi carnet, lo miró, me miró, y se dirigió hacia mi colega, “documentación”, pero el muy imbécil se la había dejado en casa… “¿dónde vivís?”, en Madrid -le respondí- “¿y qué hacéis aquí a estas horas y en una cabina?”, claro, no le íbamos a contar que dos tías nos habían dado plantón y que nos metimos en la cabina para no pasar tanto frío, la verdad era tan simple como estúpida, y entonces, en un alarde de valentía le digo al de verde… -pues estaba llamando a un colega- ¡¡¡tócate los huevos!!! Entonces va el tío y me dice que le diga el número, que le va a llamar para ver si es verdad. En ese momento mi escrotillo se puso tan tirante como la cara de Cher, intenté improvisar dándole mi número sabiendo que no había nadie en ese momento pero mis balbuceos hicieron la tarea imposible.

    Hartos de esperar algo coherente de nosotros dieron por zanjado el asunto con un “subid al coche, desde el cuartel de El Escorial llamáis a vuestros padres para que vengan a recogeros”. En aquel momento mi chulesco y madrileño acento se transformó en la aguda y temblorosa voz de la Duquesa de Alba, y haciendo sobrehumanos esfuerzos para evitar la total relajación de mi esfínter le pude decir a uno de los guardias que mis padres estaban ahí al lado, justo enfrente. Viendo nuestras caritas de pardillos, la benemérita pareja se apiadó de nosotros y accedió a llevarnos a casa de mis padres. Una vez allí me bajaron del coche, el tío se me queda muy serio mirándome y me dice que en un minuto quiere ver a mi padre para hablar con él. Hay que tener en cuenta que ya serían aproximadamente las dos y media de la noche, por lo que el tembleque de mis piernas parecía ya una imitación de James Brown… Abrí la puerta sigilosamente, entré en su habitación y observé que estaban en el quinto sueño, lo que me hizo dudar si no sería mejor dormir esa noche en el cuartelillo. Tomé aire, saqué pecho y dándole unos suaves golpecitos en el hombro le desperté diciéndole… “papá… papá… que no pasa nada, pero es que hay un guardia civil abajo que quiere hablar contigo”, jooooderrrr… en mi puta vida había visto a mi padre levantarse tan ligero de la cama, ¡¡¡parecía Drácula saliendo del ataúd!!! Mi padre, con los ojos como dos huevos duros me preguntó sin parpadear -¿qué coño has hecho?- y yo, aun con la voz de la Duquesa de Alba intentando quitarle hierro al asunto, -nada, de verdad, tú baja y habla con ellos que ya te lo explicaré-. Total, que bajó a la calle y le explicaron su versión de la película, mi padre les dijo que no se preocuparan por el otro elemento que estaba con su hijo, que conocía a sus padres desde hacía años (mentira y gorda) y que también tenían un piso cerca de allí.

    El caso es que la cosa quedó zanjada en ese mismo momento y los agentes, después de echarnos un rapapolvo, se despidieron amablemente de mi padreconmiradadeasesino y se montaron en el coche. Hábilmente y antes de que mi padre nos agarrara por el pescuezo, le dije que al día siguiente le contaríamos la triste verdad y nos fuimos por patas a dormir a casa de mi colega… descojonándonos, claro.

    Al día siguiente, mi aguerrido coleguita decidió que me comiera yo el marrón con mis padres y fui solo a mi casa para explicarles lo ocurrido. Mi padre me estaba esperando sentadito en la terraza, cigarro en mano, impertérrito, deseoso de escuchar lo que el tarao de su hijo le iba a narrar. Le conté nuestra aventurilla con pelos y señales, excepto lo de escupir en el teléfono, claro, y se empezó a descojonar, el muy cabrón.

    Así que, así quedo la cosa, lo que para mi colega y para mí fueron minutos de terror, para mis padres fue una más de mis payasadas. Si es que, al final, todo depende del color del cristal con que se mira. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.

     
    March 21

    Raro...

     

    ¡¡¡Ha llegado la primavera!!! oooooh... qué potiiiitooooo... pero no voy a hablar de esto, que ya habrá otros que lo hagan por mí.

    La entrada que publiqué el otro día contando nuestra experiencia con los canariones me dio que pensar. Por muy normales que creamos que somos, a los ojos de los demás podemos ser un tanto raros ¿o no hemos dicho mil veces de alguien lo de “qué raro es”? No nos llevemos a engaño, en mayor o menor medida somos todos un poco frikis. Lo que quiero decir es que todos tenemos manías, que no es que sea malo, tan solo son comportamientos que forman parte de nuestra personalidad, otros lo llaman costumbres. Lo que sí es preocupante es cuando alguien es víctima de un T.O.C. (Trastorno Obsesivo Compulsivo), ya sabéis, cuando alguien necesita lavarse las manos repetidamente y a todas horas, o tiene que apagar la luz accionando X número de veces el interruptor, o una obsesión por la muerte, etc… Pero no voy a hablar de este trastorno que es un desorden de ansiedad, tranquilos, es que voy a contaros algunas de mis rarezas para que veáis con el espécimen que tratáis, jejeje…

     

    Sí, tengo mis manías ¿y qué? Para algunos son muchas, para mí, cuatro cosas. A ver, a ver por donde empiezo…

    Ah, sí, hay una que a mi moza le revienta. Experimento un gran placer teniendo la cocina recogida y limpita, no es que esté todo el día con el estropajo en la mano pero es que disfruto viéndola relucir, la cocina, no mi moza. El caso es que una vez que lo tengo todo recogidito dejo siempre en medio de la encimera un paño de cocina, o las gotas de agua en la pila sin secar para que no parezca de exposición, que se vea que se usa. Pero lo malo es que hago lo mismo en el salón o en cualquier otra habitación, por muy recogida que esté, tengo que dejar algo tirado por ahí que rompa la estética de la perfección.

    Cuando me pongo los calcetines me tengo que poner siempre primero el derecho, si comienzo por el izquierdo se me da peor, es como si no supiera ponérmelo, y lo mismo vale para los zapatos, o cuando me pongo una camisa o lo que sea, siempre primero el brazo derecho, como meta primero el izquierdo, mal vamos.

    No sé si sabéis que me encanta escuchar música, pues bien, entre los que la amamos, solemos intercambiar audiciones, me explico, “hostia, tío, ¿has escuchado este tema de (quien sea)?” y entonces pues ponemos el tema en cuestión para que el otro lo escuche, hasta ahí todo normal. Pues bien, si le pongo un tema a alguien porque me ha dicho que lo quiere escuchar y mientras suena se me pone a hablar ¡¡¡lo quito!!! Me revienta que no se escuche lo que se ha pedido escuchar. Y hablando de música, si está puesta, ya sea en casa o en el coche y a quien está conmigo le gustaría que estuviera más o menos alta, tengo que ser yo quien la baje, no soporto que nadie la baje o suba por mí… acojono ¿eh? Cuando estoy escuchando algo y a mi moza le apetece ver la tele, tengo que quitar antes la música para no mezclar el sonido, no lo soporto… jodé, sí que acojono…

    Imaginemos que estamos comiendo y por ejemplo pido a quien sea el salero, o una servilleta, por ejemplo, pues bien, es raro de cojones pero no me gusta que me la den en la mano, prefiero que lo dejen a mi lado y cogerlo yo, a no ser que lo pida extendiendo el brazo para tomarlo en mi mano.

    Qué más, qué más… ah, sí, esto es la hostia, no soporto coger nada mojado, si enjuago un vaso o una taza o lo que sea lo seco perfectamente antes de usarlo. Y ya que estoy con los vasos vayamos a los platos. Si en un restaurante pienso pedir tal plato y alguien que está conmigo le apetece tomar lo mismo, en el 90% de los casos cambio de idea para no tomar lo mismo. Puestos a hablar de rarezas en la mesa, la típica persona que mete la zarpa en mi plato para probarlo se juega la mano, si no ofrezco antes o me piden probarlo es mejor mantenerse alejado de mis viandas. Otra rareza culinaria, no me gusta nada que en un plato los distintos alimentos se mezclen, quiero decir, un filete con una guarnición de patatas y verduras es un plato con TRES cosas diferentes que no tienes por qué tocarse entre ellas, si quiero mezclar ya lo haré yo.

    Volviendo a la música. Tengo todos mis cd´s ordenados alfabética y cronológicamente, vamos, que de un mismo grupo no encontraréis un disco de 1987 antes que el del 79, por ejemplo. Además, los tengo en la estantería con la “bisagra” hacia el fondo y hay de aquel que saque un cd  y no lo ponga correctamente en su sitio, aunque peligraría más su vida si osara plantar los dedazos en el mismo soltándote lo de que los cd´s no se estropean nunca ¡¡¡pues que experimente con los suyos, coño!!!

    Me molesta muchísimo la gente que para hablar contigo se te pega como una lapa, no puedo evitar dar un paso hacia atrás para alejarme, me agobia que invadan mi espacio. Y ya no digo los que te dan golpecitos continuamente cada vez que te cuentan algo, como si te tuvieran que estar despertándote cada dos minutos por si te estás aburriendo o algo así. Lo malo es que se lo digo y entonces… ya soy un borde.

    Cuando alguien me pide fuego por la calle y al dárselo encierra mi mano entre las dos suyas como para proteger la llama del viento, me revienta, por eso cuando me lo piden suelo dejarles el encendedor, para evitar que me toquen.

    Si llamo a alguien por teléfono y me echa en cara que hace tiempo que no le llamo, es muy posible que si quiere volver a hablar conmigo tendrá que ser ese alguien quien me llame, por listo.

    Si estoy usando un bolígrafo o un lo que sea, cuando lo dejo en la mesa lo hago siempre con la punta mirando hacia delante, no hacia mí.

    Si estoy en casa de alguien y tiene un colgado un cuadro torcido, si puedo, lo pongo recto, porque si no lo hago no puedo evitar estar continuamente mirándolo.

    Es muy raro que rechace una invitación. Aclararé esto para que no haya mal interpretaciones. A todos nos ha pasado que estamos tomando algo con alguien y a la hora de pagar las cañitas pues sacamos nuestra cartera y… “no, deja, que pago yo”, a lo que todo el mundo responde “que no, hombre, ya pago yo”, lo que viene seguido de otro “que no, que pago yo”, y así se entra en ese estúpido círculo vicioso de generosidad “cervecera” ¿no? pues bien, en el primer “no, deja que pago yo” corto por lo sano con un “ah, pues gracias” y me quedo tan ancho. Puede parecer que le echo mucho morro pero jodé, si no me vas a invitar no te ofrezcas, y si es para quedar bien pues jódete.

    Cuando salimos de viaje en coche no puedo remediar llenar el depósito antes de salir aunque sepa de sobra que hay mil gasolineras por el camino, si no lo lleno, voy todo el rato intranquilo.

    En el cuarto de baño. Me tengo que echar el desodorante mirándome en el espejo ¡¡¡como si no supiera donde tengo los sobacos!!! y todos los días, justo antes de acostarme, me tengo que peinar… sí, lo sé…

    Pues… con tanta rareza me estoy empezando a acojonar, va a ser mejor que lo deje aquí porque como siga voy a tener que coger hora en el psicólogo. Fin.

     

    Fdo. Luis Gómez.