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February 14 Caminar es muy sano... dicen.
¿Qué hay de nuevo, fermosos? Si, ya sé que hace algún tiempo que no le doy a la tecla, pero es que llevo una temporada en el curro que no doy abasto, joé, me duele todo el cuerpo… ¡¡¡y qué cuerpo…!!! jajaja… pero esta mañana, escuchando la radio mientras trabajaba, ha salido un tipo hablando del campo, de lo bonito que es y de lo bien que se está y blá, blá, blá… que digo yo que dependerá del campo, porque hay campos y campos, está el camposanto, que tranquilo es, pa que negarlo, pero no me veo yo con la tortilla de patatas, también hay campos de minas, que cuando te relajas es al salir de él, lo malo es que si no sales vas directo al camposanto… sin tortilla, eso sí. En fin, que se me va la olla… Bueno, el caso es que soy más de ciudad que los semáforos. ¿Y qué le voy a hacer? nadie en mi familia ha nacido fuera de la ciudad, yo no tengo un pueblo con campo alrededor donde ir los fines de semana como mucha gente, en mi familia se llevaba lo de ir de domingueros. Y debe ser por eso que a mí no me gusta demasiado el rollo naturaleza. No es que lo odie ni nada por el estilo, me gusta, pero para un ratito, oiga, y si por un casual hay que pasar un fin de semana entero, ¡¡¡benditos hoteles!!! a mí no me veis en un camping ni en foto, antes me encontraríais en una iglesia… ¿pero qué es eso de dormir protegido únicamente por un trozo de tela?, ¡¡¡venga hombre!!! eso está muy bien para los alpinistas, y porque no les queda más cojones, pero “envasarse” ahí dentro por gusto habiendo civilización cerca… que va a ser que no. Reconozco que se está muy bien y es muy sano… o más bien debería decir presuntamente sano, porque ojo, ya me diréis qué tiene de saludable pegarse una caminata de cinco horas con una mochila pegada a la espalda, no me jodas. Y hablando de caminatas… ¡¡¡Diossss, no se me olvidará nunca!!!, y ya hace bastantes años. Fue el año que fuimos a Asturias y decidimos hacer la ruta del río Cares. El recorrido de este desfiladero, llamado por muchos autores: “La Garganta Divina”, une Asturias con León atravesando las profundidades de los Picos de Europa, cuyas cimas nos contemplan desde más de 2000 metros por encima, y se disfruta de las preciosas vistas que nos ofrecen las cristalinas aguas del río Cares y los canales que se precipitan vertiginosamente desde las alturas hasta sus aguas… ¡¡¡LOS COJONES!!! lo que se precipita eres tú si no andas con ojo. En mi vida he estado tan cerca de ver mi propio corazón saliéndome por la boca, qué manera bombear sangre, coño. Y el caso es que fui con la mayor de las ilusiones, estaba deseando ver esa maravillosa ruta para disfrutar de la paz y la belleza de la madre naturaleza, y os aseguro que me acordé de su madre, ¡¡¡vaya si me acordé!!! Para empezar, aquello está más concurrido que Times Square, vas en fila india, y ojito con adelantar sin mirar, porque como te venga el de la mountain bike de frente, acabas disfrutando de las cristalinas aguas esas (después de tirarte diez minutos rebotando entre las rocas). Para ser sincero tengo que deciros que es una excursión muy bonita, pero claro, para un ceporro como yo que coge el coche hasta para ir a por el pan pues… me desfondé… me desfondé na más empezar, que es lo patético. La cosa está en que, antes de comenzar a recorrer la ruta de marras, tienes que llegar a ella, y no es bajarse del coche y empezar a ver acantilados, nooo…, para llegar hay que subir un sinfín de interminables cuestas, cuestas estas que están alfombradas por una capa de resbaladizas piedrecitas… que digo yo que ya las podrían barrer algún día, joder, allí no hay quien ande. Y además, si vas todo el camino rodeado de unos peñascos grandes como vacas, ¿qué hacen ahí tantas piedrecitas, son sus hijas? En fin, el caso es que lo de resbaladizas lo digo por algo, recordáis lo de las tres caídas de Cristo ¿no?, pues me debía sentir místico aquél día, porque me pegué tres hostias como tres panes de hogaza, coño. Y eso de que el culo está blandito… leyendas urbanas, ¡¡¡te clavas las piedras hasta el mismísimo coxis!!! Aunque lo peor es la carita de cachondeo con la que te miran los que te pasan… porque pasan… pero de tí, siguen de largo como si tal cosa, pero volviendo la cabeza para mirarte, con esa inconfundible sonrisilla en los labios , los muy cabrones… Bueno, íbamos subiendo aquellas laaaargas cuestas, no hacías más que terminar una cuando comenzaba la siguiente, y yo cada vez más asfixiado, y con el tío ese del bombo que escuchaba a lo lejos y que me tenía de los nervios… y venga a subir una y otra vez… cada dos por tres preguntaba lo mismo, como los niños en un viaje largo, “¿falta mucho? ¿pero dónde está la puta ruta esa, en el Everest?”, yo es que ya no podía ni mover las piernas, y cada vez más mosqueado con el del bombo… pero que bombo ni que hostias… ¡¡¡era mi corazón!!! Tras… no sé cuanto tiempo, llegamos por fin a la ruta, no puedo deciros cómo fue mi primera impresión porque mi vista estaba nublada, así que… Algunos de vosotros recordaréis mi “odisea en el Metro” ¿verdad?, pues bien, desde aquél fatídico día mi pie izquierdo nunca volvió a ser el mismo, y, andados algunos kilómetros, comenzó a resentirse de la lesión, por lo que, en un acto reflejo para protegerlo, comencé a cargar mi pie derecho sin darme cuenta, ¡¡¡ERROR!!! Diez kilómetros después de comenzar la ruta, llegamos al final de la primera parte de la misma, todo era precioso, un idílico valle rodeado de montañas, el río estaba allí, efectivamente, con sus cristalinas aguas, el brillo de los rayos del Sol reflejándose en ellas, los pajarillos, los bocatas que nos íbamos a meter entre pecho y espalda, mis ampollas… Pasamos bastante tiempo tirados en la hierba disfrutando de nuestro merecido descanso. Pero llegó el momento de regresar porque nos quedaba la mitad del recorrido y no era plan de esperar demasiado, que luego atardecía y… Rocío ,y un amigo que iba con nosotros, se levantaron tan contentos, vamos, que parecía que acababan de llegar. Entonces, fui a levantarme yo, el Rambo de los Picos de Europa, y… ¡¡¡hossstia… cómo me duele la pierna!!! -¿qué te pasa?- (preguntaron al ver mi cara de “llamad al SAMUR”), - no, nada, que me duele un poco la pierna- ¿es el pie que te torciste?- no, es la otra pierna… entera, debe ser que me he ido apoyando en ella para no cargar el otro pie… pero vamos, que en cuanto empiece a andar se me pasa, ahora está fría… (como se iba a quedar mi cadáver si me quedaba allí, pensé). Y emprendimos el camino de vuelta, otros diez kilometrillos de nada, y la pierna que cada vez me dolía más… ¡¡¡parad, parad!!! ¿qué pasa, te duele?, que si me dolía… su puta madre, y la cadera, y la espalda… cada vez iba cogiendo posturas más extrañas para caminar y, claro, al final andaba como Cuasimodo. Descansaba un ratito, y seguía andando, descansaba, seguía, descansaba… y así estuve hasta el final del camino. Lo malo es que cada vez íbamos más despacio, ¡¡¡jodé, pero si hasta me pasó un tío que iba con chanclas!!! Rocío y el otro andarín, comenzaron a preocuparse de verdad, cada vez me era más doloroso andar, de hecho, pasó un tío con un burro y los tres tuvimos el mismo pensamiento “lo paro y le preguntamos que si puede cargar con otro fardo”, pero, ayssss… no lo hicimos y dejamos pasar la oportunidad… La tarde iba cayendo y yo cada vez me iba acojonando más, “seguro que aquí hay lobos -pensé”. Pero por lo visto no era el único que estaba hasta los huevos de tanta montañita y tanta hostia, nos cruzamos con una pareja que tenía una hija pequeña. La pobre estaba agotada (también hace falta ser gilipollas, llevar a una niña tan pequeña a algo así) y su padre, que la llevaba en brazos, intentaba distraerla para que se le hiciera más corta la vuelta y, mirando hacia las montañas le dijo, “oooh, mira que cabrita más bonita hay allí, se debe haber perdido y está nerviosa, por eso llama a sus papás”, a lo que la madre, acercándose a él, con la mirada inyectada en sangre, le dijo a escasos centímetros… “yo sí que estoy nerviosa”, emmm… y allí les dejamos, nunca supimos si ese fin de semana cayó un hombre por los acantilados… Y por fin, después de una interminable agonía, llegamos al final, Rocío y nuestro acompañante se fueron a por el coche, dejándome a mí esperando sentado en una roca, junto a la cuneta, pero no iba a irme sin darme una última hostia de despedida, y además por querer ser un buen samaritano, “señora, tenga cuidado con estas rocas que resb… ¡¡¡BLOM!!!... Luis al suelo… Y eso fue lo último que vi de la ruta del río Cares… ¡¡¡las estrellas!!! Fin.
Fdo. Luis Gómez Comments (31)
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