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March 05 ¡¡¡Ni tanto ni tan calvo!!!
Saludos cordiales, mis queridos amigos espaciales. Aquí estoy de nuevo, sentado frente al teclado de mi ordenador, que no sé por qué se llama así si se supone que somos nosotros quienes le ordenamos a él ¿no? (bueno, en mi caso… está por ver), pero bueno, a lo que iba, que aquí estoy dispuesto a escribir algo. El 90% de las veces, me siento y no tengo pensado lo que voy a escribir, bueno… más bien el 99%. Muchas veces comienzo con la idea muy clara y acabo soltándoos un rollo que no tiene nada que ver con lo que quería contaros, vamos, que escribo como vivo, improvisando. Pero he decidido que voy ha hablar sobre los chavales de hoy. ¿Y por qué? os preguntaréis, y si no, me da igual, me lo pregunto yo por vosotros, que pa eso es mi espacio y hago lo que quiero en él (hasta que venga Rocío, mi editora particular y me… “aconseje”). Pueeee… resulta que el otro día estuvimos viendo en YouTube un par de vídeos de una intervención del juez de menores de Granada en una conferencia (Emilio Calatayud) y me llamó la atención lo que decía, y cómo lo decía, más claro agua. Hablaba sobre los chicos/as jóvenes de ahora, de lo “asilvestrados” que están y todo eso. El caso es que parecía que era yo el que estaba hablando, pienso exactamente como él, hemos pasado de ser unos cafres a ser unos gilipollas (bueno, esto lo digo yo, él usó otras palabras). Y es que es verdad, jodé. Me acuerdo de cuando iba al colegio, sí, ya sé que hace mucho tiempo, ya, pero recuerdo, por ejemplo, que el profesor era la hostia, ¡¡¡era el profesor!!!, para nosotros era la máxima autoridad, salvo el director, claro, ese era Dios. Cuando el “profe” entraba en clase, nos poníamos todos de pie tan al mismo tiempo que parecía que lo estábamos ensayando todo el año, ¡¡¡BRROOUUUMMM!!!, retumbaba el aula al levantarnos, “buenos días”, decía, “buenos días”, contestábamos muy serios, y cuando él se sentaba, ¡¡¡BRROOUUUMMM!!!, nos sentábamos nosotros, y comenzaba la clase. A veces, hacías alguna gamberradilla, o hablabas cuando no podías o algo así, y entonces venía el profesor y te regañaba, y tú, con el rabo entre las piernas, bajabas la cabeza, te sonrojabas, y asentías a todo lo que decía sin rechistar, ¡¡¡a ver quien decía algo!!!. Ahora no, si un alumno hace algo en clase y el profesor tiene la “osadía” de llamarle la atención, este se le encara como una rata acorralada, “¿pero de qué vas? a mí no me levantes la voz que te denuncio, colega…” ¿¿¿colega???. Vamos a ver, o yo soy muy bruto o aquí hay algo que no funciona. Para empezar, en mi puta vida se me hubiera ocurrido llamar a un profesor (o señorita, que así les llamábamos a las profesoras), colega, vamos, estábamos en el despacho del director en menos que canta un gallo, eso sin contar la que te esperaba en casa con tus padres una vez informados de tu “atrevimiento”. Si se te ocurría quejarte en casa de que el profe te había pegado con la regla en la mano, tu padre, encima, te daba la charla porque, si el profesor te había castigado es que algo malo habías hecho. Por el contrario, en nuestro avanzadísimo siglo XXI, van los padres al colegio para ver si denuncian al profesor de turno por trato vejatorio o algo similar, sin hacer el más mínimo intento de informarse de si su hijo es tan gilipollas y maleducado como los hechos demuestran, ¡¡¡eso si no le calzan dos hostias al infortunado cuando sale del trabajo!!! Vengo observando hace bastantes años, que parece que nos da miedo imponernos, ejercer un mínimo de autoridad sobre los niños, o jóvenes adolescentes, jodé, que si se les niega algo parece que van a tener un trauma o algo así. Que siiiií, que a todos nos jodía el famoso “¡¡¡por que no!!!”, pero no por ello nos hemos convertido en psicópatas o algo parecido. Hace ya tiempo que está como muy de moda los padres que ejercen de “amigos” de sus hijos, ¡¡¡venga, coño!!! los padres son los padres, y si te tienen que poner las pilas, te las ponen, y punto. Con esto no quiero decir que el régimen fascista sea el ideal para “gobernar” a lo hijos, pero hombre, tampoco hay que estar todo el día besándoles el culo. La cosa empieza mal cuando, en lugar del bocata de Nocilla, se les da dinero para que se compren la merienda, ¿pero qué se va a comprar, una barra y 100 gramos de mortadela? en fin… Por el miedo a parecer dictadores, estamos creando pequeños déspotas, todo se les consiente, todo se les justifica, todo se les da, y eso no puede ser bueno, no puede serlo. Luego vienen las lamentaciones porque han torturado a algún compañero en el colegio, o porque han abusado de alguna compañera, o aberraciones similares. Odio la violencia, me ha dado asco toda mi vida, pero un bofetón a tiempo… hace mucho, y que no me vengan a tocar los cojones con que es un maltrato al niño, ¿quién no se ha llevado un sopapo alguna vez… y con razón? ¿y por eso hemos intentado atropellar a nuestro padre veinte años después? ¡¡¡ojo, que no estoy justificando que se les infle a hostias!!! Cuando somos mozuelos, estamos aprendiéndolo todo, desde conocimientos a comportamiento, tienen que enseñarnos lo que está bien y lo que está mal, porque hay una diferencia enorme entre ambos conceptos. Estamos viviendo con el “todo vale”, y no, no vale todo, lo que está mal, hay que hacérselo saber de alguna forma, no manteniendo una charla de “colegas supercomprensivos” para hacérselo entender, ¡¡¡a tomar por culo la Playstation!!!, eso lo entienden de puta madre y no “mira, Carlos, mamá y yo estamos algo preocupados con tu rendimiento en el instituto, tienes que esforzarte más porque si no, no vas a sacar los estudios y el día de mañana no vas a poder hacer una carrera si quieres, hazme caso, que es muy importante a la hora de tener un buen trabajo. Mira, si te esfuerzas en el siguiente trimestre y apruebas todo, tu madre y yo te regalamos el portátil ese que tanto te gusta, ¿vale hijo?” Total, que el mamón de Carlos, que es un gilipollas, pero no tonto, hinca los codos como un cabrón los tres meses siguientes, y tiene su portátil, en el que pasará las horas muertas jugando a aniquilar ejércitos y ojeará alguna teta que otra de vez en cuando… ¡¡¡cojonudo, papis!!! ¿Y las marcas? cuando era un chaval, recuerdo que también me gustaba llevar mis Levi´s o mis Adidas, pero me tenía que poner los Liva´s las Kelme de turno, coño, que parece que se acaba el mundo porque no les compramos las botas de fútbol de Zidane, “es que si no, no se las pone y se quedan pequeñas en el armario”, pues que no se las ponga, ya verás como cuando pinche un balón con la uña del dedo gordo, se las pone. Que yo no digo que no haya que darles caprichos de vez en cuando, es bueno y te lo agradecen, pero para que lo agradezcan y le den el valor suficiente, el capricho tiene que ser algo puntual. A ver, ya sé que con lo cabrones que son los chicos a ciertas edades, si no llevan ciertas marcas que los identifiquen son su grupo, quedan excluidos, también viví cosas parecidas, pero una cosa es llevar algo y otra parecer un maniquí de la planta de moda joven de El Corte Inglés. Al final, de tanto que se les da, son ellos los que acaban exigiéndote, no pidiéndote, exigiéndote lo que quieren. Cuando llegan los Reyes Magos, los padres se vuelven locos para ver si les salen las cuentas porque sus queridos “frutos del amor”, quieren tener las últimas novedades en informática, en sonido, en deportes, en juegos para el PC… Si no se les compra el famoso MP-4, te miran como si les hubieras estafado, y cogen los regalos que tienen, que son también caros de cojones, y los miran con desprecio, como si fueran de un todo a 100. De nada les sirve el MP-3 que les has comprado con tanta memoria que sería capaz de archivar todas las canciones de Sony Music, “¡¡¡vaya mierda!!!”, te dicen con su lenguaje corporal. En fin, vamos a dejarlo… vamos a dejarlo… ¡¡¡que me caliento!!! jajajaaa. Sé lo que estáis pensando, ¿qué coño sabrás tú, que no tienes hijos? pues sí, en parte tenéis razón, pero eso no quiere decir que no vea a los hijos de los demás, y observo alucinado todo lo que os estoy contando. Quizá sea por el rollo ese generacional, no lo sé, y que conste que a mí me dieron muchos caprichos, lo reconozco, pero no era un dictador, como lo son ahora. De todas formas, parece que tengo algo en contra de nuestros chavales, y no es así, la mayoría de ellos son buenos chicos, lo que ocurre, es que siempre nos fijamos en lo malo ¿no?, y el que diga lo contrario, miente, es algo inevitable. Además, ¿no hablan los curas de sexo, sin practicarlo… presuntamente? pues eso. Fin.
Fdo. Luis Gómez Comments (28)
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