LUIS's profileÁNGELES Y DEMONIOSPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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September 09 Es que "tó" me jode (1ª entrega)
Dado que estamos en septiembre y que en la tele nos torturan con el comienzo de nuevas colecciones por fascículos, se me ha ocurrido hacer lo mismo con esta entrada, o mejor dicho, con esta serie de entradas, así no se os hará pesado leerlas ¿vale ciber-compis? Pues bien, como habéis podido imaginar por el título, voy a comentaros algunas cosillas que me tocan las narices, a ver si en algunas coincidimos… EL SUPERMERCADO Los sábados por la mañana son, además de la tarde del viernes, el comienzo “oficial” del fin de semana, por lo que se levanta uno con esa agradable sensación de tener dos días enteros para hacer lo que te dé la gana. Pues bien, no siempre es así, ese momento se va directamente al cubo de la basura cuando TOCA IR A COMPRAR AL SUPER. Generalmente suelo ir yo a hacer la compra, por lo que a mi mujer le toca hacer “inventario” de lo que tenemos y necesitamos y entonces hace una lista para no olvidar nada, sabedora ella que tengo la misma memoria que un boquerón. El acto de entrega de lista lleva su ritual, no es como la entrega de la llama olímpica pero tiene su aquel… Me llama con acaramelada voz, yo pico, como siempre, y me acerco a ella esperando mi “golosina”, entonces se acerca a mí, con el brazo extendido y un papel entre los dedos y me dice… “hay que ir al super, mira la lista a ver si falta algo” ¡¡¡Diooooooosssss, como me jode!!!, cojo la lista refunfuñando y la miro con pavor ¡¡¡coño, si parece un papiro!!! Se diría que leo lo que pone, pero la verdad es que ni me fijo, sólo pienso en el rato que me espera dando vueltas por los pasillos del establecimieto… Bien, tras unos minutos de gruñidos ininteligibles bajo al garaje y me voy rumbo a la aventura. Nada más llegar ya me están tocando los cojones, ¿por qué siempre hay imbéciles que aparcan el coche ocupando dos plazas? en fin, pasado este primer cabreo me dirijo hacia donde están los carritos, saco mi moneda del bolsillo, la introduzco en la ranurita del carro y… ¡¡¡cagonlaputa, que no sale!!! para variar ese carro tiene estropeado el no sé qué y no puedo separarlo del resto, así que saco la moneda tirando con fuerza de ella porque ¡¡¡se ha quedado atascada!!! y la meto en otro carro, me libro de las bolsas vacías y demás “basuras” que suele haber dentro y me “engancho” en la rampa mecánica con la misma cara de “ido” que pone todo el mundo, las manos en el asa del carro, mirada al frente, gesto de indiferencia… vamos, que sabes lo que te espera. De lo que peor llevo es comprar fruta o verdura, cuando te estás acercando al sector “herbívoro” te llama la atención lo bonito que está todo y lo apetecible que parece de lejos, pero una vez allí no sabes si estás en la frutería o en el almacén de atrezzo de un estudio de cine ¡¡¡parece todo de plástico!!! Pasada la primera decepción voy a por uno de esos guantes talla Hulk, para variar, tiro del primero y salen cuatro más, cosa que no me hace sentir torpe porque viendo como está el suelo debajo del expendedor comprendo que no soy el único lanzaguantes del supermercado. A continuación me dirijo hacia los tomates, con mi mano y el guante formando una única y sudorosa extremidad, y me los quedo mirando perplejo… ¡¡¡son todos iguales!!! ¿han sido recolectados o han hecho un casting para ser consumidos aquí? si parecen fabricados en serie; un día, sobre la caja de los tomates había un cartel que decía “tomates con olor”, ¡¡¡es el colmo!!! ¿con olor a qué? ¿a melocotón? claro que, no me extrañó, porque aunque te aplastes el tomate contra la nariz no pillas el aroma ni por casualidad, y lo mismo pasa con el resto de verduras o frutas, que si coges un melocotón de esos y lo lanzas contra un cristal… ¡¡¡lo revientas!!!. Recolectada la cosecha voy caminando por los pasillos metiendo en el carro todo lo que está apuntado en el pergamino, eso sí, a punto de pasar una prueba de alcoholemia por las “eses” que voy haciendo ¿se puede saber por qué coño los carros estos no pueden ir en línea recta?, es que como no andes listo te pasas la mañana recogiendo las cosas que vas tirando a tu paso. Ahora le toca el turno a uno de esos momentos estelares de toda compra en el super que se precie… LA CHARCUTERÍA. Nada más llegar me quedo mirando al marcador donde salen los numeritos para seguir un orden y guardar cada uno su turno sin problemas, que digo yo que lo lógico sería coger primero el papelito y una vez visto el número que tengo mirar al marcador… el caso es que te quedas allí de pie… esperando que corran rápido los números… y se te suele acercar siempre alguien que te pregunta ¿va por número o por vez? Jajaja… ¿pero quién se habrá inventado eso de “la vez”? recuerdo una ocasión en que una señora se me acercó y me hizo la típica pregunta ¿quién da la vez? y yo, que soy tonto perdido, le digo de coña “si me dice como es una vez y me sobra una, le aseguro que se la doy”, teníais que haber visto la cara con que se me quedó mirando, pensaría -cojonudo, “ma tocao” el gilipollas de las 13:15- jajaja ¡¡¡lógico!!!. Bueno, el caso es que por fin te llega el turno y haces tu compra, la metes en el carro, coges un par de cosillas más y vas hacia la caja. La caja… ¡¡¡como lo odio, Diossss!!! Para mí llega el momento de mayor estrés, independientemente de que haya cola o no, que siempre la hay, o de que a esa señora le de por pagar moneda tras moneda el importe exacto, o cuando no entra ese puñetero código de barras en el lector… cuando te llega el momento de sacar todo lo que llevas en el carro y ponerlo en la cinta, ¡¡¡te faltan manos!!! además, la cajera pone el turbo y no hay forma humana de seguir su ritmo, cuando has conseguido poner diez cosas, ella ya ha pasado las otras veinticinco, vacías por fin el carro, pasas rápidamente por el detector, lo aparcas al final y… ¡¡¡momento bolsas!!! ¿alguien tiene el secreto para abrir a la primera las putas bolsas del supermercado? La cajera me suelta el tocho con todas pegadas, lucho con la primera, tras chuparme los dedos dos veces consigo abrirla, mientras van llegando como una avalancha los productos que he comprado, lleno la primera bolsa y la dejo en el carro, cojo la segunda, chupetón otra vez, la lleno, la dejo en el carro, más productos empotrándose contra las bolsas, cojo la tercera y cuando me chupo el dedo, “ son 116 con 58” me dice sonriente la señorita del turbo, suelto la bolsa, saco la cartera y le doy mi tarjeta de crédito (poco crédito…) tan sonriente como ella (aunque tenga la boca como si hubiera comido calamares en su tinta de tanto chuparme los dedos sucios), mientras sigo llenando como puedo las bolsas, ¡¡¡ya me importa un huevo que se hayan separado entre ellas o no!!! guardo las bolsas en el carro con otra colgando pegada, la cajera me da el resguardo para que lo firme, para variar me lo da en una postura que es imposible que pueda firmar, salvo que fuera contorsionista, le doy el papel firmado y sin tiempo para respirar me devuelve la tarjeta, el ticket de compra, los tickets de ofertas, una revista regalo y me da las gracias muy amable al tiempo que aprieta el botón para conectar de nuevo el turbo de la cinta. Espachurro todo en mi mano sudorosa y me lo meto en el bolsillo, todavía tengo el mogollón de bolsas y productos delante de mis narices, (hay cajeras encantadoras que te ayudan a meter las cosas en las bolsas, pero hoy me ha tocado la “voyeur”) y empieza a llegar la compra de la señora que estaba detrás de mí, siento sus ojos inyectados en sangre sobre mi sien, ya me ciego y no miro lo que meto en cada bolsa, la fruta con el pan de molde, los huevos con las latas… ¡¡¡un caos!!! Cardiaco perdido me voy con mi carro al garaje del centro y meto las bolsas en el maletero, descubriendo que dos se han rajado con la presión de todo lo que he metido ahí y los huevos han sufrido un par de bajas. Agotado, inquieto y humillado por unas bolsas, llego por fin a mi garaje, vuelvo a bajar del coche todas las bolsas haciendo esta vez juegos malabares con las dos rotas, las meto en el ascensor, hago tres viajes hasta que consigo meterlo todo en casa y, ya más relajado, mi corazón palpita, esta vez de emoción, cuando escucho la acaramelada voz de mi mujer… ¿Cuánto has tardado, no? Fin.
Fdo. Luis Gómez (Alias Mónica Barranko) Comments (21)
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